Heraldo-Diario de Soria | Sábado, 17 de noviembre de 2018

5:40 h. SOBRE VIVIR

Tierra de nadie

26/07/2018

EN 1835, el escritor y periodista Mariano José Larra y Sánchez de Castro (Madrid, 1809-1837) cruza media España y no ve más que un «desierto arenal», una «inmensa extensión» de «desnudo horizonte», tres días rodando «por el vacío». Pasados 70 años, por esos mismos lugares, más o menos, donde Larra no vio nada, Antonio Machado ve «carros, jinetes y arrieros», «rudos caminantes», «viajeros que cabalgan / en pardos borriquillos», «pastores que conducen sus hordas de merinos», «decrépitas ciudades», «dispersos caseríos», «el mesón al campo abierto», «el hogar donde la leña humea», «roídos encinares», «cerros cenicientos» y «montes de violeta».


Estas citas corresponden a su poemario «Campos de Castilla», de 1912, que puso a Soria en el mapa cultural del país. Vio los «pinos del amanecer / entre Almazán y Quintana!» en «Otro viaje» en tren (y lo recordó desde Baeza). Curiosamente, Antonio Machado nos enseñó a mirar un paisaje que nadie veía, ni tan siquiera los mismos sorianos.


De ahí que esta provincia, por invisible, haya sido relegada, cual Cenicienta, por los sucesivos gobiernos de España, y hasta ignorada también por la mayoría de los viajeros extranjeros. Bien sabido es que lo que no se visibiliza no existe.


Viajaba con frecuencia Machado en tren a Madrid, donde residía su madre. En su vagón de tercera recorría el trayecto desde la entonces estación de San Francisco de Soria (hoy del Cañuelo) hasta la del Mediodía de Madrid (hoy Atocha). Con trasbordo en Torralba del Moral. De ahí que se le apode El Torralbilla a este tren.


Una vía de 94 kilómetros que se inauguró el 1 de julio de 1892, cien años antes del primer AVE Madrid-Sevilla. El Torralbilla cumplía su cometido de transporte de viajeros con parada en todas las estaciones. Pero ahora, en pleno siglo XXI, su funcionamiento deja mucho que desear. No hay día en que no se produzca avería o retraso.


Soria, más cerca de Madrid que Barcelona, Sevilla o Zaragoza, está, sin embargo, mucho más lejos en tiempos de acceso por tren. La línea en cuestión se ha convertido en una auténtica metáfora del porvenir provincial. «Coger el tren» o «perder el tren» se aduce aplicado a su futuro incierto.
Y los políticos juegan con el tren al tiquitaca. Soria, por invisible, no existe. Porque tierra de nadie es su nombre. Como la más oscura de los muertos.