Heraldo-Diario de Soria | Miércoles, 19 de septiembre de 2018

12:46 h. Castillo del Buen Amor (TOPAS, SALAMANCA)

Pilar y el primer château de Salamanca

JAVIER PÉREZ ANDRÉS 03/03/2017

Lo de Pilar fue un reto y una arriesgada aventura. Fue un sueño que pudo quedarse en quimera. Pero su tesón, su buen criterio y su formación han conseguido convertir en éxito agronómico el proyecto de elaborar vinos de terroir en la finca de su familia, a la sombra del Castillo del Buen Amor. Los vinos de los Trocóniz ya están en el mercado y en el suelo de La Armuña, dentro del mapa vitícola de Salamanca. Pilar Fernández de Trocóniz Tapia se ha ganado a pulso su hueco en el mapa de la viticultura heroica en Castilla y León y un puesto en la mesa de cata de los vinos singulares, con ‘adn’ propio. Y no solo por el escenario que la acompaña, sin duda impactante. Ni tampoco por la herencia familiar que la respalda, pues sus abuelos compraron el castillo, que fuera del obispo Fonseca, y allí vivió su familia desde 1958. Hoy, el Castillo del Buen Amor es un hermoso hotel rural bien gestionado, situado en el entorno del Camino de Santiago de la Vía de la Plata.

Pilar ha vuelto a echar raíces en la finca, de ahí que sus viñas lleven varias vendimias dando uvas, con las que elabora vinos de calidad producidos en un suelo único. Comercializa en torno a 8.000 botellas cada año, procedentes de las ocho hectáreas de nuevas plantaciones, situadas en diferentes parcelas de la finca. Esta empresaria rural estudió Derecho y trabajó como abogada en Madrid. Pero un día decidió regresar a casa aunque antes se formó en Enología. Con esta formación y una pequeña experiencia en hostelería en Madrid, regresó a Salamanca para dirigir el hotel de su familia, marcar la comanda del restaurante y plantar las viñas que hoy rodean el castillo–palacio. Por cierto, el que cuenta la historia que perteneció a la Casa de Alba en tiempos de los Reyes Católicos, antes de que su dueño fuera el arzobispo don Alonso de Fonseca, que tuvo amores con doña María de Ulloa en este mismo lugar, según dice la leyenda.

Pero los vínculos de Pilar con el vino no se quedan aquí. Su ascendencia materna ribereña la vinculan con Sardón (Valladolid), por eso elabora vinos del Duero, aunque es ahora cuando no descarta elaborar vinos bajo el amparo de la DO Vino de la Tierra de Zamora, en cuyo ámbito geográfico se encuentran sus viñedos, aunque con variedades diferentes. Tal vez el éxito de sus vinos esté marcado por el perfil de sus viñedos. Las variedades que eligió fueron syrah, tempranillo, bruñal, sauvignon blanc y pinot noir. Todas las pequeñas parcelas suman ocho hectáreas y fueron plantadas por Pilar en la añada de 2012, tras elegir patrones y variedades aptos para el terreno y el clima de la zona, en un terreno arcino-arenoso y con particularidades climáticas. Los vinos que actualmente se elaboran son La Manca, un tempranillo de Ribera del Duero; del Castillo del Buen Amor salen al mercado La Venganza (blanco) y los tintos Montelvira (pinot noir) y CBA (syrah y tempranillo).