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Vinos con sabor a estrella - Heraldo-Diario de Soria

bodegas o. fournier (DO ribera)

Vinos con sabor a estrella

Con presencia en Argentina, Chile y España, pretende poner en valor el viñedo viejo en suelos distintos, algo que escasea en la actualidad

Natalia Ortega posa con su padre Jose Manuel en los viñedos que poseen en la finca donde elaboran sus vinos.

VALERIA CIMADEVILLA

Quién le iba a decir a Natalia Ortega, una de las fundadoras de Bodegas y Viñedos O. Fournier y encargada de la gestión comercial, que hace 16 años su vida iba a dar un giro de 180 grados, cambiando no solo de profesión sino también de país. La idea de fundar una bodega partió de su hermano Jose Manuel en el año 2001, porque siempre quiso tener su propio negocio y su pasión por el vino le hizo enfocarlo hacia este sector. Su anterior trabajo le obligaba a viajar y en una visita realizada a Argentina decidió comprar una finca en la zona de Mendoza. «Se quedó prendado. Era una zona con tierra de buena calidad, el clima ideal y una altitud parecida a la de Ribera del Duero. En esos momentos no era la más famosa, y la gente nos decía que estábamos locos por plantar allí. Sin embargo hoy es puntera», afirma Ortega.

Para poner en marcha el proyecto la bodeguera, a petición de su hermano, se marchó allí con su marido. Dejó su trabajo en Burgos y a pesar de no tener ningún tipo de conocimiento acerca del vino, se lió la manta a la cabeza para embarcarse en esta nueva aventura. «Fue una locura pero allí la gente es muy abierta y comparte la información. Además, teníamos un amigo viticultor en España y gracias al móvil nos asesoraba», subraya.

En un principio alquilaron una bodega mientras construían la suya propia. A la vez fueron plantando uvas, apostando por la variedad de tempranillo. «Allí se utilizaba para hacer vinos básicos pero nosotros quisimos mostrar que se podían hacer vinos de calidad con ella», indica. Aún así también plantaron las variedades típicas de la zona, como malbec, cabernet o merlot. A día de hoy la empresaria recuerda el gran esfuerzo que realizaron pero al final se vio recompensado porque fueron pioneros en varios aspectos. En primer lugar en elegir aquella zona, nadie apostaba por ella. Y por otro lado en utilizar el sistema de plantación en vaso, tradicional en nuestro país.

Un año después de comenzar con la bodega de Argentina, en 2002, compraron otra, esta vez en Ribera del Duero, perteneciente a una familia de Aranda. Se decantaron por ella debido a la gran extensión de viñedo viejo plantado en vaso que tenía, cerca de 30 hectáreas, algo «irrepetible» hoy en día. «Lo que tiene es una cosa que se reclama constantemente en los foros de vinos, viñedo viejo en zonas muy extremas», apunta la bodeguera, que volvió a España para hacerse cargo de ella.

La finca es similar a un château francés, con su bodega y viñedo alrededor, en la que utilizan sus uvas para la elaboración del vino. Dentro hay suelos muy distintos. Una zona es de de aluvión con canto rodado, otra arenosa y otra más arcillosa. Esto posibilita que, al trabajar solo con la variedad de tempranillo, el fruto se exprese de diferente manera. El resultado son el Spiga y el Alfa Spiga. El primero tiene doce meses de barrica, y se podría calificar como crianza, aunque prefieren no incluirlo en esta denominación para actuar con libertad a la hora de elegir su tiempo de envejecimiento.

«Decidimos el tiempo según esté el vino o lo que necesite». El Alfa Spiga se elabora solo con las uvas de los viñedos viejos en vaso y tiene un tiempo en barrica de entre 18 y 20 meses. Sería como un reserva, pero al igual que el Spiga, no tiene la calificación.
Para escoger el nombre se inspiraron en la constelación de Virgo, la que había en el momento de adquirir la finca, y cuya estrella más brillante se denomina Spica. Y les pareció buena idea que en sus etiquetas apareciese una espiga de trigo, aunando así dos conceptos que identifican a la perfección Ribera del Duero, el cereal y el viñedo.

Otra de sus marcas es el O. Fournier que solo sale en determinado años y podría ser una variedad del Alfa Spiga. «Cuando lo catamos siempre hay alguno más especial, por lo que sea, y lo dedicamos a la elaboración de este vino».
El Urban Ribera se hace con las uvas más jóvenes, con maceraciones más cortas para mantener la fruta y los aromas. Está pensado para ser un vino joven y de más rotación y se presenta como un roble, con tres meses de barrica, y como un crianza con doce meses de madera.

En el año 2007 crearon la bodega de Chile, un proyecto más de capricho, manteniendo su idea del principio, conseguir viñedo viejo en zonas altas. «Allí se han hecho producciones pequeñas y se ha demostrado que en Chile se puede hacer vino de buena calidad en este tipo de viñedo».
Cuando iniciaron su andadura en el sector ya contaron con presencia internacional, vendiendo incluso más en el extranjero que en España. Al mercado nacional destinan el 20,1%. El resto se distribuye en Europa (33,9%) y en terceros países (46%). Pretenden cambiar esas cifras este año recién empezado y aumentar sus ventas en el mercado nacional. Por otro lado quieren cuidar los clientes que ya tienen. «Hay que intentar afianzar a los que han apostado por ti desde el principio».

Después de todos estos años Ortega define el mundo del vino como «fascinante», un sector que te atrapa porque combina todos los procesos de elaboración de un producto. «Empiezas con la viña, tienes un fruto con el que elaboras lo que quieres y como quieres, le das tu estilo y por último tienes la posibilidad de venderlo».

A la bodeguera le gustaría reivindicar que se retome de nuevo el beber vino, sobre todo entre la gente más joven. «El vino es cultura, es para disfrutar y hay tal paleta de tipos como personas. No hay vino bueno ni malo, sino para diferentes momentos y personas. Hay que hacer que el vino sea mas fácil y que la gente lo disfrute».

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