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DEPORTE A LA SOMBRA

"Cuando empiezo a correr, ya no estoy en la cárcel"

En prisión la vida sigue y el deporte es, como ocurre fuera, uno de los pilares para muchas personas / En Soria hay gimnasio, una improvisada pista de fútbol sala, de baloncesto y un frontón

Sara I. Belled
04/02/2019

 

Es sábado 22 de diciembre en la cárcel de Soria y un grupo de reclusos mira atento el sorteo del Gordo frente a un televisor. A las 10.30 horas todavía no ha salido el primer premio y a la par que unos esperan escuchar esos números que familiares o amigos han comprado fuera, otros reos están a sus cosas mientras escuchan de fondo cantar a los niños de San Ildefonso.

P.- ¿Qué es para ti poder venir al gimnasio?

R.- Yo si no vengo aquí, me muero en la celda.

No llega el barullo a la segunda planta del módulo de respeto, donde Alexis (nombre ficticio), aprovecha la mañana del sábado en el gimnasio. El premio gordo llegó hace ya un par de meses a la prisión de Soria en forma de dos cintas de correr que los internos emplean más ahora con los primeros coletazos del invierno que hacen difícil bajar al patio. «Vengo aquí, corro un poco, hago alguna máquina…». Uno de los elementos que más aceptación tiene, asegura este joven, es el saco de boxeo. Dentro paga a golpes la pena que estos hombres han de cumplir, pero no es tan diferente a la función que ejerce dos muros más allá, por encima de la alambrada. «Te libera».

Dos muros separan la vida en prisión de todo lo demás. Por dentro, como por fuera, el edificio muestra su veteranía, a la espera de ese nuevo centro que está por estrenar. Destaca su pulcritud. Tras dos grandes puertas de metal, un cilindro central se alza en dos pisos como cerebro del edificio y raíz de las diferentes galerías. Por ellas se accede a los patios, donde se ubican un improvisado campo de fútbol sala, en el que el suelo también juega a la contra, con más de un bache que estos futbolistas domingueros conocen a la perfección; un frontón y una pista de baloncesto, esta última la menos demandada. Instalaciones humildes, pero bien aprovechadas y que viven sus días grandes durante la festividad de la Virgen de la Merced, patrona de los funcionarios de prisiones. «Entonces se celebran diferentes torneos, de frontenis, de baloncesto, de fútbol y se dan premios a los mejores jugadores, a los goleadores…», explica Carlos Sevillano, jefe de Servicios de la cárcel. Mientras tanto, algunos internos comienzan a colocar en su sitio las pesadas porterías de metal para comenzar la jornada. Son ya las 11.00 horas.

La cárcel de Soria no destaca por su novedad ni por su tamaño. Tampoco por sus grandes recursos. La población interna ronda los 170 presos y la mayoría no son sorianos. «Están de paso porque las condenas son muy largas, entonces la vida en prisión te permite irte a otro sitio y estar moviéndote, o porque los delitos son graves y tienen que salir del sitio en el que lo han cometido», explica Domingo Morricho, subdirector de Tratamiento. Robo, asesinato, violación o tráfico de drogas son algunos de los delitos por los que pagan sus penas los internos. También hay reclusos relacionados con la banda terrorista ETA. Más allá de los motivos por los que cada uno entre en prisión, dentro son conscientes de que «quienes más están pagando las penas son las familias». Y añade: «Cuando tú te vas, hagas mucho o poco sigues siendo padre, hijo, marido o lo que seas y eso se rompe». Por ello trabajan para reparar y fortalecer esos vínculos que se rompen al entrar en prisión. También en el ámbito laboral, que es uno de los mayores atractivos de la prisión, ya que cuenta con talleres de empleo que permiten a los internos formarse y también «tener una cierta solvencia económica para su familia o la responsabilidad civil de la sentencia». Así, el tiempo para el deporte se reserva al fin de semana, aunque sí que pueden usar el gimnasio durante la semana con permiso previo.

Salir corriendo
«Cuando empiezo a correr, yo ya no estoy en la cárcel». Ali Chaer, malagueño de Alhaurín de la Torre y de origen marroquí, cumple una condena de seis años por robo reincidente relacionado con las drogas. Se muestra arrepentido. Tiene 54 años y lleva tres entre rejas, los últimos en Soria. Cuando corre, la cabeza está en otro sitio. El corazón también. «Para mí es salir de aquí. Yo cuando empiezo a correr lo que siento es felicidad, me acuerdo de mis hijos, de mi familia y me da más ganas de pensar que tengo algo fuera…».

Ali Chaer.Chaer vino a Soria por su hermano, que vive aquí, y también por la familiaridad de la prisión, al ser más pequeña, y por los talleres. Además ha aprovechado para sacarse los estudios de Bachillerato. En su tiempo libre, dice, se pasa «hasta dos horas en el patio». Unas cuantas vueltas hacia un lado, otras hacia el otro… Y se va poniendo metas. «El otro día corrí 14 kilómetros en la cinta», cuenta. «Un regalo», dice de las máquinas de correr, del que ha dado buen uso. No solo él. «La mayoría de la gente practica el deporte. Por lo menos en el módulo de respeto, nos gusta, nos animamos mucho». Asegura que moverse, más que un ejercicio físico, es entre rejas un ejercicio mental.

Para entonces son ya las 11.30 horas y en la misma sala en la que Chaer cuenta su historia, que hace las veces de biblioteca, empiezan a llegar los internos para participar en una novedosa actividad de hipopresivos. «Desde la administración nos propusieron hacer alguna actividad deportiva y pensamos en hacer algo diferente a lo que ya podían hacer dentro del centro, como el gimnasio, pesas, correr o juegos colectivos. Les pareció bien y estamos haciendo hipopresivos, unas técnicas posturales, respiratorias, cosas muy diferentes a la concepción que ellos tienen sobre el ejercicio, del deporte en sí», explica José Emilio Antón, de Espacio Axis.

Cerca de las 12.00 y después de unas cuantas fotos, los internos siguen en la actividad y la visita se acaba. En el patio hay un grupo que sigue dándole al balón y el frontón y la pista de baloncesto están vacíos. En el gimnasio seguirá Alexis y algún otro compañero, que aprovechan la mañana de este día de la lotería de Navidad para dedicarlo al cuerpo. Todavía no ha salido el Gordo y no se sabía entonces que tampoco iba a ser este el año que regara Soria con sus millones. Allí dentro, en realidad, no importaba tanto.

Un 'deporte' de mesa, muy tradicional
Algunos de los internos practican deportes y otros son más de jugar sentados. Se trata en este caso de quienes lo hacen alrededor de un parchís. Es típico que este juego de mesa sea fabricado por los propios presos en las cárceles españolas. Para ello utilizan una sábana que decoran. En el caso de Soria con cuatro equipos de fútbol. El Betis, el Real Madrid, el Barcelona y el Sevilla. Como son pocos los presos sorianos, no está el Numancia.
Esta es una tradición que se ha mantenido con los años y con la que los presos pasaban sus horas.

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