Heraldo-Diario de Soria | Miércoles, 21 de noviembre de 2018

EL BESO DEL NEANDENTAL

La cúpula

ROBERTO ORTEGA 10/07/2018

«Jodo, pues sí que hay gente para hacerse una foto con el bicho este». El verano es un prodigioso oasis en nuestro particular desierto geográfico… y del alma. La provincia muda su piel y su carácter y parece un ente vivo, con esperanza. Las terrazas de los bares están animadas. Las calles, con gente hasta en lo más dramático de la canícula. Se puede pasear después de las diez de la noche, con el sol apenas huido, sin que a uno le den ganas de colgarse porque no se cruza con un alma.


La frase del comienzo salió el domingo de boca de un turista que, acompañado de mujer y dos criaturas, había llegado a ese lugar de la Dehesa en el que descansa el precioso mastín gaudiniano de Sanz Aldea. Los visitantes llegan a él por casualidad, puesto que la escultura no consta en las guías (y debería).

El turista de nuestra historia contempla, con algo de asombro, cómo una decena de niños y niñas hacen cola para que sus padres les saquen una foto a lomos del perro de colores. Los papás tampoco se resisten a inmortalizar el momento, aunque no se atreven a subirse al animal. La escultura se ha convertido, sin duda, en uno de los objetos más fotografiados de la capital y, probablemente, de la provincia.


Es un gozo ver tanta gente por aquí y por allá. No solo los viajeros accidentales, sino esos sorianos que vuelven a la tierra en estos días. Hay un estudio que señala que la capital, en los momentos punta del verano, llega hasta los 80.000 habitantes. La Exclusiva, la admirable empresa soriana que abastece a todos los pueblos sin tienda, calcula que la población de esas localidades llega a triplicarse. Lo mismo sucede con los pueblos más grandes.


¿Cuánta gente llega a vivir en Soria en este delicioso espejismo veraniego? ¿Cien mil almas? ¿Ciento cincuenta mil? No hay, que yo sepa, números hechos cabalmente, pero no es descabellado pensar que por ahí se andará. Así era la Soria de hace sesenta años, antes de que comenzaran los exilios forzados. ¿Podemos construir en tres o cuatro semanas una cúpula que cubra la provincia, como en un cuento de Stephen King o en la película de Los Simpson, para que no puedan irse?