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PORCINO

Reconocimiento a la excelencia

PREMIOS Los Porc d’Or Ibéricos otorgan el máximo galardón a la granja de Jesús González, ubicada en Villagarcía de Campos / La Barrosa es condecorada por su apuesta innovadora

E. ORTIZ
21/06/2019

 

La excelencia porcina tiene nombre propio en Castilla y León. Nombres, en plural. Nombres como el de Jesús González, Asunción Gómez, Francisco Arandilla o Teodoro Guitérrez. Son propietarios de granjas en distintos puntos de la Comunidad cuyo buen hacer ha obtenido matrícula de honor en los Porc d’Or Ibérico. 

El máximo galardón de la tercera edición, el de Diamante, viajó hasta el municipio vallisoletano de Villagarcía de Campos. Como también lo hizo Jesús González durante su juventud, siempre que sus estudios en la capital le daban un descanso, para echar una mano a su abuelo y su tío. Esta vinculación con su pueblo, que el paso del tiempo fue reforzando, colocó la primera piedra de su granja que abrió sus puertas en 2008, al amparo de Agrocesa y centrada en el sector ibérico.

Procurar la sanidad de sus 330 cerditas es el eje central de la labor diaria de esta explotación, que crece al abrigo de la influencia de quien le inculcó esta pasión, su tío Ángel Sahagún. «Nos tomamos muy en serio el bienestar animal, porque los rendimientos son mayores cuanto mejor es el trato», apunta Jesús antes de concretar que sus inquilinas están «sueltas y siempre jugando».

El modus operandi de esta granja de Villagarcía de Campos es la inseminación artificial cuyo «plan de manejo es cada tres semanas»: una dedicada a las cubriciones, otra para los partos y la última para el destete, es decir, «las madres vuelven a empezar el ciclo».

La innovación desempeña un «papel importante» dentro de este planteamiento, puesto que alimentación es automática y varía en función del estado en el que se encuentre la cerda. «Cuando está alimentando a sus lechones necesita mucha más proteína que en la fase de gestación», ejemplifica. Un detalle que sumado a otros, como los juegos o la ventilación e iluminación del espacio, contribuyen a «una mejor calidad de vida».

Toda esta labor diaria, que llevan a cabo dos personas con el respaldo del veterinario, se alzó con el Porc d’Or Ibérico de Diamante como colofón a una amplia lista de estatuillas. Además del galardón supremo, consiguió plata, bronce y oro en las categorías de Nacidos Vivos, Longevidad y Tasa de Partos, respectivamente.

«Es una satisfacción tanto personal como a nivel familiar muy grande. Todos estos reconocimientos, aunque no sean económicos, tienen una gran calidad humana y recibirlos no está pagado con dinero», agradece para compartirlos con los suyos pues distinguen, matiza, un «trabajo en equipo». De hecho su tío también obtuvo dos trofeos: un bronce en Nacidos Vivos y una plata en la Tasa de Partos.

Jesús celebra haber tenido la «oportunidad» de estar presente en las tres ediciones de los premios organizados por el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (IRTA). «Siempre nos ha pintado muy bien», apunta para reconocer la gran competencia existente con muchas granjas «muy preparadas que, además, van mejorando cada día».

Innovación

La novedad de este año era una nueva estautilla para condecorar el espíritu innovador. En concreto, el de La Barrosa. Una explotación de porcino ibérico ubicada en la localidad zamorana de Arquilinos a cuyos mandos están Asunción Gómez y José María Rodríguez, unos «ingenieros de profesión y granjeros de corazón».

La creencia en el sector como clave para hacer frente a la despoblación sostiene los cimientos de una andadura que arrancó en 2019, tras la toma de contacto pertinente con el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) y con Icpor, compañía especializada en la integración porcina de cerdo blanco e ibérico.

Asunción confiesa que optaron por una explotación de cebo porque detectaron «una necesidad de mejora en el proceso», además de distintas posibilidades como la de «disminuir el impacto medioambiental». Su compromiso tanto con el entorno como con los 4590 integrantes de La Barrosa necesita de «una supervisión y de un control diarios».

La innovación es la herramienta que facilita el cumplimiento del objetivo de este matrimonio zamorano: «conseguir un granja sostenible con las máximas garantías de bienestar» para sus animales. Respecto al punto de vista medioambiental, esta explotación realiza una «gestión responsable» de estiércoles como el compostaje y «eficiente» con los recursos hídricos. Además, es «autónoma energéticamente» mediante placas solares. En lo que respecta al bienestar animal, cuenta con «un doble aislamiento térmico; un sistema de ventilación automatizado con sensores de temperatura y dióxido de carbono; y otros que permiten un control permanente de las condiciones ambientales».

Uno de los rasgos distintivos de esta granja de Arquilinos es la nutrición de precisión que consiste en «la utilización de nuevas técnicas que delimitan el acceso de cada animal a corrales de alimentación» de manera que ajustan «el suministro de nutrientes» a las distintas fases de desarrollo. «Los cerdos se pesan cada vez que quieran entrar a la zona de alimentación y, en función de lo que marquen las básculas, el mecanismo los dirige a un comedero u a otro», concreta Asunción.

«Alegría y satisfacción» son los dos sentimientos que acompañaron a este matrimonio en la recogida del Premio Especial Zoetis a la Innovación. «Es la primera vez que en los galardones más prestigiosos del sector se reconoce el trabajo que se realiza en una granja de cebo, que es el eslabón final de la cadena de producción y muy importante», aplauden con el orgullo de haber sido «los primeros en recibir un premio de nueva creación centrado específicamente en la innovación en el cebo de cerdo ibérico».

Reproductoras

Con 20 años de experiencia en el sector ganadero a sus espaldas, Ibéricos Valcorba es una granja de cerdas reproductoras operativa desde 2017. Detrás de esta iniciativa está la «verdadera vocación» de dos jóvenes hermanos. «Es con lo que me siento realizado y, además, contribuyo a generar oportunidades en el medio rural», explica uno de ellos, Francisco Arandilla.

A sus 36 años quiere devolverle a su pueblo, Bahabón, todo lo que le «ha aportado», empezando por dar trabajo a 25 familias entre las que se incluyen «personas de más de 50 años que llevaban en situación de desempleo» mucho tiempo.

La gestión medioambiental, el bienestar de los animales y la máxima calidad son los ejes «fundamentales» de esta instalación vallisoletana. Criterios que avalan su integración en Icpor.
La granja de estos hermanos cuenta con 1.500 madres, lo que supone «una tercera parte de la capacidad limitada por ley». Esto les permite, confiesa Francisco, proporcionarles una «atención diaria e individualizada» con profesionales especializados como nutrólogos o veterinarios.

Un modelo de alimentación «controlado» que les devuelve una «trazabilidad total del proceso, administrando a cada animal un tipo de pienso específico según su situación concreta».

Ibéricos Valcorba obtuvo un bronce por Nacidos Vivos y un oro por la Tasa de Partos. «Son dos criterios que permiten hacerse una idea de la eficiencia de la granja en materia reproductiva, un aspecto que ofrece una visión global sobre el cuidado, la atención y el bienestar de nuestras cerdas», traduce Francisco antes de apuntar que este trabajo «no es una ciencia exacta» sino que requiere «conocimientos, constancia y mucha paciencia».

El secreto de esta granja bahabonera está en colocar su listón cada vez más alto. «Lejos de ser una carga, nos hace mejorar. La superación de un trabajo bien hecho unida a los premios que hemos recibido recientemente es la mejor de las recompensas», concluye.

Longevidad

Hace 19 años, Teodoro Gutiérrez decidió poner en marcha Valdisierro, una granja de madres en Fresno de Cantespino. Este segoviano se dedicaba a la agricultura y optó por ir más allá. Sus primeros pasos como ganadero no fueron sencillos. En 2010, cuando empezó, se topó con la crisis de precios debida al mal de vacas locas. Nueve años después tropezó con otra piedra, en este caso relativa a las materias primas.

«Entonces pertenecía a una cooperativa importante y entró en suspensión de pagos», recuerda para apuntar que fue el impulso a la integración en Icpor y a la reconversión en 2012 con cerdas ibéricas. «Empezamos con 750 y hemos mantenido una actividad a un ritmo bastante acelerado», reconoce antes de concretar que ahora cuenta con 1.500 pequeñas a las que proporciona una «alimentación individual a través de máquinas austriacas».

Esta explotación es un «núcleo genético que se encarga de la reposición» del grupo. Asimismo, dispone de un centro de testaje de machos reproductores ibéricos, que escoge a los candidatos para la inseminación, y de un programa de selección genética que hace lo propio con las hembras. Todo ello bajo el paraguas de la innovación.

Valdisierro se alzó con una plata por Longevidad. «Intentamos que tengan una vida lo más larga posible con una tranquilidad que les permite uno o dos partos más que si no estuvieran en condiciones óptimas», asevera para subrayar lo «positivo» de un galardón que «ilusiona» a los nueve trabajadores y demuestra a Icpor que son «una granja cualificada».

Hermanos Sanz Berzal, Agropecuaria Baraja Ferrero, Los Pitones, La Mejorada, Finca Turra y Arauzo fueron otras de las premiadas por los Porc d’Or Ibérico.

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