EL BESO DEL NEANDENTAL

Adrenalina social

ROBERTO ORTEGA

Cuando Francia consiguió su primer mundial en 1998 los titulares destacaron que había ganado una selección «mestiza» en la que había presencia de blancos y de negros, de moros y cristianos. Ese equipo nacional de fútbol era un ejemplo de la Francia inclusiva, multicultural y tolerante. Fue un chute de estima patriótica en el país de la libertad, la igualdad y la fraternidad cuando la zarpa de los fascistas del Frente Nacional ya había asomado por debajo de la puerta.

La victoria fue un bofetón en la cara del caudillo Jean Marie Le Pen, al que sacaba de quicio una selección que no fuera solo blanca. Algunos analistas vieron en la victoria en la Copa del Mundo una vacuna contra la extrema derecha.


Veinte años más tarde, conseguida la segunda estrella para la camiseta gala, se han repetido los mismos titulares, hay más fascistas que nunca en Francia, la victoria de hace dos décadas no fue el antídoto contra el FN y la euforia del domingo pasado se diluirá pronto en la memoria del país.


En el otro lado, tras el pase de Croacia a la final brillaba una presidenta muy campechana ella, sí, pero que es una reaccionaria de tomo y lomo. Mientras, los jugadores invitaban a un conocido cantante neonazi a subir con ellos al autobús con el que pasearon por Zagreb. La prensa dijo que Croacia había estado «épica».


No hay nada que una tanto a una sociedad como el deporte, ciertamente. Quizás, tal vez las fiestas consigan también ese mismo vínculo masivo y efímero que por unos días disfraza las realidades, los ánimos, los problemas y las soluciones.


En Soria, además de las celebraciones nacionales, hemos tenido dosis de apoteosis locales con nuestro fútbol, nuestro atletismo y nuestro voleibol. En una sociedad como la soriana, tan necesitada de autoestima, aquellos destellos gozosos de colectividad exaltada son recordados como un bálsamo dulce: «Mirad, España, de lo que somos capaces; aquí, en el culo del mundo».


Por supuesto, de tales espíritus colectivos no se derivaron fuerzas que pudiéramos aplicar en la vida cotidiana. ¡Pero qué bien nos vendría ahora una de aquellas inyecciones de adrenalina social!

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