Revuelto de polifenoles

Las viñas centenarias

JAVIER PÉREZ ANDRÉS

Los viejos viticultores conocen los majuelos que dan mejor uva. Y saben con precisión de dónde vienen los racimos de los más viejos. Algunos hasta se acuerdan de cuándo las plantó su padre o su abuelo. Y las cuentas salen. Las hay de 50, 70 y 80 años. Y luego están las célebres y afamadas viñas prefiloxéricas. Para los más jóvenes, conviene recordar que la filoxera fue una tragedia que vivieron muchas poblaciones, provocando la emigración de sus habitantes y el abandono de la actividad vinatera. Y todo por culpa de un minúsculo insecto, parásito de la vid. En definitiva, de un maldito pulgón que arrasó y contaminó los viñedos del sur de Europa en distintas épocas. En el último cuarto del siglo XIX le tocó a España.

El profesor Alain Huetz de Lemps, fuente obligada para conocer el origen del vino y la viña del noroeste español, describe zonas, variedades y términos municipales con precisión. De ahí conocemos la astucia y sabiduría de los campesinos, que supieron elegir laderas y suelos para plantar las viñas en llanuras y valles de Castilla y León.

Alguien tendrá que poner un poco de orden en tanta viña prefiloxérica y majuelo centenario. Pocos pueden demostrar el origen de los cultivos de vid, algo que sería de agradecer, pues cualquier experto en cultivos leñosos podría deshacer más de un entuerto y rejuvenecer los exagerados titulares de algunas etiquetas. Una viña es vieja cuando alcanza los 40 y 50 años, que ya es garantía de calidad. Una viña centenaria puede dar poco y buen vino. Y una plantación moderna bien conducida, en suelo apropiado y con buenas prácticas culturales, es la mayor garantía de sanidad, equilibrio y materia prima óptima para la elaboración de un vino de calidad. Hablar de cien o de más de 120 son palabras mayores y deben escribirse con cuidado.

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