Heraldo-Diario de Soria | Jueves, 18 de julio de 2019

14:25 h. TODA UNA VIDA DE ALCALDES

«Se me han muerto en este tiempo cuatro partidos políticos»

Faustino González Miguel prefiere reservarse la edad, aunque a juzgar por su aspecto ya ha cumplido los sesenta. De ellos, nada menos que cuarenta lleva al mando del Ayuntamiento de la localidad vallisoletana de Cuenca de Campos. Cuatro décadas en que el municipio terracampino ha ganado en infraestructuras, en conservación de patrimonio, en servicios, en paisaje...

SANTIAGO G. DEL CAMPO VALLADOLID 24/03/2019

Le enviaron de niño a estudiar a la ciudad del Carrión, a los Maristas. Cada vez que en vacaciones señaladas el tren le devolvía a la estación de su pueblo, pensaba: «Ojalá alguien plantara aquí árboles y parques como los que hay en Palencia». Fue el germen discreto de una vocación. Cuando, ya adulto, accedió a la Alcaldía, aparecían censados sólo 26 árboles en el término municipal. Hoy, 40 años después, 26.000 ejemplares se distribuyen a lo largo y ancho de su territorio.

«Quién me iba a decir que sería yo quien tuviera la oportunidad de plantarlos», declara, pensativo, Faustino González Miguel en respuesta a este periódico. Al echar la vista atrás son cosas sencillas, como esa, las que más valora. Y por encima de todas, el apoyo permanente de sus paisanos: «Agradezco muchísimo, de todo corazón, el apoyo de mis vecinos durante todos estos años, en los que me han dado una mayoría absoluta tras otra». Se trata de un apoyo «no del que viene y te da una palmada en la espalda, sino de aquellos que, en secreto, sin que nadie los vea, han metido una papeleta en la urna y han confiado en mí», subraya.

Recuerda como si fuera ayer la fecha de la primera vez que tomó en sus manos el bastón municipal. «Ganamos las elecciones del 3 de abril de 1979, las primeras municipales de la Democracia, y tomamos posesión el 19 de abril». Desde entonces, diez legislaturas, una detrás de otra, ha obtenido mayoría absoluta para formar Gobierno. Por poner un ejemplo, en este mandato que termina, el PP, su partido, cuenta con seis concejales, de los siete que forman la Corporación.

Desde ese día «la ilusión no ha mermado, ha sido la misma», asegura. La afirmación le delata poco después de asegurar, cuando se le pregunta por el tema, que no tiene decidido si presentarse de nuevo como cabeza de lista. «Aún queda tiempo, no tengo nada hablado. Es mi decisión al margen de los partidos», dice. «Lo haré en función de la ilusión que tengo ahora».

«No sé cómo la gente mantiene la ilusión, pero en mi caso la tengo, y también proyectos por realizar», añade. Entre otros, guarda dos asuntos «estrella» pendientes: «Existe una galería que abastecía a Cuenca de Campos, en el medievo», explica. «Una galería por la que se camina, y al fondo hay un pozo muy bueno, el ‘Pozo Bailón’, que conocemos todos los de aquí, pero mi ilusión es hacerlo visitable». Se trata de una obra «de ingeniería del año 1300», y «no es de recibo que esté como está».

Por otra parte, en la ermita hay un órgano «muy bueno, de varios siglos, que está inoperativo». Otro de sus objetivos es que vuelva a sonar, y para señalar la urgente necesidad de hacerlo pone en valor que esté «en el paraje donde está», es decir, «en pleno Camino de Santiago, en un oasis de árboles, al margen de muchas más cosas». Buscará dotación presupuestaria, «a través de los Planes Provinciales, o quizá con la Junta», para allegar «una dotación presupuestaria adecuada». Una dotación que en el caso de la galería, «tampoco es millonaria».

La evolución del pueblo en 40 años ha sido notable.Aparte de la ingente reforestación mencionada, desde los 26 árboles a lo largo de las 5.000 hectáreas del término municipal, hasta los actuales 26.000, se han arreglado «cantidad de lugares, ermitas, caminos, y aledaños». Se ha solucionado un problema de insuficiencia de abastecimiento de agua en los meses de verano. «Lo resolvimos con una perforación capaz de abastecer a 3.000 habitantes. Y ahora, con la piscina, no hay limitación de abastecimiento para los vecinos».

En la otra cara de la moneda, el problema común a todos los pueblos, en la actualidad: la despoblación. Hace cuatro décadas «había 700 y algo habitantes, y ahora apenas 230». Un fenómeno que también han sufrido los pueblos colindantes, «como Villalón, que tuvo hasta no hace tanto más de 4.000 vecinos, y ahora no llega a 2.000».

Él mismo, casado y con dos hijos, ha visto cómo sus descendientes se han ido a trabajar a la ciudad. «Lo positivo es que tienen un vínculo con el pueblo, vuelven todas las semanas», dice. Precisamente para que las nuevas generaciones, los ‘hijos del pueblo’ mantengan ese vínculo, ha acondicionado lugares de ocio, como la piscina, «la primera de la comarca». «En verano somos más de mil en el pueblo, y ahora las infraestructuras son capaces de abastecer a todos», señala.

Agricultor, ganadero y viticultor, él también ha contribuido a fijar población, dando trabajo en sus explotaciones. «Planté las viñas en el año 92, y conseguí que entráramos en la Denominación de Origen Tierra de León. Así podemos fijar algo de población con la ganadería y la viticultura».

Su lucha contra la despoblación no se ha quedado ahí, sino que Faustino lidera un plan para combatirla: «Hemos creado la Fundación Rehabitar, que yo presido. Creemos que será un motor y un eje importante para repoblar Tierra de Campos, volviendo a prácticas ancestrales». Entre sus objetivos inmediatos está la recuperación de los típicos palomares, con un objetivo concreto y actual: la cría de pichones. «Queremos transformar también naves de porcino para criarlos, porque hay una demanda importante en la restauración».

«Por ejemplo Martín Berasategui, con quien tengo buena amistad, está esperando que enviemos pichones. Eso sí que fija población, porque es un producto artesanal, no industrial ni que pueda ser fabricado de forma mecánica», explica. «El matadero de pichones de Cuenca, el único que existe en Castilla y León, tenemos que hacerlo crecer, para que sea mucho más frecuente la matanza de pichones. Además, en el pueblo se crían otras aves como perdices y codornices».

Si evolución ha habido en el pueblo no menos ha sido el cambio en el panorama político. «No sé si habrá sido mala o buena suerte, pero a mí se me han muerto en este tiempo varios partidos políticos a los que he pertenecido», relata. El primero fue UCD, ‘difunto’ en 1982. El segundo Unión Liberal, que duró hasta 1984. «Luego me tentaron desde un proyecto en el que creí mucho, la ‘Operación Reformista’ que lideraba Miquel Roca. Milité y fui candidato al Congreso de los Diputados, pero no cuajó y se cerró en 1987».

Después le llamaron del CDS de Adolfo Suárez, «y acudí», recuerda. «Fui miembro del comité ejecutivo provincial, pero también desapareció, en el 91 o así. Duró un mandato. Aquí salió Antonio Garrosa como diputado por Valladolid y no volvió a tener ni un diputado más».

Tras ese episodio es cuando «se centra el PP y lo preside José María Aznar», relata. «Entré, y ahora estoy muy convencido con el Partido Popular. Casado me parece una persona brillante, y ahora tendrá que demostrarlo cuando sea presidente del Gobierno».Sin embargo, frente a la ‘moda crítica’, él opina que Mariano Rajoy «en una España arruinada fue capaz de sacar esto adelante, con medidas necesarias, no como otros países que tuvieron que ser intervenidos».

Entre los logros de su gestión, hay uno que considera especialmente importante: la residencia de ancianos. «Siempre vi la necesidad de que el pueblo tuviese una, para que cuando los mayores no puedan seguir viviendo solos, puedan quedarse en su pueblo, cerca de su entorno», apunta. «Lo conseguimos en 2003, cuando se inauguró la residencia, con 25 plazas. Hasta ahí llegó el presupuesto», señala. «También sirve para fijar población, porque así se censan 25 personas de Cuenca de Campos y de la comarca, así como las personas que trabajan en ella».

Recuperar tradiciones, cultura y patrimonio son otros de sus retos. A la única estación de tren perfectamente rehabilitada en la comarca, se une la reconstrucción de la peculiar torre de ‘El Conjuradero’, donde los antepasados rogaban contra el granizo. Tras décadas de olvido han vuelto los conjuros, esta vez para ahuyentar la amenaza del éxodo.