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VALLADOLID

Vapor que ‘caza’ explosivos en los pasajeros

La empresa Seadm diseña un sistema para interceptar material peligroso camuflado por los viajeros en su ropa o cuerpo.

E. LERA
04/10/2018

 

Millones de personas pasan cada día por los aeropuertos. Viajeros que aterrizan en la terminal preocupados por los horarios, fastidiados con las medidas de seguridad y obsesionados por identificar de forma correcta las maletas para que lleguen con ellos a su destino. Ni se imaginan el entramado que hay detrás de cada avión que se va al aire. Muchas piezas que encajan a la perfección para seguir fascinando al ser humano. Un milagro para que la tierra toque el cielo.

El primer movimiento de cualquier pasajero es pararse delante de una de las enormes pantallas para comprobar si su avión lleva retraso. El periplo continúa hacia el mostrador de facturación. Pegatina para el equipaje, pegatina para su dueño y rezar (si es creyente) para que la cinta automática en la que va sea la correcta y no tenga que comprarse un kit de supervivencia hasta que el personal aeroportuario localice sus pertenencias.

El siguiente alto antes de la puerta de embarque es el control de seguridad. Largas colas para colocar en bandejas de plástico aquellos objetos que provocan que los arcos canten esa melodía tan conocida por los que siempre se dejan las llaves de casa en el bolsillo trasero del pantalón. No sólo controlan los artículos metálicos, sino todo tipo de productos que van contra las normas del recinto y de la ley. Cada vez se han endurecido más, sobre todo, para evitar atentados.

En este sentido, los controles para detectar explosivos se suelen llevar a cabo mediante perros. Su providente olfato y su valentía de oro acorralan las bombas. También se realizan de forma aleatoria pruebas para cercar este material peligroso. El método más común es pasar un papel por el dorso y la palma de la mano del viajero y por su equipaje. Para mejorar este sistema llega la empresa vallisoletana Seadm.

Vapex –así se llama su proyecto– persigue el desarrollo de un nuevo analizador de vapor para la detección de explosivos en puntos de control de pasajeros en instalaciones aeroportuarias. El objetivo básico es interceptarlos aunque los viajeros los lleven camuflados en su ropa o incluso en el interior de su cuerpo, con una fiabilidad y una respuesta muy superiores a las de las tecnologías de seguridad actuales. De igual forma, se persigue un procedimiento que no sea intrusivo y que cause la menor incomodidad posible en las dos etapas en las que actúa: toma de muestra de vapor y análisis.

Para la primera, explica Rafael Cuesta, director comercial de la empresa situada en el Parque Tecnológico de Boecillo, la persona a la que se la va a hacer el control se coloca en un portal muy similar a los detectores de metales que se pueden encontrar en los aeropuertos; una vez allí y durante un tiempo breve –alrededor de cinco segundos– un sistema de aspiración de aire se encarga de obtener una muestra de los vapores que existen a su alrededor, los cuales quedan retenidos en un filtro especial.

«Seadm ha demostrado que los explosivos camuflados emiten vapores, aun cuando estos estén empaquetados y se encuentren en pequeñas cantidades, los cuales son captados por el portal de aspiración», apunta para, a continuación, aclarar que durante la toma de la muestra no hay contacto físico con el pasajero –a diferencia de otros métodos que se utilizan en la actualidad–, sino que únicamente se produce «una leve, casi imperceptible» corriente de aire.

Una vez finalizado el muestreo, el filtro de retención se introduce en la segunda etapa, el analizador, mediante un sistema de manipulación automática que tiene que desarrollar el centro tecnológico Cartif. El analizador produce entonces un calentamiento para liberar los vapores retenidos en el filtro, los cuales se analizan a través de la tecnología patentada por la empresa vallisoletana combinando un analizador diferencial de movilidad y un espectrómetro de masas. Al término del análisis, se genera «una lectura fiable» sobre si el pasajero porta o no explosivos, y si el resultado es positivo se procede a una inspección manual por el operario de seguridad. «Al simultanear la etapa de análisis de un determinado pasajero con la de toma de muestra del siguiente, la cadencia de inspección de los puestos de control actuales no se verá alterada», puntualiza Cuesta.

En la actualidad el sistema de referencia para la detección de explosivos en aplicaciones de seguridad y puntos de control sigue siendo el uso de perros entrenados. Sin embargo, expone que los canes interpretan este trabajo como un juego, de tal forma que al cabo de «un breve intervalo de tiempo» se cansan, pierden su interés y su eficiencia desciende de forma drástica. Además, «los costes de entrenamiento y mantenimiento suelen ser elevados». Esto hace que, en la práctica, esta técnica se haya implantado en una serie de aplicaciones muy específicas de carga aérea y a efectos, en la mayoría de los casos, meramente comprobatorios de otras tecnologías. Pone como ejemplo la implementación de una unidad canina para el escaneo de pasajeros. «Sería imposible, fundamentalmente por la incomodidad causada al usuario y sus dificultades de operación».

Presume de que el sistema de Seadm usa el mismo principio básico, es decir, detección mediante vapor, pero con «unas prestaciones muy superiores» a las de los perros entrenados y, lo que es más importante, de manera automática. De hecho, los límites de detección que están obteniendo son del orden de 0,01 partes por cuatrillón, los cuales son «referencia a nivel mundial», y se encuentran varias órdenes de magnitud por debajo de los de los cánidos. «Esto permite una fiabilidad en la operación de detección nunca antes vista, incluyendo muy altas posibilidades de detección y muy baja tasa de falsas alarmas, reduciendo al mínimo las paradas e inspecciones manuales típicamente asociadas a los métodos más tradicionales», sostiene.

Es un producto «único» en el mercado, cuya ventaja principal es «la fiabilidad». Según un ejercicio publicado por el Gobierno de Estados Unidos, las tecnologías actuales sólo son capaces de detectar un 5% de los explosivos portados por los pasajeros. El proyecto made in Valladolid pretende elevar esta cifra por encima del 95%. A este valor añadido se suma la rapidez.

A día de hoy si el operario de rayos X intercepta algún paquete sospechoso en el interior de la maleta, el pasajero acude a una localización apartada donde debe abrir el equipaje para que el personal proceda a inspeccionarlo manualmente; a continuación muestrea al viajero haciendo pasar un papel por determinadas zonas de su ropa y manos donde supuestamente quedarían adheridas las trazas de explosivo. «Este procedimiento, además de lento, es totalmente ineficiente, ya que, primero, no tiene ningún método de escaneo de todos los pasajeros, segundo, se basa en la detección de formas sospechosas en el interior de las maletas de rayos X, mientras que los explosivos se pueden moldear con cualquier forma y tercero, el método de inspección de trazas, además de causar incomodidad notable al pasajero, es muy parcial, pues sólo analiza una pequeña fracción de su superficie externa», argumenta Rafael Cuesta.

Seadm viene investigando, desarrollando y comercializando equipos para la detección de explosivos durante los últimos 10 años aproximadamente, en estrecha colaboración con sus clientes, básicamente las agencias de seguridad aérea a nivel europeo y mundial. Entre ellos se encuentran la Oficina del Primer Ministro de Israel, el Laboratorio de Tecnología y Ciencia de la Defensa británico, la Agencia de Seguridad para el Transporte de Estados Unidos o el Centro Tecnológico de la Policía Federal Alemana. Hasta hace tres años el foco estuvo centrado en la detección de explosivos en carga aérea. En ese momento se dieron cuenta de que la tecnología estaba «lo suficientemente madura» como para dar «un paso más» y abordar la aplicación de pasajeros, la cual resulta «mucho más exigente» dados sus cortos tiempos de inspección. Pero tal y como suele hacer la firma vallisoletana, aceptó el reto, lanzó el proyecto y ganó su financiación en una convocatoria europea muy competitiva. De hecho, la propuesta de financiación consiguió el puesto 10 en el ranking de evaluación sobre un total de 450 propuestas presentadas. En la actualidad está desarrollando la iniciativa en colaboración con la Policía Federal Alemana y la Guardia Civil, los cuales juegan «un papel de soporte y asesoramiento muy importante» como futuros usuarios finales. Esto no significa que hayan abandonado el desarrollo de aplicaciones para carga, el cual continúa siendo estratégico y en el que tienen varios proyectos en marcha financiados por el Ministerio de Defensa británico.

«Las universidades son un elemento esencial para generar y retener talento»

Rafael Cuesta, director comercial de la empresa vallisoletana Seadm, considera que Castilla y León cuenta con «un sistema sólido» alrededor de la investigación y la innovación, comenzando por las universidades, las cuales son «un elemento esencial» para generar y retener talento y que éste revierta en las empresas, y siguiendo por los centros tecnológicos especializados en dar apoyo empresarial. «La cultura de la I+D está cada vez más asentada como elemento clave para la sostenibilidad, una I+D que cuenta con un sistema de ayudas útil por parte de la administración», señala antes de comentar que en la Comunidad se innova y se innova bien.

En este sentido, pone un pero a la situación: la burocracia. En su opinión, se tendrían que reducir los tiempos de evaluación y aprobación de proyectos, ya que redundaría en una mejor eficiencia. También manifiesta que sería interesante aumentar las tasas de financiación, siempre que haya disponibilidad presupuestaria.

Otra sugerencia que lanza es dar «un enfoque más práctico» a las enseñanzas de ingeniería. Sostiene que las universidades deben preparan a los alumnos para el manejo de las herramientas que realmente utilizan las empresas. Ahora ofrece una formación de base y prepara al estudiante para que, una vez que dé el salto a la empresa, pueda formarse allí de lo que realmente necesita en un breve espacio de tiempo. «Creo que la universidad, sin abandonar la formación académica de base, debería dar un mayor peso a una formación más específica y práctica», relata Cuesta, quien cita en el campo de la ingeniería el manejo de herramientas de simulación y diseño numérico, cada vez más asentadas en la industria, y el cálculo y la construcción de determinada maquinaria.

 

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