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Una apuesta por la convivencia

Fernando, Juan Antonio y Alberto son tres ganaderos que defienden la coexistencia de sus rebaños con los lobos / Usan mastines y un manejo «tradicional» para evitar los ataques / Piden a la Administración un respaldo a este esfuerzo

ELSA ORTIZ / VALLADOLID
01/05/2019

 

Si alguien reescribiese el cuento de Caperucita, hasta a la propia protagonista le costaría asimilar un final distinto. ¿Se imaginan a esta pequeña de capa roja conviviendo con su abuela y el animal feroz que las devoró a ambas? Pues hay quien sí lo hace y convierte esta historia en su realidad. Fernando, Juan Antonio y Alberto sí creen en los finales felices. Son ganaderos y bailan con lobos.

Fernando Rodríguez tiene 20 años. Como a cualquier joven de su edad, no se le resisten las redes sociales y plasma su día a día en su cuenta de Instagram. Dos etiquetas acompañan sus publicaciones: defensa de lobos y vacas felices.

Los padres de este zamorano le inculcaron la pasión por la ganadería, pero también el respeto hacia dicho carnívoro. El Canis lupus siempre ha sido un vecino más de la comarca de Sanabria, por lo que solo quedaba renovarse o morir. La familia Rodríguez Tábara lo tenía claro. Primero cambiaron su rebaño de ovejas por otro de vacas, que son «más tranquilas». Este segundo comienzo no fue nada fácil, pues se encontraron con una quincena de ataques.

Entonces saltó la luz de alarma y para apagarla incorporaron los mastines a su explotación. «A partir de ese momento, los altercados fueron disminuyendo hasta minimizarlos», asegura Fernando antes de reconocer que los lobos aprovechan cualquier descuido.

Hace las «mismas funciones» que un ganadero, pero le faltan unos meses para dedicarse en cuerpo y alma al cuidado de sus 100 cabezas de vacuno de carne. Mientras llega el momento en el que Fernando tome el testigo de su madre, que se jubila, se prepara para ello formándose como técnico en producción agroecológica.

Después de verlo «toda la vida», defiende con firmeza la coexistencia del lobo y la ganadería extensiva. A su juicio, la clave tiene dos emes: mastines y manejo. «Es cierto que los perros se entienden mejor con las ovejas. Las vacas son más agresivas con ellos porque los ven como una amenaza», explica antes de garantizar que terminan «habituándose a su compañía porque se crea un vínculo y son inseparables». Ahora cuenta con diez y tres cachorros.

En cuanto al segundo aspecto, Fernando remarca la importancia de «no dejar a las vacas solas» porque, insiste, un mínimo descuido como «un ternero que se tumba cansado de seguir a su madre» puede propiciar un ataque. Además, las suyas duermen en una pequeña cerca que se abre de buena mañana para que salgan al pasto.

Esta convivencia conlleva un gran esfuerzo no solo físico, sino también económico: alimentación, seguros, vacunas y desparasitaciones, entre otros. «Si las vacan dan poco, con perros bastante menos», sentencia.

OVINO

Hace casi dos décadas, un accidente laboral obligó a Juan Antonio García a dejar la construcción y tomar las riendas de la explotación que hasta entonces manejaba su suegro en Arroyo de Cuéllar.

Este segoviano de 44 años sigue la misma estrategia que Fernando para que el Canis lupus no sea un problema para sus 615 cabezas de ovino. «Las ovejas están en cercas y los mastines, con ellas. Hasta la fecha no hemos tenido ningún problema con los lobos. Andan por la zona, pero cuento con cámaras de fototrampeo», cuenta.

La «forma idónea de proteger» al ganado, a su juicio, es que «no duerma en el campo». Pero aplicar esta fórmula no siempre es posible. Como ejemplo pone Picos de Europa, una zona «muy cerrada y con mucha densidad de lobos» que imposibilita sacar y cerrar a los animales cada día.

Juan Antonio entiende que en el debate suscitado en torno a estos carnívoros hay dos extremos: una corriente animalista «muy fuerte y sin mucho sentido común», frente a un sector ganadero que «se ha cerrado en banda». Y la virtud, apunta, está en el termino medio.

Asume que el comportamiento del lobo está cambiando. «Se está acercando mucho más a las poblaciones porque estamos perdiendo el cordón de seguridad que había alrededor de los pueblos, que se están quedando sin gente». Un contexto que dibuja para asegurar que las pérdidas «no serían tantas» si todos trabajasen en la misma dirección. «Pero hoy por hoy el tema está muy enquistado y las posturas, demasiado distantes», concreta.

Es realista al temer la crispación que está se despertando en el campo a causa de estos daños, que además de «emocionales repercuten en la pérdida de patrimonio». Considera que, tarde o temprano, los castellanos y leoneses terminarán por «dejar el campo o tomar la justicia por su mano».

MARCA PROPIA

Alberto Fernández lleva toda la vida vinculado a la ganadería. Profesionalmente sopla ahora seis velas junto a su mujer, Rosa González. Sus 1.100 cabezas de ovino pastan con lobos en Santa Colomba de Sanabria. «O intentas coexistir con ellos o tienes que cerrar el chiringuito. Lo que no se puede es soportar pérdidas constantemente. Hay que buscar una solución», clama para confesar que ellos la encontraron en el pastoreo tradicional.

Cuando sus ovejas salen al campo, lo hacen bajo la custodia de un pastor, bien la de este joven de 35 años o bien la de su «socia». Ambos cuentan con un refuerzo, el de los mastines que están «las 24 horas del día» pendientes. «Es lo que se ha hecho toda la vida, no hemos inventado nada nuevo», apostilla antes de poner las cartas sobre la mesa: «Yo no digo ni que sea fácil ni que no cueste dinero. Posiblemente me salga más caro mantener los 15 perros que contratar la póliza de seguro, pero esta te paga los daños y yo lo que intento es no tenerlos».

Alberto estima que los gastos de esta apuesta por la convivencia pueden alcanzar, en su caso, los 6.000 euros anuales. Y ahora pelea por una retroalimentación que tenga en cuenta que sus corderos son «más caros de producir». Para dejar constancia de ello creó la marca Pastando con lobos de la mano de Grefa. «Firmamos un acuerdo de custodia mediante el que ellos certifican mi fórmula de trabajo», sintetiza. Sin embargo, todavía le falta por saltar un obstáculo: el de la comercialización. No puede vender directamente sus productos.

Este ganadero segoviano aprovecha para elevar una denuncia: «La sociedad exige que haya lobo pero luego quiere la carne regalada». La llama del fuego que dejan unos «precios ridículos» se aviva con la «falta de reconocimiento» de esta coexistencia, «ni con ayudas directas ni de ninguna otra manera». Y eso que, como subraya Alberto, la ganadería extensiva también genera beneficios para el medio ambiente. Como ejemplo pone los desbroces que realiza cada año. «Lo hago para que mis ovejas coman mejor pero cuando la gente viene a recoger setas reconoce la maravilla que es pasear por un monte limpio donde, además, se controlan mejor los incendios o incluso no se generan», concluye.

Fernando, Juan Antonio y Alberto comparten filosofía. La experiencia les señala cuál es la mejor fórmula para conseguir que los grandes carnívoros sean buenos vecinos, o al menos no molestos, para sus rebaños.

Estos tres ganaderos coinciden en advertir que esfuerzos como los suyos caerán en saco roto si no encuentran el correspondiente respaldo. Ponen la pelota en el tejado de las administraciones competentes.

Fernando pide una compensación económica. «Ya que el lobo no se puede matar, por lo menos que te ayuden a defenderte de él», justifica. Aunque la confianza de este joven en este tipo de facilidades es nula, puesto que el impulso que ha recibido para su incorporación ha sido mínimo.

Además de responsabilidades, Juan Antonio exige que la PAC «reconozca las distintas formas de manejo y subvencione las medidas de protección en base a las mismas». Asimismo, urge un «reconocimiento rápido» de los ataques con un máximo de un mes para cobrarlos.

La petición del Alberto se antoja, a priori, más sencilla: «Que escuchen». En este sentido recuerda que, cuando se elaboró el Plan de conservación del lobo «no se tuvo en cuenta a los ganaderos para nada».

PROYECTO

Historias como las de estos castellanos y leoneses se citan bajo el proyecto Life Euro Large Carnivores de WWF. Su reto pasa por mejorar la «convivencia con grandes carnívoros» a través de la comunicación, la cooperación transfronteriza y el intercambio de conocimiento.

Blanca Berzosa es una de las responsables de esta iniciativa que está dando sus primeros pasos y que ya tiene presencia en la Comunidad. Explica que el proyecto aspira a proporcionar una plataforma en la que ganaderos de 16 países europeos compartan «qué les funciona para hacer posible esta coexistencia, por si puede servir a otros». Temas como el seguimiento, la prevención, los medios, las oportunidades económicas, las prácticas ganaderas o la caza furtiva, y las necesidades de inversión guiarán los encuentros que plantea esta idea, con un presupuesto total de seis millones y una duración de cinco años.

Fernando, Juan Antonio y Alberto aplauden estas charlas que delimitan un escenario idóneo para intercambiar experiencias. Hasta las mismas llevarán sus pequeños trucos, pues son conscientes del conflicto que ahora mismo planea sobre el lobo pero tienen la seguridad de que, como reza el refrán, hablando se entiende la gente.

 

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