VOLEIBOL

Una sola voz en Los Pajaritos

Una afición comprometida con el voleibol y el Río Duero abarrotó ayer las gradas para intentar ser uno más en la pista

La afición estuvo al pie del cañón de principio a fin.
MARIO TEJEDOR

Sara I. Belled

«Ya era hora». Sí que era hora como decía Javier Izquierdo poco antes de empezar el ‘Partido’ de la jornada. Soria se merecía una Copa del Rey y ayer lo demostró la afición. Hubo buen ambiente durante el encuentro que le dio a Almería el pase de los cuartos de final frente a FC Barcelona, pero nada que ver media hora después. La charanga de la sección 12 y los bombos de la Curva Soriana solo acompañaban el grito que al unísono repetía el pabellón de Los Pajaritos. Es la Copa de la ilusión y a eso no le fallaron a las miles de voces que se sumaron a fiesta del voleibol español, la competición «más bonita».

«Lo hemos estado esperando mucho tiempo», decía Alba Aldea, desde la grada. Hablaba de lo ligada que ha estado Soria al voleibol y las vueltas que han dado los celestes hasta que han aterrizado de nuevo en su cancha, esta vez 24 años después de la primera Copa que se organizó en Soria y de la primera de las tres que tiene en sus vitrinas el club soriano. Pareja del celeste Alberto Salas, es una de las habituales y reconocía que después de dar vueltas y vueltas no había nada como poder disfrutar del espectáculo de la Copa «aquí, en casa». Porque lo que se vivió ayer en los Pajaritos «no tiene precio».

Y también es difícil de describir. Como cuando se empeña en tocar la charanga el Viernes de Toros, así debían sentirse ayer —salvando las distancias y con cerveza sin alcohol, que es la única que sirven en las barras de Los Pajaritos— los músicos que trajo la Sección 12 y que para amenizar el calentamiento de los sorianos tocaron, cómo no, unas sanjuaneras. Había que ilustrar a los foráneos.

Cómo no acordarse del 94. De aquella Juventud. Pero también de los viajes a Ginebra, la Copa de  Teruel… “Muchísimos recuerdos” que ayer pasaban por la memoria de muchos aficionados como Izquierdo y que justo después de empezar la fiesta ya pedían «que vuelvan a hacerla aquí».

Por la cancha, los celestes hacían como que no oían nada e Ibiza hacía lo posible por entender. El ambiente  era intachable, la concentración, quizá también. En mitad del descanso, como ya había anunciado el club, se hizo entrega de un recuerdo a aquellos deportistas que formaron parte de ese primer equipo que renació en 2013 gracias a la afición. La afición se calentaba y las gradas hasta arriba, aplaudidores en mano. Vibraron cuando los equipos saltaron a la pista. Costaba no moverse un poco al ritmo de «vaya braguita, vaya sostén».

Manu Salvador, Sevillano, Igor, Loeches, Osorio, Graells. El pabellón se venía abajo con el sexteto inicial y en el banquillo todo eran abrazos. Había que hacerlo bien. La grada estaba lista. Muchas voces, mucho ruido y mucho que recordar. Vivir de nuevo la Copa en Soria también es increíble.

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