Heraldo-Diario de Soria | Miércoles, 21 de noviembre de 2018

SIN ACRITUD

Tertulias de Poyo

27/08/2018

ACABADO el periodo vacacional del estío, de nuevo cojo el cálamo para volver a esta sin acritud, ¿decana columna de la prensa local?. La razón principal es que si se deja o, se aparca, el hábito de escribir se embota la sensibilidad y hasta la capacidad de la crítica juiciosa y, rememoro aquella máxima de Plinio el Joven, abogado y escritor romano de la primera centuria que se carteaba con Trajano cuando el emperador le pedía consejo sobre cómo tratar a los cristianos, algo de actualidad tiene ya que la progredumbre actual, en este caso, produce ad nauseam-.

Sí, decía que este sabio romano escribió que «el hombre es feliz si hace cosa dignas de ser escritas o las escribe dignas de ser leídas». Ese es, ha sido siempre, mi propósito, claro que también es cierto que ea est hominum conditio, ut nemo sua sorte sit contentus, que en soriano dice que, tal es la condición de los hombres que ninguno está contento con su suerte.
He vuelto a estar, in situ, en los pueblos de mi terruño, hablando con mi gente, sintiendo la enfermedad necrosa de la despoblación que, déjense de cuentos los que cobran y bien de los erarios públicos, no tiene solución. Se han dejado morir la tierra que nos parió. Es cierto que los pueblos se revierten en verano con la vuelta de oriundos y exportados que, como bien dice el Director del Instituto Leonés de Cultura, «vuelven al origen para atisbar pasados y memorias y para incordiar a los vecinos que tienen gallinero y por eso protestan cuando, al amanecer, canta el gallo o cacarean las gallinas».

A estos «repobladores» les llama Adolfo A. Ares, «salvajamones».
Ya ha vuelto, en el terruño, el sosiego de la quietud y del silencio, del quebranto de la soledad, del olor a ratrojal, del paisaje y paisanaje de rutina en su huelga de perenne siesta. Pueblos vacíos, comarcas vacías, desiertos demográficos donde faltan niños, brazos, aquellas ganaderías comunales, aquellas tertulias de poyo al atardecer… mientras las hordas ideologizantes se enrocan en otros pasados y solo ven cohecho impropio en los demás, viejas malquerencias cainitas que reviven en la retina de los viejos, en la memoria, dando vida a aquellos, otrora, fantasmas que dormían en la paz consensuada de la soledad, la misma en la que permanecen nuestros pueblos de Soria.