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'Confesiones de Autor' de la Fundación Duques de Soria

"Vivo en una bigamia, 'casado' con dos artes"

La literatura y el cine son los dos grandes amores de Vicente Molina-Foix, que cierra un ciclo literario con 'El joven sin alma'y para el que escribir sigue siendo renacer

Soria - S.A.
10/07/2018

 

Vicente Molina-Foix es un orgulloso bígamo. «Estoy casado con la literatura», señaló, pero vive una aventura y está en «flirteo» constante con el cine. «Vivo muy a gusto en esta bigamia, casado con dos artes», comentó con humor. Porque la escritura, de la que muy joven sintió la llamada, y el séptimo arte han sido dos de sus grandes pasiones, junto, señala con ese indescriptible toque que Ernest Lubitsch pondría en una de sus elegantes comedias, el amor mismo. Ante Santos Sanz Villanueva, Vicente Molina-Foix fue el primero ayer por el literario trance de las Confesiones de Autor que organiza la Fundación Duques de Soria, hasta mañana miércoles, en el Aula Magna Tirso de Molina.
Sus últimos libros, especialmente El joven sin alma, cierra en cierta medida un ciclo literario, una serie en la que, sin ser memorias, él, sus experiencias vitales y, hasta su memoria misma, están muy presente. Es, como subrayó el escritor, un ciclo de obras con «fondo documental», aunque la imaginación, «porque la ficción va siempre por delante», aclaró, tiene un hueco muy destacado. Su vocación como escritor nació «pronto», confesó, y 45 años después de ganar el premio Barral por su segunda novela, Busto, admite que es una vocación que ni le cansa y ni aburre. Escribir sigue siendo algo muy placentero para él. «No es un trauma, no es un parto, es un proceso de nacimiento del que disfruto. No me duele», comentó.
Esa vocación por contar historias, aseguró, «la tenemos mucha gente, no sólo los que nos convertimos en escritores». «Siempre que me encuentro con personas que me cuentan que les gusta escribir les digo que eso ya es algo importante». Sólo, aseguró, hay que tener un poco de tiempo. No se necesita nada más que «a uno mismo» y una mesa, «aunque a veces ni eso tampoco hace falta», aclaró.
Cuando alguien dice eso de «me gusta escribir», apuntó, ya tiene mucho ganado. Para trasladar esas historias que se quieren contar a un libro sólo se necesita tener «algo de tiempo» y, sobre todo, no desanimarse «ante la repercusión que puedan generar si ésta es negativa», admitió. El, confesó, no se queja de la crítica. Pero si no fuera por la voluntad de creer en uno mismo, de sobreponerse a opiniones desfavorables, argumentó, no sería fácil para muchos autores.
Comenzó en el mundo literario componiendo poesía y, de hecho, José María Castellet, lo incluyó en el año 1970, dentro de su obra Nueve novísimos poetas españoles. Sus primeros poemas, en cambio, no se publicarían hasta 18 años después. Ha coqueteado también con el teatro, como dramaturgo, pero también como adaptador y traductor de obras de William Shakespeare entre otros autores. Aún así, la novela ha sido, sin duda, su género más prolífico. Al Barral, sumó Premio Herralde de novela por La quincena soviética en el año 1988. El abrecartas, ya con el nuevo siglo, recibió el Premio Salambó y el Premio Nacional de Literatura en la categoría de narrativa. Pero también ha oficializó su flirteo con el cine a través de mucha crítica cinematográfica en medios como Fotogramas, Diario 16 o El País, así como con el rodaje de dos películas un episodio que, admitió, tiene mucho de «novelesco» en su propia existencia, pero que no cree, de momento, que vuelva a retomar.
En su caso, nunca ha considerado la escritura como un trabajo. Todo lo contrario. Para Molina-Foix es todo un placer: «Me gusta comer, amar... y me gusta escribir», destacó. Nada más alejado, en su caso, de la imagen del escritor torturado por conseguir arrancar a la creación una buena historia, por encontrar la palabra perfecta, por conferir la precisión en una expresión, a un diálogo. En su primera visita a la ciudad de Soria, el autor de La misa de Baroja 1995) o El novio del cine, se confesó tan entusiasmado (y agradecido) como el primer día por seguir compartiendo su vida con la literatura y, mantener, al mismo tiempo, esa relación especial con el cine. «Una es la oficial, la otra es una aventura», comenta con humor. A ambas las quiere por igual y con ambas sigue viviendo «muy a gusto» y, por supuesto,... feliz.

 

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