Heraldo-Diario de Soria | Sábado, 21 de septiembre de 2019

EL BESO DEL NEANDENTAL

Optimismo orteguiano

ROBERTO ORTEGA 15/05/2018

En unas declaraciones a este periódico, el director de Comunicación de El Hueco, Roberto Ortega, decía que en cincuenta años Soria tendría 150.000 habitantes, que son más o menos los mismos que vivían en esta tierra en sus momentos de gloria, allá por mediados del siglo XX.

Ortega también advertía de que era necesario pensar a medio y a largo plazo porque los efectos de las hipotéticas medidas de repoblación tardarán mucho tiempo en notarse. Si ese tal Roberto Ortega no fuera yo mismo, probablemente habría dedicado una columna a un tipo tan risueño en la que pondría en solfa su optimismo largoplacista; plazos que, dada nuestra situación agónica, se antojan geológicos, como si nos pidieran que nos sentáramos a ver cómo crece una estalactita. ¿Hay razones para ese optimismo orteguiano (o sea, para mi optimismo)?

Lo cierto es que las cifras me dan bofetadas, cuando no derechazos, una y otra vez. Sin ir más lejos, la última ocasión en la que nos contaron resultó que éramos casi 400 menos. Si cuando bajamos de 90.000 se nos encogieron el alma y el escroto, ahora casi rezaríamos para quedarnos como estamos, virgencita.

Y si los guarimos destrozarían la paciencia del Santo Job (que, para que se hagan una idea de su aguante, sufrió sarna, el ataque de caldeos y sabeos, la muerte de su ganado, la pobreza, el repudio de su mujer e incluso la muerte de sus hijos), tampoco es que las noticias que vamos recibiendo sean una bicoca.
La comisaria Edelmira Barreira ya nos ha dejado claro que no es nuestra Hada Madrina, ni tiene poderes mágicos, ni siquiera para que Soria reciba un trato de discriminación positiva en el plan contra la despoblación del que vamos conociendo algunos detalles.

Se habla mucho de despoblación por todas partes, los congresos, jornadas y citas se suceden de punta a punta del país, y ahora resulta que hay problemas de despoblación hasta en Valencia (y se nos comerán la tostada si no estamos ojo avizor).
Entonces, Ortega, ¿por qué es usted optimista? Pues porque el pesimismo no sirve para nada: nos bloquea. Y porque ni usted, ni usted, ni usted, ni usted… van a dejar morir la provincia.