Heraldo-Diario de Soria | Domingo, 23 de septiembre de 2018

PASABA POR AQUÍ

Agosto inhábil

LUIS MIGUEL LARGO 17/08/2018

Me despierto escuchando los tiros de los cazadores de la media veda y descubro que ya hemos pasado el meridiano de este caluroso mes de agosto al que le pronostican las tormentas habituales para los próximos días que fastidiarán alguna verbena o alguna actuación voluntariosa organizada por el ayuntamiento de turno o por la asociación de rigor que pretende volver a generar actividades que animen al respetable a volver al pueblo, aunque solo sea por los días de fiesta. Agosto sigue siendo ese mes donde se cruzan los jóvenes que se van a acostar con los que se levantan antes de la amanecida para ir a pegar tiros al campo, aunque luego se junten todos a tomar el vermut en el bar del pueblo.


Este mes de agosto, que debiera ser inhábil como en la Administración con mayúsculas, pudiera parecerse a todos los meses de agosto de la última década, pero se diferencia en que va todo retrasado por las lluvias caídas que han hecho que en las zonas altas de la provincia todavía estén trabajando duro las cosechadoras, seguidas de las empacadoras, para rematar la faena cuanto antes, que también quieren descansar los agricultores y pajeros después de tanto trabajo.


Habitual agosto donde es raro el que no se queja de lo que ha cambiado este mes desde que era joven y feliz; los cazadores sueñan con llenar la percha de codornices como antaño y culpan a los agricultores que dejan el campo raso, hecho un solar; los agricultores se quejan de que los cazadores no respetan lo sembrado y nadie les paga los daños producidos por los animales; y también se quejan los ayuntamientos que cada año recogen menos dinero de los cazadores que cada vez son menos y aun así capturan menos piezas, por lo que no les sale a cuenta la afición, a pesar de que insisten año tras año en volver.

Cazadores y codornices comparten la premura por disfrutar durante unos cortos días de su estancia en Soria y marcharse a la velocidad del rayo, si es que los perdigones perdonan a unos su emigración a África y a los otros su vuelta al dulce hogar lejos del campo.