Heraldo-Diario de Soria | Martes, 26 de marzo de 2019

10:33 h. MUNDO RURAL

El «lujo» de trabajar en la ‘Ciudad del Cielo’

Esther de Diego regenta una tienda en Medinaceli Villa, tercera generación vendiendo pan, bollería y otros productos

P. PEREZ SOLER 13/12/2018


El patio de su casa no es particular. Es «De Diego». De María Esther de Diego, como antes lo fue de su abuelo, Mariano, y después de su padre, Bernardino. En este patio familiar, además de su vivienda, está el establecimiento que regenta, el único comercio en Medinaceli Villa. Un tentempié dulce en forma de pasta después de un paseo por siglos de historia o un recuerdo gastronómico para llevar, se sea o no turista... Más de dos décadas lleva Esther detrás de un mostrador, por el que han pasado ya tres generaciones. «Un lujo estar aquí», cuenta refiriéndose a su trabajo pero especialmente a uno de los municipios más bonitos y con más patrimonio histórico de Soria. La Ciudad del Cielo es, coincidimos con ella, un lujo.

Mariano de Diego Soriano comenzó con una panadería, que luego su hijo amplió a tienda, también con productos sorianos, estela que continuó la tercera de sus cuatro hijos. Toda la familia reside en Medinaceli.

En el comercio de Esther, el surtido de bollería es amplio, como el de los productos de la tierra... Al margen del pan, están las hogacitas, unas tortas de manteca típicas de Medinaceli, llamadas secajos, milhijoas de mantequilla dulce, rosquillas de distintos tipos... Es lunes, tres de diciembre, y la tienda, a la que se accede por un patio que da acceso a tres o cuatro viviendas, es un continuo trasiego de clientes. Los hay que entran, saludan por el nombre, y piden una barra o un producto básico: vecinos de la zona alta del municipio, donde en invierno hay unas 80 casas abiertas. Otros están de paso. «Hoy es fiesta en Navarra y cuando hay fiesta en alguna provincia cercana, se nota».

La comerciante habla con gusto de su trabajo, del que está «encantada». Asegura que nunca ha tropezado con nadie maleducado ni ha tenido una palabra más alta que otra con un cliente. Y, a modo de anécdota, apunta que en ocasiones tiene que explicar que el patio por el que se accede al establecimiento es un patio privado y no una placita, en la que, no obstante, apetece quedarse. «Es verdad que esto no es un restaurante, en el que, bueno, puede ser algo diferente... Aquí la gente siempre es muy correcta, la verdad».

Esther de Diego aprovecha y vende su pueblo, para el que solo tiene palabras de elogio. «Sólo hay que dar un paseo por las calles, está limpio, es bonito, acogedor... Ya sabes todo lo que hay aquí», enfatiza, citando el gran Arco Romano, el único de triple arcada que hay en el país, al que se suman las murallas, la Colegiata, la Plaza Mayor... «Y es que además es un pueblo cómodo, muy cómodo para pasear, no hay cuestas y puedes hacerlo tranquilamente». A esta oferta patrimonial se suma una oferta hostelera «muy viva, con bares, sitios para dormir, restaurantes...», agrega.

La tienda está abierta todos los días del año, a excepción de Navidad y Año Nuevo. En invierno, únicamente por las mañanas hasta las 14.30 en días laborables; y el resto del año y fines de semana, también por la tarde.

Por el establecimiento pasan rostros famosos y personas conocidas en divesos ámbitos. El periodista y escritor Andrés Aberasturi «siempre entra» y Juan y Medio también se pierde por el lugar. «Dice que le encanta el olor a leña quemada cuando va paseando, el olor a pueblo, por eso siempre viene por la noche, nos cuenta».

El resto de la familia, a excepción de una hermana, también se dedica a la hostelería. El hotel restaurante Bavieca lo lleva Charo de Diego; y el bar restaurante El Rincón de la Villa está regentado por Manín de Diego