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La historia de un imposible

Las Opas rechazan la coexistencia y apuestan por «espacios reservados» para el lobo «allí donde no provoque daños» / Exigen a la Junta el control de una población que «ya es excesiva»

E. ORTIZ / VALLADOLID
01/05/2019

 

Las Organizaciones profesionales agrarias (Opas) de la región son fieles al cuento tradicional de Caperucita Roja, en el que el lobo de grandes facciones se come a la niña. Lo tienen claro: hablar de coexistencia es hacerlo de un imposible porque va aparejada, inevitablemente, de muertes en las cabañas ganaderas. No piden la extinción del Canis lupus, pero tampoco quieren cargar en sus mochilas con un perjuicio para su actividad. 

«Nadie está pidiendo la extinción de la especie». Conocedor de la crispación que ahora existe en torno al tema, el coordinador de la alianza UPA-COAG comienza con esta aclaración. Aurelio González explica que el «equilibrio» es su única exigencia. «El lobo ha convivido con la ganadería porque había pocos ejemplares, pero ahora hay muchas zonas donde la población ya es excesiva e incontrolable», denuncia.
González recuerda a Félix Rodríguez de la Fuente para apuntar que este carnívoro «tiene que vivir donde pueda vivir, sin que se le proteja en exceso y sin cambiar las costumbres». A su juicio, lo «normal y prioritario» en el medio rural es que haya agricultores y ganaderos.

La posición de Asaja dentro de este conflicto es tajante: «El lobo y la ganadería no pueden coexistir en el mismo espacio, porque la mata». Su presidente regional apuesta por «espacios reservados» para este animal «allí donde no provoque daños».

Donaciano Dujo asevera que hay que conocer las condiciones para poder juzgar. «No es lo mismo la ganadería de intensivo que la de extensivo, ni el ovino que el vacuno, ni el norte de la montaña de Palencia que las tierras de pasto de la dehesa de Salamanca», ejemplifica antes de sentenciar que la «única medida efectiva es que no haya lobos». Insiste en que «nadie quiere su desaparición» pero advierte que los esfuerzos de los ganaderos son en vano. «A pesar de todos los medios y los cuidados, se registran más de 4.000 muertes anuales», apunta.

El responsable de la Unión de Campesinos de Castilla y León (UCCL) compara la propuesta de la convivencia con «meter a un zorro en un gallinero». Jesús Manuel González Palacín remarca que el lobo es «totalmente incompatible» con la ganadería, de manera especial con extensiva y en zonas de mucha densidad. «Lo estamos viendo en Ávila, con cuatro ataques de media al día. La presión es insoportable», asegura para después reconocer que puede haber zonas donde sea «mucho menos traumático» pero en ningún caso existen garantías.

Extinción

Las Opas aprovechan para dar un toque de atención a la Administración respecto a un tema en el que consideran que juega un papel fundamental.

Para empezar, urgen clarificar conceptos. «Es una especie que se sigue considerando en peligro de extinción, cuando está en expansión total y absoluta», denuncia el responsable de la UCCL para añadir que ahora la «densidad es muy grande» al haber pasado de «poquitos ejemplares –unos 500– a más de 2.000».

Frente a este panorama, González Palacín propone la existencia de «zonas exentas» de este animal con su traslado a «áreas tradicionalmente loberas, como puede ser el norte de la Comunidad, donde se indemnice a los ganaderos por la mera convivencia». Insiste en que los mastines, las verjas y el resto de medidas preventivas conllevan «costes de producción muy altos que muchas veces no son asumibles».

El coordinador de la alianza UPA-COAG reprocha al Gobierno regional el «error» que ha cometido al regular la caza al norte del Duero. «Los ejemplares que no abatan los cazadores tienen que ser controlados por ellos porque sino el tema se les va a ir de las manos, como ya ha ocurrido con los jabalíes», indica antes de puntualizar que la Comunidad registra unos siete ataques diario. «Cada vez que un ganadero asiste a uno en su explotación, lo único que quiere hacer es marcharse y dejarlo todo», advierte.

Por último, el presidente regional de Asaja recuerda que en su momento se hizo un plan para la defensa del lobo. «Ahora lo que urgen son estrategias de gestión y de control», asegura Dujo antes de poner a la Administración en una encrucijada: «Tienen que pensar si realmente quieren ganaderos o lobos; si prefieren un medio rural con personas o con fauna salvaje que les eche. Pero luego que no se quejen de que Castilla y León está deshabitada y envejecida».

 

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