Heraldo-Diario de Soria | Viernes, 21 de septiembre de 2018

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La Junta asume que no ha logrado «plenamente» ningún objetivo de I+D

La evaluación intermedia de la RIS3 constata menos gasto en relación al PIB, retroceso en investigadores, descoordinación entre consejerías, falta de apuestas claras y persistencia de desequilibrios entre provincias 

15/01/2018

La estrategia de I+D más ambiciosa que ha tenido Castilla y León no ha conseguido plenamente ninguno de sus seis objetivos estratégicos. La Junta ya asume que tampoco los conseguirá en 2020, cuando termina su vigencia.

Los indicadores más relevantes que deberían acreditar los seis retos propuestos desde 2014 han fallado cuando se ha pasado el ecuador de la Estrategia. Un minucioso y autocrítico informe del Comisionado para la Ciencia y Tecnología reconoce que no se ha llegado al gasto previsto de I+D, según el PIB; que el sector privado no ha logrado el peso previsto; que decrece el porcentaje de investigadores; que la población con cobertura de banda ancha retrocede y ya no es una fortaleza; que el porcentaje de recursos humanos en ciencia y tecnología sobre la población activa no crece como estaba previsto... «Por todo ello, en términos de consecución de objetivos estratégicos, ninguno de ellos se ha alcanzado plenamente, y por lo tanto, pueden seguir siendo metas válidas para el periodo restante de la estrategia».

El Comisionado aprobó a finales de diciembre el informe de evaluación intermedia, en el que constata que en 2016 la Comunidad alcanzó la mayor subida de gasto en I+D en términos de PIB, tras dos años de retroceso. No obstante, el 1,10% de ese año no logra ni de lejos acercarse al previsto 1,5% de gasto para 2017. Una proyección optimista situaría la inversión a final del año pasado en el 1,17% del PIB.

El documento al que ha tenido acceso EL MUNDO concluye que «las metas impuestas para 2020 pueden ser difíciles de alcanzar». Precisa que algunas no se van a conseguir y que el 40% registra incluso una tendencia a la baja en los últimos tres años. El Comisionado, cuyo titular es Juan Casado, trabaja ya en una revisión de la estrategia. Aunque no ha trascendido el nivel de cambios, la evaluación intermedia tiene tintes críticos de tal calado que permiten intuir algunas modificaciones de cierto calado. Los evaluadores ven ahora fallos en la estrategia. Dicen que «es compleja y compartimentada» y que «algunas inconsistencias internas hacen que sea difícil de planificar, gestionar y comunicar». «Se evidencia una falta de apuestas que permitan mandar señales claras a los agentes sobre el papel que la innovación puede tener en el futuro de Castilla y León», precisa el informe que detecta «desconexión» entre la estrategia y los instrumentos para su desarrollo.

Además, el Comisionado constata serias lagunas internas en el seno de la propia Junta. «Persiste una falta de coordinación y de visión de conjunto en el diseño de actuaciones que responden a objetivos que son comunes a varias consejerías, lo que impide explotar sinergias en muchos casos». El informe reivindica «un mayor grado de coordinación» y la necesidad de que estos órganos gestores de la Junta vean el plan de I+D como un «instrumento» estratégico. Además, constata que las previsiones presupuestarias se han mantenido gracias a la aportación privada, porque la pública ha sido menor de la prevista.

Relevante es la conclusión de que la ambiciosa estrategia no se orienta «hacia las oportunidades que la región puede tener» y sólo apunta a lo que «Castilla y León es». En ese sentido, echa en falta prioridades temáticas claras en la llamada Industria 4.0, en la bioeconomía y en la ciberseguridad. La primera, por la fuerza que está tomando en las estrategias europeas ligadas a la digitalización; la segunda, por el impacto que puede tener en el mundo rural y la tercera por el relieve alcanzado y la presencia de centros como el Incibe.

El escaso cumplimiento de objetivos estratégicos (ver cuadro de la página anterior) se debe también en parte a «las complicaciones de la gestión de fondos estructurales» europeos, que han retrasado el lanzamiento de «instrumentos novedosos en la región».

No obstante, el informe echa en falta indicadores de productividad de los objetivos específicos «que permitan medir el avance de las consejerías en torno a actuaciones concretas». Esa ausencia impide, según el Comisionado, evaluar si los instrumentos son o no adecuados para los objetivos. «Con la información de los indicadores actuales, no es posible establecer actualmente si el hecho de que un indicador se encuentre por debajo de la meta se debe a que no se han dirigido esfuerzos hacia éste o que, a pesar de que se hayan dirigido esfuerzos hacia el mismo, hay errores en el diseño de las actuaciones o incluso circunstancias externas que limitan el impacto».

La evaluación incorpora cambios en algunas fortalezas, debilidades, amenazas u oportunidades de la Comunidad. «El nivel de instrucción de la población ocupada superior ya no es una fortaleza», «persiste el desequilibrio territorial en términos de capacidad económica e industrial entre provincias», se observa una falta de masa crítica en las estructuras de investigación, más dificultades para los centros tecnológicos por falta de presupuesto regional, falta de atractivo de la investigación para los jóvenes...

La evaluación intermedia constata la mejora de los indicadores macroeconómicos de la Comunidad, pero advierte de que «esta senda de recuperación es más lenta que en otras regiones españolas».

El Comisionado justifica en parte algunos incumplimientos de objetivos, que atribuye a la austeridad y a la contención del gasto público, común a todas las comunidades, como consecuencia de la crisis. «Este panorama a nivel mundial ha supuesto que las posibilidades del Gobierno regional a la hora de desplegar políticas ambiciosas de fomento de la I+D+i se vean considerablemente limitadas».