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VALLADOLID

Recuperar la energía tras un infarto

El Clínico aplica tres tipos de terapia celular para mejorar el bombeo del corazón después de sufrir un ataque cardíaco. Por E. Lera

ESTÍBALIZ LERA
23/03/2017

 

A la hora de comer, prima el trabajo; el estrés no le permite dormir las ocho horas; fuma; bebe y siempre se refugia en excusas para no reducir el nivel de actividad. Éste es el día a día de muchas personas que no se dan cuenta de que sus hábitos son dañinos y atacan el corazón, un órgano que da y quita la vida.

El infarto de miocardio se reconoce por la aparición brusca de un dolor en el pecho, que se extiende por el brazo izquierdo, sensación de malestar general, náuseas y mareos. Cuando una persona experimenta esos síntomas lo mejor es llamar a emergencias para que los profesionales sanitarios, a través de un electrocardiograma y una radiografía de tórax, comprueben el alcance del ataque. La medicina avanza y muchos programas de prevención ayudan a reducir la tasa de mortalidad por insuficiencia cardíaca. Sin embargo, una de las consecuencias de esta dolencia es que la función de bomba del corazón puede quedar muy deteriorada, lo que se traduce en no poder llevar una vida normal porque se fatigan con la actividad habitual.

Para paliar esta situación, el servicio de Cardiología del Hospital Clínico Universitario de Valladolid estudia, además del tratamiento habitual en el infarto agudo de miocardio, la administración de tres tipos de terapia celular para inyectar energía a los pacientes. En primer lugar, analizan las células madre obtenidas directamente del enfermo. En segundo, investigan la utilización de una sustancia (GCS-F), que aumenta la producción de células madre por la médula ósea. La tercera opción de este equipo liderado por el doctor Alberto San Román es un tratamiento mixto que consiste en aplicar células madre del propio infartado y la sustancia que estimula la producción de células del paciente.

¿Cómo se realiza? Según explica el jefe del Servicio de Cardiología, se abre la arteria con una angioplastia –cirugía para restaurar el flujo de sangre en arterias bloqueadas o estrechas– y se coloca un stent –tubo de malla de metal que se expande dentro de una artería del corazón–. Entonces se obtiene la médula ósea de la cadera del paciente, se trata durante 24 horas y se administra en otro cateterismo la arteria que se ha abierto con stent para que las células lleguen a la zona donde se ha producido el infarto.

Este tratamiento, tal y como indica San Román, no está disponible de forma rutinaria, ya que es un método que se encuentra aún en fase experimental. Si se demuestra su utilidad, continua el doctor del Clínico de Valladolid, mejoraría el pronóstico de los pacientes con infarto, es decir, disminuiría la probabilidad de que fallecieran en los años siguientes. «El ahorro de vidas sería suficiente ahorro. Para calcularlo tendremos que esperar a los resultados de este estudio que en la actualidad está en marcha», sentencia.

Otra peculiaridad de la estrategia es que es «sin interés para la industria» o «huérfana», en otras palabras, no cuenta con financiación privada. «Este tipo de trabajo es muy complejo y es excepcional que sin ayuda de empresas externas pueda llevarse a cabo. Por ello, es un orgullo haber sido capaces de llevarlo a buen puerto y haber podido terminar a la vez que se han cumplido los criterios más estrictos de calidad», expone, antes de añadir que «la poca financiación» con la que cuenta se obtuvo a través de ayudas públicas a la investigación que ofrece el Instituto de Salud Carlos III. A esto se une, apunta el cardiólogo, que se ha realizado «casi» en su totalidad en Castilla y León. «Han participado un centro de Madrid y seis de nuestra Comunidad. Es reconfortante que en nuestra tierra se hagan estudios punteros en investigación biomédica».
De cara al futuro, indica que la intención del servicio es seguir trabajando en el estudio BAMI, el mayor ensayo de la terapia de células madre en pacientes que han sufrido ataques al corazón.

Pero su labor no se queda ahí, también colaboran en otros proyectos que utilizan células que no son del propio paciente. «Este aspecto es especialmente interesante pues la posibilidad de tener células madre almacenadas hacen que el tratamiento pueda administrarse inicialmente y que no haya que esperar a tratar las células del paciente», sostiene Alberto San Román, antes de añadir que muchas veces las células madre del enfermo «no son muy activas» o están «deterioradas».
El servicio de Cardiología del Clínico de Valladolid cuenta con otras líneas de investigación en las que son muy activos, como son el corazón artificial, la endocarditis –proceso inflamatorio localizado en el revestimiento interno de las cámaras y válvulas cardíacas–, la estenosis aórtica degenerativa o el tratamiento con catéter de enfermedades que hasta hace «pocos años» sólo podían curarse con cirugía.

 

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