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Alberto Revilla, la eterna promesa del mediofondo

El olvegueño llegó a lo más alto con la mayoría de edad, pero las lesiones lastraron su extraordinaria evolución: «No hay que darle más vueltas, la vida sigue»

El olvegueño Alberto Revilla, en la época en la que competía en la modalidad de 800.
HDS

Sara I. Belled

«La mayor debilidad del deportista son las lesiones». Ni Alberto Revilla ha descubierto nada nuevo, ni se le puede poner un pero a sus palabras. Además lo sabe bien. La promesa del atletismo soriano de los 90, capaz de despuntar tras los pasos de los grandes deportistas sorianos Abel Antón y Fermín Cacho en su apogeo, subió a lo más alto del 800 con la mayoría de edad y dejó la disciplina con el cambio de siglo y tocado de un tendón de Aquiles del que se operó hace ahora dos años. «La vida sigue», defiende.

La de Revilla fue una carrera corta pero prolífica. «Empecé en Ólvega con todo». Todo es el atletismo, el fútbol y el balonmano. Incluso baloncesto. De hecho le costó decidirse. Incluso llegó a formar parte de la selección de fútbol de Soria que se formó por aquel entonces y de la regional.

«Yo creo que fue porque Adolfo Caballero, mi entrenador, me insistió bastante», recuerda ahora. También es verdad que los triunfos que empezó a cosechar, tanto en el cross como en la pista, hicieron la decisión más fácil. Al final, fuera como fuera, acabó por dedicarse a la pista en general y al 800 en particular.

Su proyección, de hecho, era desmesurada. No pasaba desapercibido y con apenas 10 años fichó por el antiguo Foto Montoya, el actual Club Atletismo Politécnico. Seguía entonces en su Ólvega natal y lo siguió estando hasta que pasó a la categoría cadete y a pesar de que dos años antes había recibido una beca para estudiar y entrenar en Soria que, por su edad, tuvo que declinar.

«A Soria vine con 14 años y a los 16 ya fue cuando gané mi primer campeonato de España en pista cubierta». El olvegueño ahora residente en Garray se impuso en el Nacional de invierno celebrado en Zaragoza en 1995 en la prueba de 600 metros. Cerró el crono en 1:25.23.

Un año después hizo lo propio ya en el 800, la que iba a ser su distancia talismán. Fue de nuevo campeón de España en pista cubierta, esta vez en sub18 en Valencia (1:57.34) y al aire libre en Alcorcón (1:56.42).

El 96, no obstante, no fue su mejor año. Tras un año 1997 en el que las lesiones le pidieron una pausa, llegó su momento, ese año 1998 que cerraría con el Mundial junior de Annecy (Francia), a punto de pasar a semifinales. «Ese fue sin duda mi mejor momento y el punto más alto al que he llegado», recuerda ahora. Hizo 1:50.75.

Mientras en la provincia los aficionados se maravillaban con las hazañas de Antón y Cacho, un joven atleta de provincias seguía llenando su maleta de sueños y sus piernas de kilómetros. Antes del viaje a Francia, ya había dado un buen golpe encima de la mesa en los Nacionales sub20, con una mejor cuarta marca de todos los tiempos en pista cubierta. Cerró un crono de 1:51.80 bajo techo en Vilafranca del Penedés y otro en 1.52.65 en el aire libre disputado en Aranjuez.

A su lado, por aquella época, corrían deportistas de la talla de Sergio Gallardo, Juan Carlos Higuero o el laureado Antonio Reina. Pero Revilla sucumbió a su tendón de Aquiles.

«Me gustaba el atletismo, me sacrificaba y conseguía resultados, pero con la lesión fue complicado». Le gustaba competir, sobre todo contra sí mismo, pero eso es difícil cuando las lesiones te lastran.

«Entonces estaba estudiando ingeniería forestal y tomé la decisión de seguir estudiando». Así la promesa del atletismo soriano de los 90 puso un punto y final en su trayectoria deportiva con el cambio de siglo y poco más de 20 años. Son etapas. Y de la deportiva conserva poco más que los recuerdos. «En casa de mis padres sí que todavía hay cosas, pero yo no tengo nada», afirma.

Dejó de correr en la pista y lo cambió por el césped del municipal de El Moral. Fue el delantero del equipo rojillo durante cuatro años y terminó la carrera. «¡Qué bien nos hubiera venido a algunos la universidad del deporte que van a hacer ahora!». ¡Qué gran verdad! A pesar de tener becas para ir a estudiar a los centros de alto rendimiento de León o Madrid, Revilla apostó por Soria, donde se ha convertido en padre de dos niños y donde sigue siendo deportista. «Sin darle más vueltas» a lo que fue, no ha vuelto siquiera a correr. Tampoco ha perdido el tiempo. «He hecho piragüismo, esquí, ahora salgo con la bicicleta...». Sabe bien que «cuando tienes una lesión así es muy duro porque no sabes cómo afrontarlo y con las pocas ayudas que hay... Pero bueno, la vida sigue».

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