Heraldo-Diario de Soria | Sábado, 23 de febrero de 2019

0:35 h. JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ

«España debería sonar a 'vamos a entendernos y no a mirarnos el ombligo’»

Su afición a la música se la debe a una profesora de Sexto de EGB, «se lo comentó a mis padres y ese gesto me cambió la vida». Empezó a estudiar solfeo e incluso obtuvo una plaza en el Conservatorio de Zamora. Pero él quería ‘sonar’ libre y a los dos años lo abandonó porque «quería hacer conciertos por el mundo»

J. I. FERNÁNDEZ / VALLADOLID 04/02/2019

Pregunta- Me acabo de enterar de que el saxofón se llama así porque lo inventó Adolphe Sax.

Respuesta.- Así es. Un inventor belga que quiso unir la fuerza de la trompeta con la dulzura del clarinete. Este año pasado tuve la oportunidad de visitar Dinant, el lugar donde vivió, y es una ciudad llena de saxofones. Una cita obligada para los amantes de este instrumento.

P.- ¿Algún secreto más?

R.- Pues la forma que tiene en pipa, para mí es uno de los instrumentos más bonitos, es una forma que atiende a la comodidad y no a la estética. El saxofón viajó y se encontró con un amigo del que es eterno, el jazz. Juntos vivieron un siglo XX maravilloso. Iban por los suburbios de Nueva Orleans y pronto progresaron y entraron en clubes de elite, en teatros y ahora son estudiados hasta en la Universidad.

P.- Pues cierro los ojos y el primer saxo que viene a la cabeza es el de Kenny G.

R.- (Risas). No es uno de los saxofonistas más valorados, está catalogado como un buen músico, pero muy comercial, y parece que eso no gusta. A mí no me parece mal, pero es cierto que es muy meloso, prefiero otros como John Coltrane o Dexter Gordon, pero si te gusta no hay problema.

P.- ¿Así que se puede vivir del saxo?

R.- Cuando conviertes una vocación en un negocio para vivir necesitas dinero, y eso se genera haciendo negocio. Se puede vivir siempre y cuando haya elementos que lo acompañen y pueda llegar a la gente. Tiene que tener un abrigo de otras cosas.

P.- ¿Se liga mucho con un saxo?

R.- Mucho menos de lo que la gente piensa. Es parecido a lo de vivir del saxofón, hay que tener una serie de refuerzos. Pero yo creo que no he ligado nunca, tienes simpáticas conversaciones pero no pasas de eso.

P.- ¿La clave está en la boquilla?

R.- ¿Para ligar o para tocar? (Risas). La verdad es que la boquilla es muy importante. Yo tenía un buen saxofón pero hasta que no me recomendaron una buena boquilla no noté el cambio. Es como un coche con buenas ruedas, pero luego la musculatura de la boca es muy importante, como le puede pasar a un atleta.

P.- ¿Toca el saxo o se deja tocar?

R.- Nos retamos. El instrumento me lleva al límite y me exige mucho. Pero yo también le reto, le busco y le pregunto para que me conteste.

P.- Dicen que usted es ‘el silencio asesino’. ¡No me asuste!

R.- (Risas). Esa frase la dijo mi amigo López de Guereña y me resulta curiosa.Tocar el silencio es una de las cosas más enigmáticas que hay, crea una atmósfera de misterio y de vértigo.

P.- También leo lo que dicen los críticos sobre usted y todo son maravillas. Dígame alguna crítica negativa que le hayan hecho.

R.- (Risas). Siempre he sido un músico que ha tratado de evolucionar y he sufrido algún comentario-como ahora se aconseja tanto y se dan tantas lecciones- para que tocara más jazz clásico, el estándar. Pero a mí me gusta el progreso y hay que evolucionar.

P.- Le pasa como a Rosalía, ¿los puristas no aceptan las fusiones?

R.- Mira procedo de una familia de necesidad, y veo a mis padres y ellos son los puristas, y veo a mis hijos que son el futuro. Y me gusta entenderles a los dos, por eso te digo que hay que aprovecharse de esos dos mundos.

P.- Jazz y noche van de la mano, ¿cuántos bares ha cerrado?

R.- ¡Amigo!, la verdad es que muchos. Cuando me encuentro bien lo disfruto todo lo que puedo, cuando estoy con amigos he observado que soy de los últimos en marcharme. Es un placer compartir momentos de felicidad después de los conciertos.

P.- Ha sido embajador de Castilla y León y de Valladolid. Toca presumir de saxo.

R.- No me duele en prendas en decir que tenemos una tierra maravillosa con espacios, historia y gastronomía fabulosas.

P.- Pero usted suele ensayar en Olmos de Esgueva, y esas zonas se quedan solas. ¿A quién va a tocar?

R.- Sí, es una pena, en zonas rurales hay mucha salud y libertad pero esa es una dificultad. Está muy bien irse a un pueblo pero hay que tener facilidades.

P.- Leí en una entrevista que su canción favorita era ‘Tatuaje’.

R.- Vete tú a saber cuándo dije eso. Pero es cierto que es una canción redonda, da para una película. Habla de los viajes y eso me seduce. Una historia de amor radical.

P.- ¿Tiene alguno?

R.- Yo siempre digo que tengo uno muy íntimo y lo conté en un pequeño cuento. ‘Alguien le preguntó por una cicatriz en el pecho, y contestó es un tatuaje porque me abrí el pecho para tatuarme el corazón’. Yo no me he abierto nada, pero no te quepa duda de que quizás en años algún loco se abra el pecho para tatuarse el corazón.

P.- ¿Es capaz de hacer música con cualquier objeto?

R.- El método Pascal dice que cada objeto tiene su propia voz y sonido, yo creo en ello. Cuando yo inventó uno no es para imitar, yo quiero llegar a lugares donde los instrumentos convencionales no llegan.

P.- ¿Cuál es su favorito?

R.- Eso es como preguntar por un hijo favorito. Creé una historia de amor entre la luna, un tambor, y el viento, una tubería, lo llamé panderidoo, y es uno al que tengo mucho cariño.

P.- ¿Qué instrumento sería?

R.- Jamás me han preguntado esto, yo creo que la voz, que es el instrumento que todos llevamos dentro.

P.- ¿Ponga música a la España actual?

R.-Cuando suena España es temperamento, pero a la actual la pongo la Novena Sinfonía, que suena a un ‘vamos a entendernos y no mirarnos tanto el ombligo ni a nuestra silla. Hagamos lo que hay que hacer, que es mirar por el bien público’.

P.- ¿A quién dedicaría un ‘solo’?

R.- A cualquier persona, pero cada vez me gusta más hacerlo con los niños.

P.- ¿Dónde le queda por tocar?

R.- No soy megalómano, en cualquier sitio donde haya una atmósfera de atención y respeto a la música. Cuando toco en el Café Central, un sitio pequeño, me siento igual de feliz que en un gran auditorio.

P.- Recuerdo a Lisa Simpson con Murphy en Los Simpson. ¿Qué le parece esa imagen de un saxofonista tocando debajo de un puente?

R.- La música te llena tanto que te da lo mismo tocar debajo de un puente o en un pinar. La música te mete un veneno dulce y amargo que ya no hay marcha atrás.