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SECTOR FORESTAL

El sufrido oficio del resinero

Pavel Ropanski es un joven búlgaro afincado en Tardelcuende que trabaja desde hace cuatro años en la extracción de resina, una actividad rentable "mientras no bajen los precios"

Ana P. Latorre
03/04/2017

 

El de resinero es uno de los oficios más duros del sector primario, que se encarga de obtener recursos de la naturaleza. Pavel Ropanski, de origen búlgaro y de 32 años, nos los confirma y nos da muchos detalles de esta nueva profesión que ejerce desde hace cuatro años en los pinares de Tardelcuende (Soria).

Pavel se considera ya casi un ‘pizorrero’, como se conoce a los oriundos de la localidad en relación al oficio de resinero, aunque llega de Aranda de Duero (Burgos). Al principio compaginaba su trabajo de repartidor de pizzas en Aranda con el de resinero en Tardelcuende y tenía que hacerse 220 kilómetros al día, pero después se decidió por el trabajo en los montes para la extracción de resina y se trasladó con su familia a vivir a la provincia de Soria. Es una nueva opción laboral para muchos habitantes de la zona que no encuentran otro empleo y que optan por vivir en los pueblos. Con ello, se pone un granito de arena en la lucha contra la despoblación y, por ejemplo, Pavel ha llegado con mujer y dos hijas, en total, cuatro habitantes más para Tardelcuende.

El joven búlgaro aprendió el oficio en los cursos que se impartieron cuando se recuperó la actividad resinera en la provincia, a raíz de la apertura de la empresa Resinas Naturales en Almazán. «Asistí al curso de formación junto a unas 20 personas y después solicité al alcalde de Tardelcuende el alquiler de pinos en la zona», detalla.

Cuando comenzó a trabajar en ello pensaba: «Me he metido en algo que no puedo... Hay que trabajar mucho y, al principio, la falta de experiencia influye y tienes que trabajar el doble. Pero después las cosas van cambiando y merece la pena el esfuerzo...». Además, detalla que «lo que el primer año hacía en un día ahora lo puedo hacer en dos horas y media, por lo que la experiencia es una de las cosas más importantes». Pavel le ve futuro a la profesión e indica que «es un buen trabajo si no bajan los precios de la resina y se mantienen como hasta ahora. Tienes tres meses de vacaciones y eres tu propio jefe». Y uno de los inconvenientes para él es «que se trabaja solo y nadie te da conversación». «Es importante tener paciencia y tranquilidad. Y también tomárselo en serio, porque si ves que no salen las cosas como quieres y te quemas quieres abandonar, pero hay que continuar», añade. La jornada laboral se extiende de siete de la mañana a una de la tarde y de tres de la tarde a ocho, nueve o diez de la noche.

En cuanto al proceso, él mismo nos explica que primero se derroñan, retirando la pizorra; para después clavar las chapas con puntas y sujetar los potes en los que caerá la resina, en lo que se denomina el proceso de montaje. El siguiente paso será hacer la pica para que el pino sude la resina y cuando cae al pote y éste está lleno se recoge. «Se hace la masa en dos o tres veces, dependiendo de las picas», detalla el resinero.

La temporada se extiende de febrero, marzo o abril hasta octubre o noviembre, dependiendo de la forma de trabajo de cada resinero y de como se presente la temporada. Para este año, en el que ya se van comenzando las tareas, la cosa no pinta tan bien como se esperaba, porque está lloviendo poco. «No ha llovido, así que no será un año fenomenal», indica Pavel, quien estima que se podrán sacar 2,5 kilos de resina por pino, mientras que en 2016 se alcanzaron los 3 kilos en lo que fue «un buen año». Cada año, Pavel ha ido aumentando los pinos que trabaja hasta los 9.000, con los que cuenta actualmente.

Para lograr buenos resultados es necesario que haya altas temperaturas, aunque también es imprescindible que llueva, para que el pino produzca más resina y de mejor calidad. Pavel recomienda esta actividad, sobre todo «para gente que no encuentra trabajo, porque es mejor dedicarte a algo y sacar dinero y pode estar tranquilo», concluye.

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