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La esperanza en una estructura subterránea

Un graduado congoleño de la UVA trabaja en la instalación de plantas de producción de biogás para suministrar energía eléctrica a siete institutos educativos de su país de origen.

E. LERA
21/02/2019

 

Isidore Mutayongwa siempre mira más allá. Es el altavoz de los problemas de su país de origen. Por este motivo, lucha por cambiar el rumbo de aquellas circunstancias que lastran su desarrollo. Estudió Ciencias Eclesiásticas y en 2014 llegó a Palencia donde cursó Educación Social en la Universidad de Valladolid (UVA). Además, es vicario parroquial en Villalón de Campos. En la actualidad sigue formándose en el máster universitario de los Problemas Sociales en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

Una formación con un claro destino: ayudar a los demás. El proyecto Knowledge Connect Progress busca la instalación de plantas de producción de biogás para suministrar energía eléctrica a siete institutos del Congo. Quiere poner en marcha esta iniciativa después de trabajar como administrador de varios internados. «Me impresionó que el gasto anual por consumo de leña sea de 10.000 euros. A esto se une el humo que ensucia las paredes y molesta tanto a los profesores como a los alumnos», reconoce.

Pero ahí no se quedan los inconvenientes, el humo hace desembolsar a los gestores de la institución educativa alrededor de 830 euros al año para pintar las instalaciones. Una cuantía que se incrementa con la gestión de las fosas sépticas de los baños y por la compra del gasóleo, que necesita el generador eléctrico que entra en acción cuando se producen fallos en el suministro de energía eléctrica. Sin olvidar, por supuesto, el desastre ecológico que supone la tala indiscriminada de árboles para conseguir leña.

Una realidad aún más dura para las familias que tienen que hacer frente a 1.300 euros anuales para que sus hijos estudien cuando el salario mensual de un funcionario en el Congo no supera los 167 euros. «La educación es un privilegio de los pocos que pueden pagarse los estudios en un país donde ni la enseñanza primaria es gratuita». Un privilegio que Isidore quiere abolir. Buscó y encontró la manera de reducir el coste de los estudios así como las consecuencias ecológicas.

Su idea se basa en la construcción de un sistema de biodigestores para la producción y transformación del biogás –gas que resulta de la combinación de otros gases que derivan de la descomposición de productos o residuos orgánicos en un ambiente cerrado o reactor natural–, cuya gestión permitirá eliminar la cocina de leña, gestionar de manera higiénica y sostenible los residuos orgánicos de los internados (basura y fosas sépticas) y crear y gestionar explotaciones agrarias para la producción de hortalizas, leche de vaca y, más tarde, huevos, pollo, carne de cerdo y queso.

Para ello, explica que van a construir unas estructuras arquitectónicas subterráneas de forma ovalada o cuadrada con una pequeña parte sobresaliente de la superficie del suelo. Su interior deberá estar vacío antes de su puesta en marcha, ya que en él se recogerán los residuos de los baños, el estiércol y las orinas de los animales que se criarán dentro de la iniciativa propuesta, la basura orgánica de la cocina y hierbas especiales que se cultivarán para enriquecer al biogás. «Criaremos animales para reforzar los residuos de los baños, permitiendo así alimentar suficientemente los biodigestores».

La inversión inicial se hará en los institutos Saint Paul y Sainte Anne y, posteriormente, con los beneficios generados se irán invirtiendo en el resto de los centros. «Hemos calculado una inversión inicial de 95.000 euros, 68.500 euros para la construcción de tres digestores biológicos de 50 metros cúbicos cada uno, una máquina y accesorios de transformación de biogás, cinco vacas, una cocina especial, botellas de almacenamiento del biogás y un generador eléctrico a biogás y 26.500 euros de gastos del primer año de funcionamiento: alimentación y cuidado de las vacas y remuneración del personal encargado del cuidado de los animales y de la huerta», detalla Mutayongwa.

En este sentido, subraya que la instalación de varios digestores biológicos no creará competencia entre las instituciones. Al contrario, permitirá diversificar los productos: en uno se criarán vacas, en otro pollos, cerdos, cabras... Los futuros clientes serán las familias que suelen vivir en los campos de profesores junto a las escuelas. También quieren contar con la ayuda de España para la exportación de botellas de almacenamiento del biogás.

El proyecto, que ha recibido una mención especial del programa TCUE, pretende liderar una cooperación intercultural entre Castilla y León y la ciudad congoleña de Bukavu para generar ventajas económicas, educativas y culturales en ambos lados, además de los valores añadidos sanitarios y medioambientales que serán observables en África, donde se mejorará la calidad de vida de los alumnos, los profesores y todos los vecinos del municipio.

En la Comunidad se beneficiarán, indica el educador social de la UVA, de un nuevo mercado de venta de los productos relacionados con el biogás y la crianza de animales, así como la llegada de nuevos estudiantes que sólo necesitan que la normativa se modifique para homologar sus títulos de bachillerato y poder acceder a las universidades españolas.

Para Isidore Mutayongwa, la innovación reside en aplicar este conocimiento en una zona donde la tecnología no se ha desarrollado todavía; la mejora de la higiene, punto clave para la prevención de enfermedades; el desarrollo social y cultural por el intercambio de culturas; el descenso de la tala de árboles, imprescindible para encaminar la zona hacia la lucha contra la deforestación que contribuye al cambio climático notable por el calentamiento del planeta y la diversidad de ingresos, dado que, al tener energía, se podrían transformar los productos agropecuarios.

 

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