Heraldo-Diario de Soria | Miércoles, 26 de septiembre de 2018

20:48 h. QUINTA ESQUINA

Santiago Martí Gómez Lechón: «Volando aprendes disciplina, respeto y lo iguales que somos entre diferentes»

Este hombre de palabra reposada y ojos azulcieloSoria tiene un compromiso absoluto a favor del viento. Apunta inteligencia humilde al decir que el acierto es «sólo cuestión de prueba y error» y, más aún, reconociendo que más de una vez se equivocó de ruta. El presidente de Airpull pilota una escuela de vuelo con un nivel de crucero mucho más alto que el que se ve desde el suelo y su ruta de navegación no ve el horizonte. Mientras, trabaja en hacer de Garray una base de operaciones de referencia.

P. PEREZ SOLER 07/08/2018

Pregunta.– Y el hombre voló y se hizo grande.

Respuesta.– Ha sido el dominio del aire, quizá el perfeccionamiento del transporte y del movimiento del hombre en cuanto al medio. El hombre se hace más grande en la medida en que contribuye a la capacidad de conocimiento, geográfico sobre todo. Nos hace más universales.

P.– ¿Qué sintió la primera vez?

R.– En mi primera vez volando sentí una sensación no experimentada antes de libertad. Sentí que se me abría una puerta para el movimiento y el conocimiento, sobre todo de otros sitios y culturas. Ampliar mucho mis fronteras.

P.– La ambición más imposible que le ha pasado.

R.– Supongo que muy en el fondo del alma de cualquier piloto es la conquista del espacio. (Aspira a mucho ¿no?). No, pero supongo que ésa será siempre la última de lo que puede llegar a ser. Y pasarían dos cosas. Contribuiría a darnos cuenta de lo poco que somos y de lo inmenso que es el campo a explorar y lo que podemos llegar a alcanzar.

P.– ¿Eso lo hace el volar?

R.– Eso es una de las cosas que descubres cuando vuelas. Lo inmensamente grande que es todo y lo pequeña que es la parte que dominamos. Cuando lo ves desde arriba, te das cuenta de lo ridículamente pequeña que es la parte que el hombre domina y habita.

P.– Sé como es la llamada de la tinta. Cuénteme usted cómo es la llamada de los nudos.

R.– En mi caso en particular es desde pequeño porque vivía cerca de un aeropuerto internacional, en concreto del de Valencia. Los veía llegar y salir. Pensar que a lo mejor vienen de un país que para ti es muy remoto y en unas horas estará en otro sitio igual de remoto. Y las posibilidades que eso tiene.

P.– ¿Su avión despega o está a medio vuelo?

R.– Mi avión está en permanente ascenso. Mantenemos esa actitud y ya veremos cuál es el techo de vuelo que alcanzamos. Me refiero al aeródromo de Garray y a todo el proyecto de Airpull en su conjunto que no solo afecta a Soria, aunque es una parte importante de ese proyecto. Pero siempre con ideas nuevas y metas más altas.

P.– ¿Soria cree sus aviones o le falta pilotar un ultraligero?

R.– A Soria le falta creérselo un poco pero no solo en el ámbito aeronáutico. Mi percepción como no soriano es que son muchas más posibilidades de las que explotáis y la sensación de que se tiene cierto complejo de ciudad pequeña y poco poblada.

P.– Va ser el paracaídas. ¿Cómo es el nivel de riesgo?

R.– En mi opinión es un nivel de riesgo muy bajo siempre que uno sea consciente de lo que está haciendo. No me parece más arriesgado que muchas otras actividades a las que estamos acostumbrados, como ir en moto o en coche. O el running, en la que como toda actividad uno ha de ser consciente de su preparación y de sus límites. Las cosas se complican cuando uno intenta hacer cosas que no sabe o el material de que dispone no es el correcto. Es sentido común.

P.– ¿Dónde aloja su miedo?

R.– Cuando llega esa situación, más por una percepción subjetiva tuya que porque en realidad estés en un peligro real, yo tengo ciertas convicciones religiosas, se echa uno un padrenuestro y se le pasa.

P.– ¿En Soria se vuela igual o mejor? Lo digo por los cielos.

R.– En Soria durante la mayor parte del año se vuela de forma excelente y tenemos, gracias a esa falta de población, absoluta libertad en el uso del espacio aéreo. Eso es algo que los pilotos valoran particularmente.

P.– ¿Qué vemos desde el aire que no a ras de suelo?

R.– La tremenda belleza de la provincia y eso lo ves cuando vuelas aquí y sobre todo te das cuenta comparativamente cuando vuelas en otros sitios.

P.– ¿Qué aprendo si aprendo a volar?

R.– Aprendes cierta disciplina, aprendes el respeto por la naturaleza y la meteorología y lo iguales que somos entre diferentes. En el mundo del vuelo nos relacionamos con gente de muchas nacionalidades porque es un mundo relativamente pequeño, compartimos aficiones, vuelos. ¿Y sabes? Al final te das cuenta de que todos somos iguales. Es curioso porque tampoco existe ni la derecha ni la izquierda ideológica. Eso es muy bonito.

P.– ¿Cómo es su relación con las máquinas?

R.– Es una relación personal, de mucho respeto. Y afecto también. A la máquina hay que cuidarla. Cuando tú haces eso, funciona como tiene que funcionar y ella misma te transmite confianza. Ves que la máquina se comporta y hace lo que tú quieres que haga.

P.– ¿Qué le resulta leve en medio del cielo?

R.– Cuando estás volando todo pierde importancia, todo se centra en eso. De hecho para mí es hasta terapéutico. Esos días malos que todos tenemos en algún momento… una buena terapia es salir a volar. Eso te cura todo.

P.– ¿Seremos demasiado ambiciosos intentando parecernos a Ícaro?

R.– No intentamos parecernos a Ícaro. En mi caso es no trato de imitar nada. Respeto mucho a las aves, que están en su mundo natural.