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APICULTURA / SORIA

«Somos pocos los que podemos presumir de vivir de las abejas»

Apicultores Miguel López Cuscurita y su mujer poseen 190 colmenas entre La Hinojosa y Pobar que en invierno llevan en trashumancia a Valverde

IRENE LLORENTE YOLDI
20/11/2018

 

Miguel López Cuscurita lleva la pasión por las abejas en sus venas, ya que sus abuelos y sus padres tenían colmenas en La Hinojosa, un pequeño pueblo rayano con la provincia de Burgos por el oeste, perteneciente al municipio de Espeja de San Marcelino. Una pasión que transmitió a su mujer, Inma, y que hace diez años apostaron por la apicultura de manera profesional. En la actualidad en Soria apenas viven diez familias de las abejas, y Miguel e Inma pueden presumir de ser una de ellas. Producen miel, propóleo, polen y cera que ellos mismos venden. Sin intermediarios. Poseen unas 190 colmenas entre La Hinojosa y Pobar, el pueblo de Inma, que ahora en este tiempo las llevan a la comarca de Ágreda. Así, sus abejas trashumantes pasan el invierno a 800 metros, en Valverde de Ágreda, a las faldas del Moncayo, donde las temperaturas son más suaves. De este modo, cuenta con tres producciones diferentes. La de Valverde de Ágreda es miel de romero; la de Pobar es de tomillo, romero y encina; y la de La Hinojosa, de tomillo, espliego y ajedrea.

Esta temporada su producción de miel ha sido «media», asegura Miguel, unos 12 kilos por colmena, es decir, casi 2.300 kilos. La larga primavera ha beneficiado. Pero para recolectar un kilo de miel es necesario que las abejas visiten un millón de flores y que recorran 40.000 kilómetros, que en línea recta sería como dar la vuelta al mundo.

Además, este año se han podido recuperar enjambres, que la temporada pasada se fueron al traste por la gran sequía de toda la temporada. «Venía muy buena campaña porque la primavera se ha extendido durante más tiempo, pero la falta de agua durante el verano y las altas temperaturas han mermado la producción, si bien se ha quedado en un año medio, que no está nada mal, ya que la temporada perfecta no existe», asegura Miguel.

Su producción la venden a través de su tienda La abeja ayuda, ubicada en el barrio de Santa Bárbara, próxima al hospital, que abre al público los martes, pero también en ferias alimentarias a las que acuden de forma periódica. «Vendemos kilo a kilo directamente al cliente, sin intermediarios. Y nuestro trabajo nos ha costado; ya hemos conseguido un hueco en el mercado gracias a nuestros productos de calidad», explica.

Es la miel, bajo la marca ‘Miel de flores Cuscurita’, lo que mejor se vende, porque «hay una conciencia muy larga de su uso y su consumo». También el propóleo, para niños y adultos, el polen y la cera. Todo de elaboración propia. «Vivimos de las colmenas y de la apicultura, pero también realizamos visitas a los colmenares y más recientemente practicamos la apiterapia».

Un negocio que empezó como hobby y que han conseguido sacar adelante no sin esfuerzo y muchas horas de trabajo. Pero no se arrepienten porque sobre todo es una pasión. «Hay que sentirlo y disfrutarlo, porque así salen bien las cosas». Su trabajo consiste fundamentalmente en la cría de abejas; de la miel se encargan ellas. El apicultor debe visitar periódicamente la colmena para comprobar su estado de conservación. Observa la actividad de las abejas obreras y vigila las señales de una posible enfermedad. Durante el verano las obreras van almacenando la miel que la colmena necesitará para alimentarse a lo largo del invierno. Sólo se cosechará el excedente que producen, siempre con moderación; sin comida la colonia perecería en un día.

Miguel ha visto toda la vida cómo su familia se dedicaba a esta actividad tradicional hoy en día prácticamente abandonada en la provincia. Empezó primero con su hermano llevando las colmenas de su madre, y luego hace diez años empezó como apicultor a título principal. Sí que reconoce que en esta década se ha incrementado mucho el consumo de los productos de las abejas, si bien también constata que es en los últimos años cuando la sociedad está valorando la calidad antes que el precio. «No podemos vender por debajo de los costes, que son muchos. Y sin ayudas de las administraciones», explica. En ese nicho de mercado es donde se encuentran la Miel Cuscurita, el propóleo, la cera o el polen de abejas que se alimentan de las flores de la provincia.

 

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