SOBRE VIVIR

Historia en la villa de Gómara

JOSÉ MARÍA MARTÍNEZ LASECA

AL ATARDECER, los días 10 y 13 de agosto voy, con José Antonio del Campo, hasta Gómara, que dista 31,5 km. de la capital. Por la carretera de Soria hacia Calatayud, con desvío en Almenar. Campo inmenso y pajizo de cereal decapitado, sin apenas un árbol.

El motivo no es otro que el de asistir a sendas conferencias impartidas por los colegas profesores del IES Antonio Machado de Soria, José María Incausa Moros (¿Hubo democracia en el siglo XIX en España?) y Antonio Ruiz López (Gómara en el siglo XIX. Estructura demográfica), dentro del 7º ciclo de conferencias Francisco López de Gómara bajo el denominador común de España, 1815-1874. Crisis bélica y complicada travesía política, social e institucional, que organizan el Ayuntamiento y la Asociación cultural La Cerca, con la colaboración de la Diputación Provincial. Y coordinadas por el licenciado Luis González Uriel. Dos notas a lo antedicho: 1.-López de Gómara, ilustre hijo local del s. XVI (estatuado en la fachada de la Diputación), fue historiador de indias y capellán de Hernán Cortés hasta su muerte; 2.-Si como reza el refrán: ‘más vale un diente que un diamante’, otro tanto cabe señalarse de estas asociaciones culturales de los pueblos por dinamizar su vida social y romper la modorra, frente a corporaciones municipales meramente burocráticas. Gómara, sobre un cerro, con su castillo frontero derruido. Villa del Condado de los Ríos y Salcedos, como atestiguan algunos escudos y edificios históricos. Capital de la comarca. Llegó a contar 1035 habitantes en 1940, que luego ha ido perdiendo en caída libre, vaciándose de gente, hasta los 385 actualmente censados.

Y eso que agrega los pueblos de Abión, Paredesroyas, Ledesma y Torralba de Arciel. Recorro sus calles y siento el escalofrío del paso del tiempo. Su devastación. Comercio, mesón, taberna, gasolinera y muchas casas cerrados.

Aún abierta su escuela, si bien con pocos chicos. Ecos de las leyendas de Bécquer, del bullicio los sábados de mercado. La torre de la iglesia sigue implorando expectativas a los cielos. Veo a conocidos: Mª Ángeles, José María… Saludo al organista Adalberto Martínez Solaesa. En el bar de la plaza charlo con Gregorio Bartolomé, casado aquí. Hay instantes en Soria en los que parece que uno estuviera en Marte o en la cara oculta de la Luna. Y se pregunta: ¿Quedará vida inteligente por aquí?

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