Heraldo-Diario de Soria | Jueves, 20 de septiembre de 2018

PERFIL

Un vaquero con buen regate

Julio César González, de origen colombiano, jugó en 3ª división / Ahora trabaja en una dehesa de ganado charolés en Ávila y mata el gusanillo del fútbol en un equipo de aficionados

Antonio García /Ávila 28/04/2017

Julio César Osorio Patiño cumplirá el próximo 3 de diciembre 40 años, casi la mitad de los cuales los ha pasado en España, donde llegó a los 21 de la mano de un primo que trabajaba para un amigo de su jefe actual.

Su jefe actual es Fernando Olivié González de Amezúa, propietario de la dehesa ‘El Cid’, ubicada en Sanchorreja, un pequeño municipio abulense de 85 habitantes, situado en la Sierra de Ávila, a poco más de 20 kilómetros al oeste de la capital.

En este paradisíaco lugar trabaja Osorio Patiño desde que ‘desembarcó’ en España procedente de su Colombia natal, donde trabajaba como ensamblador de motos en Cali, la ciudad en la que vivió desde que a los 11 años se trasladó desde su localidad natal: Santa Rosa de Cabal, una de las principales ciudades del departamento de Risaralda.

Su afición al fútbol le hizo jugar desde las categorías inferiores en el Deportivo Cali, el segundo club de esta ciudad de 2,5 millones de habitantes, aunque lo dejó para trabajar y hacer a mili.

Sin embargo, el gusanillo del que muchos consideran el deporte rey sequía estando ahí, por eso cuando llegó a Ávila comenzó a jugar en el San Antonio, un equipo de la liga de fútbol aficionados ‘Pedro Pascual’. Allí le vieron ojeadores del Real Ávila y le ficharon para que jugara de mediocentro media temporada en el Grupo VIII de Tercera División. Después estuvo varios años en la C.D. Cebrereña en Preferente y Tercera.

Una vez concluido ese periodo, no quiso abandonar el fútbol y retornó al San Antonio de aficionados, pero como lo ganaba todo, tal y como él mismo reconoce, se pasó a otro conjunto más modesto, el Bar El Talento, que ocupa la cuarta posición.

Esta afición la compatibiliza con un trabajo en otro campo diferente y más duro. Se trata del oficio de vaquero en la dehesa de ‘El Cid’, donde llegó de la mano de su primo como jardinero y sin tener demasiada idea de lo que era este trabajo.

Durante su primer año «echaba una mano» a quien hasta entonces era el vaquero encargado de llevar una dehesa de 380 hectáreas donde pastan en torno a 125 reses de ganado charolés, de las cuales 82 son madres, cuatro sementales y el resto crías. En esa etapa inicial aprendió de una labor que no había desempeñado «nunca» para, poco tiempo después, coger el relevo y dedicarse de ello cada día a un oficio que, pese a sus dificultades, le apasiona.

«Me encanta mi trabajo», asegura este colombiano que vive en Ávila y que cada día llega a la dehesa a las 9.00 de la mañana para encargarse de cuidar unas reses que le han dado muchas alegrías en certámenes nacionales en los que han conseguido el campeonato de España. Hace unos años lo logró con ‘Admirable’, un semental que ya murió. Después, hace dos años, logró el subcampeonato de España con ‘Español’ en la Feria de Salamanca, cuando este impresionante ejemplar aún era un novillo de 900 kilos. Ahora, asegura, el mejor semental es ‘Don Juan’.

Ahora habla de su labor como si llevara toda la vida en el campo, pese a que hace casi dos décadas apenas conocía los entresijos de un oficio al que ahora ama. Por ello señala que «lo más importante» para desempeñar este trabajo es que a la persona que lo desempeña «le guste». «A mí me encanta mi trabajo», recalca, antes de señalar las ventajas de trabajar «al aire libre y sin que nadie moleste». No obstante, reconoce su dureza, especialmente en invierno, cuando las temperaturas descienden.

Su labor se centra en el cebadero, en dar de comer y de beber a los ejemplares y en preservar una raza que es «la más utilizada en los cruces industriales porque da mucha carne», tal y como explica este vaquero que destaca «el buen rendimiento» de los ejemplares de charolés. El cuidado de la genética ha convertido a esta ganadería en una de las de referencia, tal y como lo demuestran los éxitos conseguidos en las ferias de Salamanca, Trujillo, Zafra… Su objetivo es la venta de sementales de la mejor calidad. Mientras tanto, el campo de fútbol también sigue siendo su casa.