Heraldo-Diario de Soria | Sábado, 17 de noviembre de 2018

EL BESO DEL NEANDENTAL

Anestesia

ROBERTO ORTEGA 28/06/2018

Parece que la Sanidad soriana va a tener que recurrir a métodos clásicos como el cachiporrazo en la nuca, el calcetín sucio o la lectura del Ulises para dormir a sus pacientes. Claro que siempre queda la posibilidad de operar sin anestesia, aunque los enfermos de ahora son una panda de quejicas. Qué tiempos aquellos en los que podías amputar una pierna con un trago de aguardiente y un palo para apretar los dientes.


Faltan anestesistas, entre otras especialidades, en el Hospital Santa Bárbara. Lo puedo corroborar de primera mano porque mi madre sufrió esa carencia la semana pasada: no se pudo realizar su intervención por ese motivo, después de estar toda la mañana esperando a entrar en quirófano.


Yo soy muy fan de estos especialistas. A uno de ellos le di un buen susto. Tras una operación para meterme unos clavos en el brazo, servidor no tuvo a bien despertar como manda la buena educación. Mis pulmones, devastados por el tabacazo como un territorio atravesado por los hunos, no respondieron y me quedé como si estuviera grogui o pedo hasta que recuperé la consciencia, ocho horas después, por mis propios medios. Hubiera sido un buen momento para tener unas de esas fastuosas Experiencias Cercanas a Muerte (trance que me hubiera dado para 300 columnas), pero no… Qué injusta es la vida.

A la espera de contratar anestesistas, he buscado en internet tutoriales en plan anestésiese usted mismo, uno de esos vídeos en los que, habitualmente con acento suramericano, te enseñan a hacer miles de cosas. ¡No hay nada de nada! Qué decepción, You Tube, que lo sepas.

Saber anestesiarte no solo ayudaría a aliviar las listas de espera y que te pudieran operar el día y la hora previstos, sino que sería una buena ayuda para la vida cotidiana. ¿Quién no ha querido olvidarse de este mundo por unas horas? Pues vas, te anestesias tú mismo y ya está. También le vendrían bien estos conocimientos al PP de Soria. Podrían sedar a los díscolos que no quieren volver al redil, apuntarles como candidatos mientras duermen y, cuando despertaran, decirles que sí, que habían decidido regresar al PP, pero que de la emoción no se acuerdan.