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SORIA

Entrenamiento de altura para el corazón

Un equipo de la UVa determina que el ejercicio en altitud mejora la calidad de vida para enfermos con cardiopatías leves

N.F.
31/05/2017

 

La medicina deportiva ha avanzado en las últimas décadas y gracias a la investigación los deportistas han logrado mejores resultados, marcas sobresalientes y rendimientos acordes a sus capacidades.

Uno de los campos en los que se ha experimentado en los últimos años, con gran interés por parte de deportistas de élite, ha sido en los efectos que se producen entrenar en altura para mejorar los niveles de oxígeno en sangre, conocido como ejercicio en hipoxia.

El doctor Alfredo Córdova Martínez, del Departamento de Bioquímica, Biología Molecular y Fisiología, de la Facultad de Fisioterapia de Soria es un gran experto en hipoxia que tanto interesa a los deportistas de alto nivel que buscan los beneficios de adaptarse fisiológicamente a la altitud para lograr mejorar el rendimiento físico.

Córdova sostiene, después de décadas de investigación y entrenamientos con deportistas de élite, que estas condiciones ambientales son beneficiosas no solo para los resultados deportivos sino también para la salud de cualquier individuo.

Ahora, su equipo de investigación estudia la relación que tiene el entrenamiento en hipoxia moderada (altitudes entre los 1.000 y los 2.000 metros) con los pacientes con determinadas patologías cardiacas que no sean severas. «Hemos comprobado que es compatible», puntualizó Córdova, quien determinó que para estos pacientes, una vez que se han recuperado de la afección cardiaca tras un periodo de adaptación y que residen en zonas de altitud moderada, es saludable y presentan una mejor calidad de vida. Resulta beneficioso para un enfermo que ha sufrido un infarto y una vez que se ha recuperado practica ejercicio de manera moderada y con control.

El grupo de investigación está integrado, además de miembros del Campus de Soria, como el profesor del Departamento de Fisiología de la UVa de Soria, Diego Fernández, el residente Jorge Pascual Fernández, por Melchor Álvarez Mon, catedrático de Medicina Jefe de Servicio, Universidad de Alcalá de Henares-Hospital Universitario Príncipe de Asturias.

Así como se llevaron a cabo los estudios con deportistas de élite para comprobar los rendimientos, en este punto del estudio se ha observado a individuos que están sanos y también a un grupo reducido de personas que ha padecido alguna cardiopatía y que hacen deporte.

El comportamiento y la adaptación del organismo a la hora de realizar ejercicio en hipoxia moderada es similar entre los deportistas y el resto de los individuos. Las células y los tejidos tienen capacidad de responder y adaptarse, a la vez que se evitan trastornos irreversibles en los organismos. Esta adaptación comienza por una mejora en la oxigenación de los tejidos, con un incremento de aporte de oxígeno a la sangre a través de una mayor ventilación. Se produce una desviación del metabolismo aeróbico hacia la vía anaerobia. El agotamiento del metabolismo aeróbico por falta de oxígeno y ante la necesidad de generar más energía se instaura de forma progresiva en el proceso anaeróbico. De la misma forma se produce un aumento de la capacidad de la sangre para transportar oxígeno y, a su vez, se produce un incremento de la producción de eritropeyetina (EPO) que favorece el aumento de glóbulos rojos. Al final el músculo tiene más oxígeno para funcionar y el cansancio es menor. «Con ello los deportistas consiguen mejores marcas y el resto de personas tienen una mejor calidad de vida que es lo que buscamos todos», significa el doctor Alfredo Córdova.

El responsable de este estudio comenzó hace décadas a observar el entrenamiento de atletas sorianos, entre ellos Fermín Cacho, en provincias como Soria, con altitud en torno a los 1.000 metros sobre el nivel del mar. De ahí realizaron pruebas en territorios con alturas elevadas, como el Teide, en Tenerife, a más de 2.000 metros, donde acudió con Fermín Cacho para preparar un campeonato. Posteriormente los estudios se completaron con resultados que se obtenían de someter a deportistas a pruebas con máquinas que simulan altitudes elevadas, conocida como hipoxia intermitente. Tras analizar el mundo deportivo, el equipo de investigación se ha adentrado en los beneficios que puede reportar al resto de personas, incluidos enfermos coronarios o con enfermedades pulmonares obstructivas crónicas leves.

«Aunque los efectos cardiovasculares de la alta altitud pueden afectar a los pacientes que tienen enfermedades cardiacas, en altitudes de hasta 2.000 y 3.000 metros no representan un peligro para los que padecen una enfermedad coronaria estable y buena tolerancia al ejercicio, sobre todo si la fracción de eyección del ventrículo izquierdo es normal», según se desprende del estudio.
Generalmente a los pacientes con afecciones cardiacas se les recomienda la realización de ejercicio sin llegar a cansarse. Con esta investigación se ha demostrado que aquellos que lo realizan en zonas de altitud moderada se encuentran más entrenados, porque tienen un mayor aporte de oxígeno a sus músculos, «por eso es fácil que si después de ejercitarse en altitud se desplazan a la playa se cansarán menos y andarán más», argumenta Córdova, quien advierte que si se realiza al contrario, es decir, que un enfermo cardiaco reside habitualmente al nivel del mar comienza a realizar actividad en altitud deberá tomar precauciones y pasar por un periodo de adaptación.

Por ese motivo, el doctor Córdova puntualiza que los beneficios saludables para el paciente dependen del tipo de enfermedad coronaria, «si hablamos de una insuficiencia cardiaca es más difícil porque el corazón no puede bombear todo lo que se requiere», sin embargo resulta beneficioso para personas que se han recuperado de cardiopatías isquémicas, como un infarto, «porque su organismo se adapta a las condiciones y luego pueden vivir mejor».

Es decir, este tipo de enfermos coronarios, en localizaciones con altitudes superiores a los mil metros, como las que tienen provincias como Soria, Burgos, Ávila, Teruel y las zonas pirinaicas de Navarra, Aragón y Cataluña, con el ejercicio mejoran e entrenamiento del músculo cardiaco, «igual que lo hacen las personas sanas, pero estos enfermos coronarios lo notan más», agrega Córdova.

La investigación se ha centrado en conocer cómo se adapta el músculo cardiaco e histémico en personas cardiópatas que hacen actividad física en hipoxia moderada. Se ha podido determinar que el músculo posee una gran plasticidad y después de ser expuesto a un entrenamiento en hipoxia durante ocho semanas se pueden observar modificaciones significativas. Se producen cambios positivos en lo que se refiere a la capacidad oxidativa del músculo y a un aumento de la capilaridad.

Cuando se combinan altitud y ejercicio físico se activa la mioglobina, con la que se puede mejorar la capacidad para almacenar y transportar oxígeno dentro de las células musculares.

A juicio de Córdova, tras el estudio, las claves se encuentran en el tipo de cardiopatía que padece el enfermo, si es severa, es un problema y no resulta tan beneficioso, mientras que para el resto, tanto pacientes con cardiopatías leves como para individuos sanos es necesario un periodo de adaptación.

La investigación del equipo de Córdova no concluye aquí. Continuará con el estudio en profundidad de la respuesta de pacientes que diagnosticados con diferentes grados de cardiopatías. Para ello, se quiere seleccionar una muestra de enfermos, con la colaboración de cardiólogos del Complejo Hospitalario de Soria para profundizar en la investigación.

ALFREDO CÓRDOVA / INVESTIGADOR - «La investigación en medicina deportiva hay que sacarla del deporte de élite»

El doctor Alfredo Córdova considera que ha llegado el momento de «darle una vuelta» a la investigación en el campo de la medicina deportiva, con el objetivo de «sacarla del deporte de élite para llevarla al nivel de la gente de la calle». La popularización de la actividad física y deportiva es lo que empuja también a los investigadores a divulgar sus conocimientos entre los que practican deporte a diario y los que quieren hacerlo por ocio.

La crisis y la falta de fondos para la investigación ha sido un punto de inflexión para el campo de la medicina deportiva. Córdova relata que antes resultaba fácil conseguir financiación para desarrollar un proyecto de investigación en el ámbito de la medicina deportiva. «Posteriormente hemos observado que los trabajos deben estar enfocados no solo al deporte sino también a la calidad de vida».

Por eso el equipo de Alfredo Córdova ha decidido revisar ahora todo el trabajo que ha realizado durante décadas con deportistas para ver su compatibilidad en la calidad de vida del resto de personas.

La investigación en medicina deportiva se encuentra poco extendida en Castilla y León, «donde somos pocos», explica Córdova, quien subraya que en el ámbito nacional hay un «potente grupo en Madrid que está especializado en genética».

Todos los años que lleva trabajando en este campo le han permitido recopilar valiosa información que ha divulgado a través de foros especializados y de publicaciones. Pero también le han servido para innovar con nuevas tecnologías aplicadas a determinadas prácticas deportivas.

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