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EL SÉPTIMO ARTE Y MEDIO

'Mars', una tintinada de National Geographic en Netflix

Mitad documental, mitad ficción, esta serie predice con ánimo de no errar la conquista del planeta rojo en el 2033

CARLES COLS
31/01/2018

 

Dos álbumes le dedicó Hergé al viaje de Tintín y familia (ya saben, Haddock, Tornasol, Hernández y Fernández, Milú antes que Laika…) a la Luna. Son dos tomos extraños. No tienen la altura narrativa de, por ejemplo, El asunto Tornasol, siguiente obra del autor belga, esta sí, una joya, una historia tras el Telón de Acero capaz de toserle a Cortina rasgada de Hitchcock. Pero Objetivo la Luna y Aterrizaje en la Luna pasan por ser la más julioverniana aportación de Hergé, un trabajo exquisito de documentación, casi 20 años antes de la epopeya de Neil Armstrong, sobre cómo sería algún día la conquista del espacio. National Geographic, sin ánimo de ofender, exhibe en Netflix su tintinada, un relato en seis capítulos que será obligado revisitar en el 2033, cuando transcurre la mitad de la acción. Es Mars, la conquista del planeta rojo tal y como la planifican hoy (esa es la otra mitad de la serie) los investigadores de este que se supone que será el primer gran viaje interplanetario del ser humano.

Mitad documental, mitad ficción, como en su día Objetivo la Luna y Aterrizaje en la Luna. En lo bueno (bastante) y en lo malo (un poco). Eso es Mars.

Georges Remi Hergé, hombre tan contradictorio como el siglo XX que le tocó vivir, tuvo en la fase final de su carrera la gran virtud de la sinceridad. En una ocasión, al hilo de la falta de nervio narrativo de aquellos dos álbumes dedicados a la Luna y a la vista de ese satélite ya había sido hollado, dijo: “¿Qué quiere usted que ocurra en Marte o en Venus? El viaje interplanetario es para mí un tema vacío”. Tal vez exageraba.

COPROTAGONISTAS DEL MUNDO REAL

Algunos de los protagonistas de Mars no son personajes de ficción. Son científicos de reconocido prestigio que predicen cómo será la exploración espacial dentro de 15 años y que, con ello, dibujan las líneas maestras del guión de esta serie. Son todos ellos puntos de referencia reconocibles, como Neil DeGrasse Tyson, astrofísico y narrador de la versión 2.0 de Cosmos, Andy Weir, autor de la novela The Martian, en la que se basa la película del mismo nombre, Charles Bolden, exastronauta y administrador de la NASA durante la presidencia de Barack Obama , y, por ejemplo, Peter Diamandis, gurú y millonario apasionado de la exploración espacial, que en uno de los capítulos condensa en un par de frases, sin pretenderlo tal vez, cuál es la esencia de Mars.

“Hay una correlación entre los sueños, la ciencia ficción y la realidad”, dice. “Los seres humanos creamos el futuro como lo soñamos. Invertimos todos nuestros recursos, capital, tecnología y amistades y lo hacemos posible”. Diamandis es un optimista, todo hay que decirlo, y ahí está el reto de Mars, que pretender ser una suerte de profecía autocumplida de las series.

Esta tintinada de Netflix no es una aventura al uso sobre la exploración espacial. Pretende embarcar a la audiencia en la emoción que supuso, por ejemplo, el vuelo transatlántico de Charles Lindbergh. Eso fue en 1927. Hacía solo 24 años del primer vuelo de los hermanos Wright. O sea, que era una hazaña incluso inimaginada fuera de los relatos de la ciencia ficción.

Pero, puestos a buscar un elemento singular a Mars más allá de la ingenería y la intendencia que será necesaria para que el ser humano viaje al planeta rojo y establezca allí una primera base permanente (esto no será, predicen los científicos, una excursión dominguera como la de la Luna), merece la pena poner el foco en un personaje a menudo olvidado en el 99% de las aventuras del espacio: las plantas.

EL REFERENTE DE 1972

Es cierto que compartían cartel nada menos que con Matt Damon en la reciente The martian, también un brote verde era el McGuffin central de WALL-E, pero el oscar clorofílico deberían habérselo concedido a una película parcialmente olviada y estrenada en España como Naves misteriosas, Silent running en su versión original, una exquisitez de 1972, cuando comenzaba a despertar la conciencia medioambiental en el mundo y en la balanza argumental se plateaba qué vida merecía antes ser preservada, la humana o la vegetal. Aquel año, precisamente, fue el último en el que un hombre piso la Luna. Desde entonces, jamás ha vuelto a caminar sobre suelo firme. Desde entonces, el género espacial ha ofrecido de todo, pero casi nunca verduras y hortalizas, que según Mars, esta epopeya de Netflix, serán compañeras de viaje ineludibles en la conquista del cuarto planeta del sistema solar.

 

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