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Las universitarias son mayoría en las aulas, pero mínoría en las cátedras

Sólo un 21,5% de los catedráticos en universidades públicas son mujeres L La presencia de la mujer se difumina según se asciende el escalafón / La UBU, la más igualitaria de toda España

MAR PELÁEZ / VALLADOLID
06/11/2017

 

La universidad pública de Castilla y León tiene DNI femenino en los pupitres y masculino en la pizarra y, sobre todo, en los despachos. Las cifras revelan que un techo invisible frena el avance de las carreras académicas de las mujeres. Muchas alumnas, menos profesoras, muy pocas catedráticas, por ninguna rectora en las universidades públicas de la Comunidad. La pirámide se contrae.

Según los últimos datos publicados por el Ministerio de Educación, correspondientes al curso 2015-2016, ellas representan el 55% de los estudiantes (en concreto 46.000) que llenan las aulas de las cuatro instituciones académicas públicas de la Comunidad. Sin embargo, esa presencia femenina va difuminándose progresivamente según se asciende en el escalafón universitario.

La pirámide se invierte ya si se analiza el volumen de docentes e investigadores (PDI): ellas pasan a ser el 43% de la nómina universitaria, ellos, el 56%.

La proporción se desploma en el siguiente peldaño, el de la cátedra. Tanto es así que sólo el 21,5% de los catedráticos de Castilla y León tiene nombre de mujer. Es decir, exclusivamente una cátedra de cada cinco la ocupa una mujer. En ese curso, de los 568 docentes con cátedra en la Comunidad, se contabilizaban 122 mujeres frente a 446 hombres. Y eso que el desequilibrio se ha rebajado algo en la última década. En el curso 2005-2006 había en la Comunidad tan sólo un 14% de catedráticas –69– por 454 catedráticos. En estos diez años las mujeres han ganado, por tanto, algo de ‘peso’. 
La situación de Castilla y León está sólo ligeramente menos ‘masculinizada’ que a nivel nacional. En el conjunto del país, el 20,88% de las cátedras está en manos de mujeres. 2.053 cátedras son propiedad de ellas, frente a las 7.779 de hombres.

La Comunidad se sitúa como la octava autonomía con mayor porcentaje de catedráticas. Muy alejada aún de Navarra, que alcanza el 25%, pero en mejor posición que Cantabria o Extremadura, donde no superan aproximadamente el 12%.

La Universidad de Burgos destaca por ser la institución pública de España que menor desigualdad entre sexos en ese escalón. Había en el curso 2015-2016 un 33% de mujeres en las cátedras. Quizás «por la juventud» de esa Universidad».

Valladolid y Salamanca se sitúan, con su 21%, en los puestos vigésimo segundo y vigésimo tercero del ranking nacional, respectivamente, mientras que la de León se desliza hasta el puesto 33 con un 17,% de mujeres catedráticas. Eso sí, nada que ver con la Universidad de Huelva, donde sólo un 6,78% de mujeres han alcanzado la cátedra, seguida de la Politécnica de Cataluña, con apenas el 8,3%.

A la cúspide, ni siquiera llegan. Ninguna mujer dirige, desde el sillón de rector, los destinos de las cuatro universidades públicas de la Comunidad. Y lo que es más, ninguna de ellas ha tenido una mujer rectora al frente. No ocurre lo mismo en las cinco universidades privadas de la Comunidad. En tres de ellas –la Pontificia de Salamanca, la Miguel de Cervantes de Valladolid y la Católica de Ávila– son rectoras las que lideran la institución.

Dos veteranas catedráticas en dos universidades públicas de Castilla y León corroboran con su voz lo que evidencian los datos. «Sí existe un techo de cristal en la Universidad; mayor en unas áreas de conocimiento que en otras», sostiene la catedrática de Derecho Constitucional desde 1992 de la Universidad de Valladolid, Paloma Biglino. Lo respalda la catedrática en el área de Ingeniería Química de la UBU desde 2009, Sagrario Beltrán: «Sigue siendo predominantemente un mundo de hombres».

Pero ¿qué falla para que el sexo siga condicionando la carrera académica? Ambas hablan de «micromachismos imperceptibles», de «machismos difusos» que limitan los ascensos. «No se trata de una discriminación jurídica, sino social», aclara Biglino, quien explica que una de las claves es que «a las mujeres les cuesta más conseguir los méritos que se van a valorar para acceder a una cátedra».

Y es que, a su juicio, hay menos mujeres que hombres que publiquen en revistas, que lideren proyectos de investigación o que figuren en congresos, ya que «la selección la suelen hacer varones. Ahí hay más ámbito a la discreccionalidad, y más difícil de controlar».

Otra de las razones esgrimidas para explicar esta desigualdad es la clásica diferenciación de roles entre la mujer y el hombre. Para Biglino, la maternidad limita a muchas de las docentes plantearse una estancia en el extranjero de un año de duración; «tan valorada en las oposiciones o en las evaluaciones».

A eso se suma un «fenómeno hasta cierto punto natural»: las mujeres han accedido más tarde a la universidad y también a la carrera académica. «Son más jóvenes y, por tanto, no han tenido tiempo aún de culminar su carrera académica», apostilla. Máxime cuando la Universidad «no convocó durante cinco años ninguna plaza para convertirse en catedrático», lamenta Beltrán.

Aunque reconocen que ese techo de cristal «no es exclusivo de la Universidad», sino que ésta reproduce los estereotipos de la sociedad, Beltrán asegura que «es un error de base despreciar la diversidad de enfoques del 50% de la población». Esta catedrática, que se convirtió en la primera profesora titular en la Universidad de Burgos, es autora de un ilustrativo estudio titulado ‘Estado de la Investigación con perspectiva de género’, en el que pone de relieve que la universidad es «un mundo descompensado».

Pese a todo, se muestra optimista. A sus 60 años ha sido testigo del cambio académico experimentado y confía, por tanto, en que esa mayoría de mujeres universitarias se traduzca en un mayor volumen de catedráticas.

No obstante, los datos ponen de manifiesta que sí existen más universitarias de grado (55,76%) que universitarios, pero esta proporción va descendiendo a medida que se superan etapas. En los másters suponen ya la mitad. En los doctorados bajan al 49%.

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