Heraldo-Diario de Soria | Lunes, 19 de noviembre de 2018

INUNDACIONES EN EL SURESTE DE LA PROVINCIA

Cerca de dos metros de agua devastan el monasterio de Santa María de Huerta

El edificio se ha llevado la peor parte, ya que en algunas zonas del interior el agua alcanzó los dos metros de altura

Virginia Fernández 11/09/2018

«Cada vez es peor». Así definían ayer los vecinos de Santa María de Huerta, al sureste de la provincia, la devastación provocada por la última tormenta, que tuvo lugar en la tarde del domingo, y que provocó que el agua de tres barrancos llegara al municipio formando un solo río que arrasó con todo lo que encontró en su camino. Las huellas de esa devastación eran ayer, después de una intensa noche en la que pocos lograron conciliar el sueño, visibles y previsiblemente lo seguirán siendo durante semanas.

La peor parte se la ha llevado el monasterio cisterciense, en cuyo interior el agua llegó a alcanzar los dos metros de altura. La imagen del edificio era ayer desoladora: retablos que caían, libros antiguos mojados, el barro alcanzando las imágenes religiosas... Los operarios de las distintas instituciones se afanaron durante la jornada de ayer en retirar la mayor cantidad de barro posible, de un barro de cubría no sólo el suelo sino también las paredes, donde quedaba la constancia de la altura alcanzada por el agua.

El abad del monasterio, Isidoro Anguita, explicó que no es la primera vez que el agua anega el monasterio, aunque sí ha sido la que ha causado mayores daños. «Ha sucedido lo que ya ha ocurrido otras veces. Por toda la barranquera que viene por Torrehermosa cada vez que llueve todas las aguas vienen a para a Santa María de Huerta, especialmente al monasterio. Mientras los muros aguantan la cosa mal que bien se va solucionando; en cuanto revientan vienen los problemas», comentó.

Anguita recordó que en 1996 hubo «una riada muy fuerte», aunque se pudo controlar el agua; en 2015 «ya tiró el muro del cementerio, que fue algo llamativo porque se llenó el camposanto hasta que rompió el muro del otro lado», y hace unos meses «volvió a avisar el agua». «Yo creo que algo se ha debido de hacer ahí porque no es normal que esto se dé con tanta frecuencia», señaló.

El agua entró al recinto religioso al romper un muro, formándose una balsa hasta que «a fuerza consiguió romper otro de los muros» para ir a parar al río. Durante la tormenta además de los monjes que residen en el monasterio había turistas alojados en la hospedería con la que cuentan e incluso en la iglesia. «Tuvieron que subirse a la zona del altar y a los bancos», indicó.

Por todo ello la planta baja del monasterio «ha quedado muy mal», tanto las áreas utilizadas por los monjes en su día a día como la «zona artística». «El agua llegaba a un metro de altura, ha entrado en la iglesia, donde ha tirado un retablo, ha llegado al refectorio gótico, el claustro... Una penita», lamentó. «Sólo para quitar el barro habrá que echarle semanas; hay muchísimo. Y también dependerá del personal que haya. Ahora hay muchos obreros, pero no creo yo que vaya a ser así todos los días», comentó.
Anguita no había calculado ayer los cuantiosos daños. «Estoy doloroso pero sé que con el tiempo se termina arreglando. El problema es que un día vaya a más, que haya daños personales. Eso sí que me preocupa», aseguró.

Y es que a pesar de la devastación existente tanto en el monasterio como en las calles de la localidad no hubo que lamentar daños personales a pesar de que en el interior de alguno de los vehículos que fueron arrastrados por la fuerza del agua se encontraba uno de los vecinos, que tuvo los reflejos necesarios para poder conducir el coche hacia una zona segura.

El abad del monasterio pidió que se encaucen los barrancos que provocan estos problemas. «No hay más. Si la barranquera lleva agua le tienes que dar salida. Puedes poner unos muros, puedes poner lo que quieras pero al final son parches. Hay que asumir que es necesario», comentó. Anguita aseguró tener «paciencia» pero matizó que los vecinos «están muy enfadados». «El pueblo y el monasterio es una sola cosa y lo que le va mal a uno le va mal al otro», explicó.

Durante la jornada de ayer los operarios de las distintas instituciones desplazados a la localidad se afanaron en retirar el barro y limpiar las calles y el monasterio. La Diputación Provincial desplegó un operativo formado por más de 30 operarios, además de numerosa maquinaria con la que facilitar las labores. A ellos se sumaron efectivos de la Junta de Castilla y León y de Protección Civil. También se personaron en el municipio representantes de las diferentes instituciones, como el presidente de la Diputación, Luis Rey; el jefe del Servicio Territorial de Cultura de la Junta de Castilla y León, Carlos de la Casa, así como el responsable de Protección Civil de la Delegación Territorial, Fernando Arribas, entre otros.