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La redacción que ‘detecta’ carencias en el aprendizaje

Investigadores de la ULE estudian las dificultades ligadas a la escritura de alumnos de primero de Primaria

E. L.
10/01/2017

 

Rodrigo estaba en primero de Primaria y tenía dificultades para leer. A esto se sumaba un carácter introvertido, con lo que sus carencias pasaban desapercibidas tanto para sus profesores como sus padres. Un buen día las alarmas saltaron. Fue casualidad, ya que a la hora de hacer un ejercicio sencillo no tenía ni riqueza ni fluidez de contenidos propios de un niño de seis años. Así que se pusieron en manos de un profesional que emitió un diagnóstico: Rodrigo era disléxico. En realidad, este pequeño con problemas para entenderlo y comprenderlo todo no existe, pero en las clases de Primaria hay muchos alumnos con dificultades a la hora de leer y escribir. Detectarlos a tiempo es clave para que con un refuerzo puedan adquirir las habilidades necesarias para leer textos y evitar las temidas faltas de ortografía.

Ante esta situación, un equipo de la Universidad de León (ULE) desarrolla un proyecto de investigación sobre la detección temprana y la prevención de las dificultades de aprendizaje en escritura en el primer curso de Educación Primaria. La metodología está basada en el modelo estadounidense llamado ‘Respuesta a la Intervención’ que se utiliza a nivel internacional desde el año 2004.

La iniciativa, en marcha desde el pasado mes de octubre y que se prolongará hasta 2018, abarca una investigación estructurada en tres fases. En la primera, el protagonismo recae sobre los maestros que se encargan de aplicar una intervención en composición escrita dirigida a la totalidad del alumnado del grupo. En la segunda fase, a partir de las medidas de evaluación y monitorización tomadas en el primer nivel, analizarán una serie de indicadores de competencia escrita y los utilizarán para detectar al alumnado cuya curva de aprendizaje de la escritura no se ajusta al nivel normal del resto del grupo. Estos alumnos recibirán una intervención más intensiva en escritura.

Esta fase, tal y como apunta Raquel Fidalgo, coordinadora del proyecto, será aplicada en colaboración con las familias y tendrá un carácter individualizado. Así, la instrucción responderá a las necesidades específicas de cada alumno, «enfatizando únicamente en aquellas dimensiones de la escritura en las que presenten una evolución más lenta con respecto al ritmo de la clase», añade.
Finalizado este nivel, durante el próximo curso, se llevará a cabo una tercera intervención, en la que comprobarán si los alumnos han logrado corregir esas carencias. «Realizamos un seguimiento progresivo del alumnado a través de evaluaciones periódicas en las que se valoran distintas dimensiones y habilidades de la competencia escrita, o de variables relacionadas con su dominio», manifiesta la también profesora de Psicología Evolutiva y de la Educación de la ULE.

¿Cómo? Evalúa y monitoriza la adquisición de la competencia escrita del alumnado desde dos dimensiones complementarias. Por un lado, analiza el producto textual, lo que ha sido escrito, a través de tres tipos de medidas de productividad, puramente cuantitativas y centradas en el número de palabras o frases escritas mal por el alumno; de precisión, basadas en su corrección ortográfica y la exactitud de la expresión; y de calidad, centradas en el análisis de la composición escrita en función de una variedad de criterios. «El análisis del producto textual ya se hace, pero nuestro proyecto da un paso más allá y analiza el proceso de escritura mediante bolígrafos digitales que recogen la grabación de la dinámica de lo escrito». A partir de ellos recopilan datos referidos a las pausas y tiempo de ejecución de los estudiantes durante la escritura, así como una reproducción digital de lo escrito. «El objetivo será ofrecer indicadores validados de la escritura que permitan detectar alumnado en riesgo en su aprendizaje, así como hacer un seguimiento de la progresión del estudiante».

En su opinión, la innovación radica en que el proyecto ofrece «una alternativa clave» a las actuaciones tradicionales frente a las dificultades del aprendizaje. «Tradicionalmente, los criterios utilizados para la identificación y diagnóstico del alumnado con problemas de escritura y lectura han acumulado a lo largo de los años numerosas críticas desde el ámbito científico», comenta, antes de recordar que los niños hasta los nueve años no eran diagnosticados y por lo tanto, no recibían «ningún tipo de intervención» ajustada a sus necesidades.

Frente a esto, esta iniciativa apuesta por la prevención frente al «tratamiento», por una actuación temprana, desde el primer curso de la Educación Primaria, donde la plasticidad del alumnado es «mayor». «Ello posibilitará que mucho de este alumnado en riesgo consiga ajustarse al ritmo de la clase, no llegando a producirse una dificultad de aprendizaje específica, evitando todas las problemáticas que de ello derivarían a nivel educativo, social o emocional», expone Fidalgo.

Otra fortaleza, en palabras de la investigadora de la ULE, es que con este proyecto se intenta validar la efectividad de una intervención en el ámbito familiar en respuesta a las necesidades del alumnado. «Esto, desde nuestro conocimiento, es la primera vez que se hace», apostilla. Las condiciones óptimas para el desarrollo del proyecto serían grupos y personal especializado en los colegios, pero, según Raquel Fidalgo, en España es complicado. Por ello, a su juicio, las familias podrían pasar a jugar «un rol clave».

En la investigación participan 180 alumnos de primero de Educación Primaria de tres centros leoneses: La Anunciata, Nuestra Madre del Buen Consejo-Padres Agustinos y San José-Agustinas Misioneras. Además, el proyecto tiene carácter internacional y está formado por María Arrimada –cuya tesis gira en torno a este iniciativa–, Mark Torrance, Patricia Robledo, Paula López, Rut Sánchez, Lourdes Álvarez y Fátima Olivares. La investigación cuenta con una beca de 18.300 euros concedida por la Fundación BBVA dirigida a investigadores y creadores culturales.

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