EL PUNTO DE VISTA

Sin esperanza

ANDRÉS CALAVIA

Quienes nos encontramos anclados en el más puro escepticismo ante todo lo que tiene que ver con los políticos, cuando no en la más absoluta incredulidad, nos damos de bruces una y otra vez contra la realidad en ese perenne deseo de ver la luz. No hay esperanza. Valgan un par de ejemplos. Por un lado, la lucha fratricida y despiadada entre los dos candidatos a presidir el PP.

El partido ha sido expulsado del gobierno poniendo de acuerdo a siglas de lo más variopinto. Primera vez en la historia. Y en vez de hacer lo que toca en estos casos, reflexionar sobre las razones que han llevado a semejante descalabro y ponerse a trabajar en una más que necesaria regeneración, lo que nos ofrecen es una batalla pura y dura por mandar, a cualquier coste.

El objetivo es ganar, sabedores de que los que venzan gozarán del calor, traducido en cargos y sueldos, que otorga el poder, mientras que los que pierdan se adentrarán en el frío invierno, ese que no deja crecer nada a su alrededor. Los sorayistas pelean contra sus enemigos pablistas, mientras los adversarios políticos se regodean ante tanta sangre. Ni una idea, ni una palabra en favor de la regeneración, ni siquiera una mínima autocrítica sobre tantos años de podredumbre y corrupción.

Desesperanza. La misma en la que nos tiene sumidos el gobierno socialista de Pedro Sánchez, que llegó al poder de manera legítima y con respeto escrupuloso a la Constitución, esa de la que tanto se habla para otras cosas, pero con el compromiso de convocar elecciones de manera inmediata.

Quienes vimos un cambio de gobierno como algo obligado dado el mal olor que producía el anterior, nos encontramos con un inquilino en la Moncloa que hace, como buen político, lo contrario de lo que prometió. No llama a los ciudadanos a las urnas y, además, toma decisiones de calado que no corresponden a alguien que llega así al poder, de manera supuestamente transitoria y sin un programa electoral que cuente con el aval de los votos.

Ocurrencia tras ocurrencia, sin dar la cara ante la prensa, controlando y politizando la televisión pública (exactamente igual que todos los anteriores) junto a los compañeros destructores del sistema de Podemos, etc. Y, por supuesto, con la boca sumisamente cerrada por parte de los suyos para poder seguir en la foto. Absoluta desesperanza. Lo tienen claro los que piensen que, ante semejante caos, Soria va a sacar algo. Estoy deseando que alguien me demuestre pronto que me he equivocado. Sin esperanza.

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