Heraldo-Diario de Soria | Domingo, 15 de septiembre de 2019

«Educación estira y estira el chicle, pero se quedan alumnos sin valorar»

Los equipos de orientación se sienten «desbordadon» y «frustradon» por «no llegar a todos»

M. PELÁEZ VALLADOLID 14/07/2019

A su escritorio no le cabe ni un expediente más y su reloj no marca suficientes horas en el día. Está «desbordado». Santiago Cerro, con 17 años de experiencia a sus espaldas, es el único orientador para atender a los 250 alumnos de uno de los institutos que existen en la localidad salmantina de Béjar. 
Y, pese a todo, sabe que es un hombre con suerte. Su instituto, «por aquello de estar en el medio rural», tiene justo la ratio que recomienda la OCDE. Sin embargo, otros en la Comunidad con 1.000 alumnos, y más, cuentan también con un único orientador que lidera el departamento –el cuádruple de lo aconsejado–.

«La Consejería no entra a valorar el trabajo real que tenemos que hacer los orientadores; se rige por cupos numéricos», subraya Cerro, que no se explica cómo lo hacen en otros centros porque él asegura que con su jornada laboral no le llega. Por ello, se ve obligado a aportar su «tiempo libre» e incluso a prorrogar su estancia en el centro en julio «para preparar materiales y adaptaciones curriculares para el siguiente».

Entre sus «múltiples labores» figura la de identificar las necesidades educativas de los alumnos, apoyar el aprendizaje de aquellos que no siguen el ritmo, organizar la acción tutorial, asesorar a los estudiantes sobre sus salidas académico-laborales, participar cada semana en las dinámicas para trabajar la igualdad, la discriminación, el acoso..., reuniones de coordinación con su equipo, con los tutores y con las familias... y además impartir la asignatura de Iniciativa Emprendedora.

«Informes y más informes, protocolos y más protocolos». «Me hacen sentir más burócrata que docente», subraya, mientras explica que tiene la sensación de «ser un apaga fuegos» constantemente. No en vano, como asegura las necesidades de los estudiantes se han duplicado y su problemática, multiplicado. Habla de consumos de sustancias, de acosos en las redes sociales... De hecho, cada día su rutina comienza en secretaría recogiendo «los partes de incidencias» y «charlando con los chavales».

Y todo lo hace, según asegura, «con menos personal». «La política educativa busca rentabilidad a costa de perder calidad de la enseñanza», denuncia mientras pone un ejemplo: «Los profesionales de audición y lenguaje han desaparecido de los institutos y nos presionan para que no pongamos en el informe que un alumno tiene necesidad de ese recurso».

Desbordada, pero sobre todo «frustada», al cuestionarse «cuántos niños sin una discapacidad declarada, que podrían necesitar un apoyo, se quedan sin valorar». Así se siente Esther Gómez, pedagoga y trabajadora social, con 30 años de experiencia en equipos de orientación educativa adscritos a centros de Primaria y actualmente en el equipo de motóricos de referencia en Valladolid.

«Te sientes el engañador en nombre de la Administración», sostiene. Y es que, según lamenta, «Educación ofrece a las familias un centro con recursos para sus hijos con necesidades y al final esos recursos son insuficientes».

Mientras que el cupo de personal de apoyo es el mismo, cada vez hay más puntos de atención, según sostiene Gómez, para quien «la Consejería utiliza la estrategia de estirar y estirar el chicle, pero eso provoca que al final se quedan alumnos sin valorar». Aunque reconoce que la Administración «hace esfuerzos por ajustar el personal a las necesidades, afirma que «siempre va detrás de la demanda». 
«No nos da tiempo a todo», se queja. Semanalmente acude a los tres centros de referencia que tiene adscritos su equipo. Participa en la valoración inicial de escolarización, en las adaptaciones curriculares, la orientación a los tutores y realiza el seguimiento de aproximadamente 60 alumnos». Cada quince días visita tres centros de Secundaria en los que actúa como «subsidiaria» de los orientadores, y un día a la semana asesora a centros de ámbito provincial que se encuentran alguna dificultad con un alumno con discapacidad motórica.

Concluye: «Si Primaria tiene dificultades, Secundaria más porque, además, no está preparada para integrar a alumnos con necesidades». «Allí la atención es muy deficitaria».