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VÍA VERDE SORIA-HONTORIA

Un camino de hierro a pedaladas

ANTONIO CARRILLO
22/01/2019

 

De opción perdida a una de las rutas turísticas, ciclistas y de ocio más recorridas. La Vía Verde Santander–Mediterráneo ya casi une las capitales de Burgos y Soria atravesando alguno de los bosques más espectaculares de Castilla y León. En la provincia burgalesa aún hay que conectar varios tramos y por el momento están listos para ciclistas y caminantes el Cojobar–Burgos, de desde el túnel de La Engaña a Santelices y de Sotragero a Salas de Bureba. En Soria, sin embargo, todo el camino desde la capital hasta la ya burgalesa Salas de los Infantes lleva más de un año en servicio, magníficas críticas e incluso repercusión en la hostelería de la zona.

Las claves de este éxito son varias. Zonas de alto valor natural, parajes por los que caminó Omar Shariff caracterizado como el Doctor Zhivago, paradas con Estrella Michelin o Bib Gourmand, estaciones de ferrocarril con arquitectura de preguerra (alguna fascinante y abandonada en mitad del monte), casas rurales donde el descanso alcanza otra dimensión...

La ruta Soria-Hontoria del Pinar comienza junto a la estación de tren del Cañuelo, con una pequeña zona de descanso y merendero y un panel con todas las indicaciones para poder disfrutar de este trayecto sea del tirón o por etapas. Aún así, no tiene pérdida y es idónea para realizar en familia. Y es que hay que tener en cuenta que la línea se proyectó para trenes de hace casi un siglo, con lo cual no hay grandes pendientes, curvas cerradas o zonas estrechas.

En el reciente acondicionamiento se compactó un firme de tierra y gravilla bastante liso, se adoptaron elementos de seguridad en los posibles cruces, se colocaron zonas de descanso, áreas para comer y toda la señalización es nueva, por lo que es idónea para todos los estados de forma. En cerca de 67 kilómetros no llega a los 350 metros de desnivel acumulado.

Tras la salida desde las inmediaciones de la estación capitalina, a apenas cuatro kilómetros aparece el área de descanso de Golmayo. Un poco más adelante el paisaje se va adentrando en las pequeñas dehesas en las que todavía pastan el ganado y animales silvestres, y que comienza a añadir encanto a la ruta. Antes de llegar al apeadero de Toledillo, reconvertido en una pequeña zona para sentarse, los ciclistas y senderistas atraviesan uno de los cañones artificiales creados para el paso de las vías que enmarca al fondo el icónico Pico Frentes. La imagen es una de las más fotografiadas de la ruta a pesar de que más adelante esperan algunos de los paisajes naturales más espectaculares.

Posteriormente se cruza la zona de esparcimiento de Ocenilla. La tranquila localidad ofrece desde una muy aplaudida oferta para almorzar hasta merendero, o un pilón de agua fresca donde rellenar los botellines. Comienza entonces un largo tramo de ascenso en el que la pendiente, que no supera el 1%, se confunde fácilmente con un falso llano.

La Vía Verde llega entonces a Cidones, otro punto donde la oferta de turismo rural y de apetitosos almuerzos hace que merezca la pena aparcar la bicicleta por un rato para rellenar el depósito con torreznillos, tortilla de patata o los elaborados tradicionales. La antigua estación y sus edificios anexos están hoy reconvertidos en naves ganaderas pero aún se yerguen altivos con su soberbia planta.
Desde allí se llega hasta la estación de Herreros, vallada. No obstante, saliendo hacia la localidad, se llega en pocos minutos a una de las playas del embalse de Cuerda del Pozo para disfrutar de una jornada costera. Por curioso que resulte, efectivamente se puede salir de Soria capital en bicicleta y en cosa de hora y media estar estirando la toalla en la arena.

A unos 31 kilómetros del comienzo se entra en la emblemática comarca de Pinares con la llegada de la ruta –otrora del tren– a Abejar. La localidad, famosa por ser un referente nacional e internacional de la trufa negra, pero ofrece aún más atractivos gastronómicos y turísticos. La fábrica de Malvasía, las jornadas truferas y las novedosas de la autóctona vaca serrana negra, una decena de alojamientos para todos los gustos o la posibilidad como en Cidones de conectar con salidas hacia Vinuesa y por ende la Laguna Negra son sus credenciales.

La siguiente parada de este tramo de Vía Verde pasa por Cabrejas del Pinar. Amén de los atractivos de la localidad, en sus inmediaciones se encuentra uno de los templos más espectaculares de pinares. La ermita de la Virgen de la Blanca aglutina a siete localidades en su concordia. A finales de julio –la fecha cambió hace unas décadas pero es lo de menos– se reúne toda la comarca en hermandad como se viene haciendo desde hace más de dos siglos en una fiesta que merece la pena conocer.

Mientras la carretera nacional sube con fuerza hasta coronar el puerto del Mojón Pardo, la Vía Verde traza un perfil más suave y accesible para pasar por la estación de Pinar Grande. Otrora era un punto clave para que Pinares diese salida a su producción maderera, como prueba el esqueleto de la gran nave ubicada a pocos metros. Sin embargo, hace más de tres décadas la línea férrea cerro y la estación quedó abandonada en medio de un magnífico pinar, uno de los mayores bosques de Europa. La vegetación y el paso del tiempo la tiñeron con un halo misterioso y mágico.

Gracias a la puesta en marcha de la Vía Verde ahora es una zona más accesible pero sigue conservando su encanto. La vieja porcelana azul aún recuerda que esta estación no corresponde a ninguna localidad sino al propio monte, donde hoy a la madera se suman aprovechamientos como el micológico, la ganadería extensiva o el turismo gracias al cercano parque de cuerdas del Amogable y su interesante Aula del Bosque.

En apenas seis kilómetros, pedaleados entre pinos centenarios y la sutil algarabía de la naturaleza viva, se rebasa la altitud máxima de la ruta (casi 1.200 metros sobre el nivel del mar) y se baja hasta Navaleno. El Nido en el Pinar dispone también de una amplia infraestructura turística que abarca desde coquetas casas rurales a camping, parajes espectaculares, el famoso restaurante La Lobita (una Estrella Michelin) o El Maño (reconocido por su calidad precio). Si la ruta se ha hecho dura, merece la pena recompensarse con la gastronomía local porque sea cual sea la opción es difícil equivocarse.

Paso a paso, pedalada a pedalada, se llega a la estación de San Leonardo de Yagüe. Pero merece la pena detenerse antes y desviar el viaje hacia el pasado. Algunas escenas de la icónica película Doctor Zhivago (cinco Oscar, diez nominaciones, entre las diez más taquilleras de la historia) se rodaron allí, sobre la Vía Verde que antes soportaba los raíles y traviesas de aquel Transiberiano. Si se decide recorrer con nieve (mejor en fat bike, con mucha precaución y con las presiones tirando a bajas), la magia acompañará al visitante hasta el punto de sumergirse en la convulsa Rusia de principios del siglo XX sin requerir mucha imaginación.

Tras rebasar la estación de San Leonardo –otra localidad donde merece la pena parar, sea para comer, descansar o disfrutar de su patrimonio– toca enfilar el último tramo hasta la provincia de Burgos. Hontoria del Pinar espera al otro lado como vía muerta, al menos hasta que se vuelvan a abrir más tramos hacia Burgos. Su antigua estación de tren se ha reconvertido en una coqueta casa rural, con lo que el final del camino invita a un merecido descanso.

Detrás quedan 67 kilómetros de pendientes suaves y sentimientos fuertes, del encanto de la naturaleza pura y de la magia artificiosa de Hollywood, del inconfundible olor del pinar y de los espectaculares sabores de la comarca. En definitiva, el tren se perdió hace más de 30 años pero desde hace no mucho los viajeros vuelven. Deporte, naturaleza, historia y gastronomía ya no van sobre raíles, pero sin duda salen rodados.

 

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