MÁS SE PERDIÓ EN CUBA

Ataques al patrimonio

IGNACIO SORIA ALDAVERO

EL ATAQUE vandálico que sufrió una de las estatuas de la catedral de Santiago de Compostela hace unas semanas, donde una de sus figuras fue pintarrajeada, me recordó que también en Soria nuestro patrimonio artístico ha sufrido en los últimos años este tipo de deleznables episodios. San Juan de Rabanera, Santo Domingo o la ermita de la Soledad, amanecieron también no hace muchos años con pintadas en sus sagrados muros aunque afortunadamente, ya fueron limpiadas gracias a las rápidas actuaciones de patrimonio.

Y sin ir más lejos, la iglesia del Salvador –que no por modernista tiene menos valor que otra– también ha sido en innumerables ocasiones mancillada por los vándalos –no sólo con pintadas sino dándole uso como mingitorio público (otro día dedicaré un artículo a esto)– estando hoy por hoy aún presente, una pintada en el frontal del acceso al atrio del templo, como cualquiera que pase podrá constatar. Pero no solamente las iglesias de la capital parecen ser el lugar donde éstos degenerados ven sus lienzos idóneos.

También en innumerables edificios públicos o particulares, están presentes las dichosas pintadas. Basta con darse un paseo por la calle Real o sus aledaños, para confirmarlo. La solución en estos casos parece no ser fácil salvo que a los delincuentes –que es lo que son– se les pille in fraganti.

Pero quizás endurecer las sanciones por parte del organismo a quien corresponda, y publicitarlo bien, sería un buen comienzo. Si a los padres de estas mentes huecas –la mayor parte de las veces son menores– se les mete la mano en el bolsillo para hacerles pagar la factura de lo que cuesta la limpieza –que a buen seguro no será barata– a alguno quizás le diera por dedicarse a la alfarería o al petit point en lugar de a la pseudo pintura artística al aire libre. Lo que está claro, es que en estos casos –como en otros muchos– palo largo y mano dura que decía la canción, se antoja como buena solución.

Por cierto, y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid como decimos en esta tierra, habría también que adoptar alguna medida –y drástica– para paliar otra forma de ataque a las ciudades y a su imagen, como lo es la utilización sistemática de paredes, farolas, canalones y demás lugares, como sitios improvisados para publicitar todo lo imaginable. Algunos incluso plasman sus anuncios con teléfono incluido y buena mano de pegamento para alargar la vida del contenido. Estarán conmigo, que entre unas cosas y otras, hay zonas de la ciudad que dan verdadero asco. Y en muchos casos, por qué no decirlo, la inacción municipal, deja mucho que desear.

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