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Las emisiones de amoniaco, en jaque

Culmina la primera fase del proyecto europeo que lideran la UVa e Itacyl / El trabajo de campo del Ammonia Trapping coincide con los experimentos en laboratorio y devuelve una «reducción del 85%» de este gas de efectos nocivos

ELSA ORTIZ / VALLADOLID
07/04/2019

 

Estados Unidos camina unos pasos por delante en muchos ámbitos, como es el caso de la investigación agraria. Mercedes Sánchez y María Cruz García probaron fortuna, que no suerte, con instancias en el U.S. Department of Agriculture (USDA), organismo estatal pionero en este ámbito. Encontrar el talón de alquiles de las emisiones de amoniaco estaba en el centro de su diana, donde aun permanece. Volvieron a España con la certeza de que debían ir más allá y abrir las puertas para que sus descubrimientos saliesen al campo.

Como telón de fondo a esta decisión se encuentra la normativa europea que, dados los incuestionables efectos nocivos de este gas, fija techos máximos de emisión. Límites a uno, cinco y diez años que el país ya supera ampliamente, según explica Mercedes.

Atajar esta problemática en la agricultura y la ganadería no es cuestión baladí, pues esta reglamentación ya tiene su reflejo directo en la Política Agraria Común (PAC) mediante un decreto ley que condiciona ciertas ayudas a la aplicación de los purines. «Son recursos que pueden transformarse en residuos si no se hace una gestión correcta. La presión que están haciendo los gobiernos de los países europeos para reducir las emisiones, así como la contaminación al agua y suelos, no es un capricho ni es ir en contra de un sector determinado», contextualiza María Cruz para aseverar que se trata de «una necesidad». 
proyecto

Conscientes de esta problemática internacional, estas investigadoras decidieron dar un paso más y sacar la tecnología del laboratorio, donde les había devuelto conclusiones muy positivas. Mercedes y María Cruz son la cara visible del Proyecto Life Ammonia Trapping, capitaneado por la Universidad de Valladolid (UVa) y el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (Itacyl), donde trabajan respectivamente.
«Pensamos en diseñar y construir prototipos a escala piloto que pudiesen trabajan en una granja real y corroborar los resultados obtenidos hasta ese momento», recuerda la segunda.

Las negativas autonómicas y nacionales llevaron esta iniciativa a las convocatorias europeas. «Life se ajustaba muy bien a nuestra pretensión de escalar esa nueva tecnología», concreta Mercedes, que es profesora titular en la Escuela Superior de Ingeniería Agraria en el Campus de Palencia. El objetivo último, sintetiza, es «reducir las emisiones de amoniaco generadas por los residuos que se producen en las granjas de ganado porcino y avícola, y recuperarlo en forma de una sal fertilizante».

Ammonia Trapping obtiene luz verde en 2017. Mientras la empresa de ingeniería Inderen daba vida a las ideas, estas investigadoras seguían perfilando aspectos como cuántos metros de membrana eran necesarios o qué velocidad de flujo era la idónea. Dos son los prototipos que pusieron en marcha, según concreta Mercedes: uno destinado a la recuperación del amonio en medios líquidos y otro con el mismo fin pero en la atmósfera.

Ambos están basados en la tecnología de membranas permeables a los gases. En el caso del líquido, tienen forma tubular y se sumergen en una balsa o tanque de purín. «Las moléculas de amoniaco atraviesan la membrana y la solución ácida que circula continuamente por su interior, impulsada por una bomba, las atrapa», reproduce la docente para después añadir que de la combinación de ambos sale el «sulfato de amonio», que es un fertilizante. La única diferencia existente con el prototipo de los gases es la ubicación de la membrana que en este caso está al aire. «Se coloca en el interior de la nave donde se alojan los animales para capturarlo», matiza.

PRÁCTICA

La teoría se llevó oficialmente a la práctica durante la pasada primavera en una de las explotaciones de la empresa Desarrollos Porcinos de Castilla y León (Deporcyl), en Guardo. Las conclusiones de la primera fase, tras ocho meses de trabajo en este municipio palentino, permiten ratificar los estudios con «una reducción del 85% en las emisiones de amoniaco», celebra María Cruz. «Esto supone un paso importante en la protección del medio ambiente y del sector ganadero», apostilla.

Ambos prototipos convivieron durante este tiempo, uno operaba en la fosa de purines mientras el otro lo hacía en el interior de la nave. Ahora su camino se separa. El de líquidos se trasladó a principios de año hasta Salamanca donde Ensua, socia del proyecto, dispone de una planta de digestión anaerobia; y el de gases está a punto de viajar a una granja en Aldelafuente. En esta localidad soriana se ensayará, tras hacerlo en la atmósfera, la captura de amonaico en compostaje.

No hay ningún motivo detrás de la elección de Guardo, Salamanca y Soria como escenarios. Fueron escogidos una vez se determinaron los sectores de actuación: el porcino y el avícola, que son los que más problemas presentan en cuanto a emisiones.

Aunque todavía resta camino por recorrer, María Cruz y Mercedes ya han visto cómo las expectativas de su proyecto se cumplen. «No teníamos ninguna duda de que la tecnología funcionaría», asegura la primera antes de reconocer que aún necesitan mejoras para poder hablar de comercialización. «El trabajo de laboratorio siempre es más sencillo que a escala piloto en la granja, pero es un desafío en el que aprendes y evolucionas como investigador porque te encuentras con inconvenientes que antes no existían o eran mucho más fáciles de subsanar», justifica. Mercedes puntualiza que la reproducción del prototipo del líquidos es «casi tal cual» en ambos escenarios. En el caso de los gases, subraya, se cumplen las cantidades pero no los tiempos porque «en el laboratorio la atmósfera está cerrada y controlada».

Para todo ello, el proyecto cuenta con un presupuesto total de más de 1,7 millones. «La contribución europea, mediante el Programa Life+ es del 60%, es decir, de poco más de un millón», concreta María Cruz para después aclarar que el resto es financiación «propia de cada socio». 
beneficios

En conclusión, el objetivo último de la iniciativa que ya lleva dos años en marcha es la recuperación de amonio de purines de porcino y gallinaza para, posteriormente, aprovecharlo como fertilizante.

Directamente repercute en la rebaja de una problemática internacional, que ya está en el punto de mira de las administraciones a todos los niveles. También disminuyen, consecuentemente, los costes medioambientales al evitar que pase a la atmósfera o a las aguas. «Si se retiras el amoniaco del purín y tiene menos nitrógeno, además de disminuir las emisiones, se puede aplicar más a las tierras, se necesitar menos capacidad de almacenamiento porque la fosa se vacía más a menudo y se previene la contaminación tanto en al atmósfera como en las aguas», resume la docente.

Ammonia Trapping llegará a su fin en diciembre de 2020, ya que acaba de recibir una prórroga de un año. «Cuando haces la memoria, plasmas unas previsiones de tiempos que el trabajo de campo va retrasando», explica Mercedes para poner como ejemplo que se estimaba que el traslado del prototipo de gases de Guardo a Soria llevaría unos quince días y ahora ya apunta a dos meses. «Hay que hacer limpieza general, reparaciones y que después funcione. Al principio hay dificultades, pero solo hasta que consigues que arranque en condiciones», apunta.

La UVa y el Itacyl ya tienen planes de futuro. Barajan la solicitud de un segundo proyecto que les permita extender sus descubrimiento a otros sectores que tengan problemas de emisiones o a otros residuos más allá de los ganaderos.

Cada paso que estas investigadoras y sus equipos dan les permite avanzar hacia su meta: que su tecnología de captura sea considerada una MTD, es decir, una Mejor Tecnología Disponible. Están convencidas del relevante papel que desempeñará en un futuro no muy lejano en el que hasta las autorizaciones para abrir y ampliar una granja o una explotación dependerán de la presencia de técnicas innovadoras como esta, que mantengan en jaque a la contaminación.

 

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