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Tomate de altura que se cultiva a las faldas del Moncayo

Apuesta ganadora La empresa Altos de Yara, dedicada a la producción de manzanas, decidió hace dos años diversificar por este cultivo de gran consumo, jugando con la climatología para recogerlo fuera de temporada

IRENE LLORENTE YOLDI
26/11/2018

 

En su segundo año de producción de tomates la finca Altos de Yara de Valverde de Ágreda ha recogido 45.000 kilos en poco más de 9.000 metros cuadrados y de tres variedades diferentes: caramba, jack y big rosa. «Y si tarda en helar en esta zona a las faldas del Moncayo, la montaña más alta del Sistema Ibérico, todavía puede haber cosecha para otros quince días», explica su propietario, Raúl Sanz. El secreto de esta temporada ha sido plantar más tarde las tomateras para poder alargar más la campaña de recogida, aunque ahora están cubiertas con manta térmica para evitar daños y que aguantara la producción durante el mayor tiempo posible. De hecho, se han estado recogiendo tomates hasta esta misma semana. Y es que el año pasado el principal pico de producción lo obtuvo entre agosto y septiembre, cuando más bajos están los precios porque es plena temporada a nivel nacional, de modo que aunque la cosecha ha sido similar a la del año pasado, esta temporada al salirse del calendario de producción ha podido beneficiarse de unos mejores precios. 

La parcela se plantó en dos fases, una primera el 5 de junio, de la variedad caramba, y otra el 20 de junio, de la jack y la rosa de barbastro. En total, 17.000 plantas ubicadas en uno de los altos de la finca para recibir la mayor exposición al sol, pero al mismo tiempo al resguardo. Así, los tomates empezaron en septiembre y todavía se siguen recogiendo. De esta forma, se han evitado producir en agosto, cuando los precios están más bajos por el exceso de oferta, explica Raúl Sanz. Reconoce el propietario que la producción es similar a la del año pasado, pero esta temporada con la cosecha más tardía los rendimientos son mayores porque los precios ahora están más estabilizados. «El año pasado cometimos la novatada de plantar cuando todo el mundo, en mayo, y la máxima producción la obtuvimos en agosto y principios de septiembre, como el resto, de modo que pagamos el exceso de oferta que provoca precios a la baja».

De las tres variedades de tomates que produce Altos de Yara es la caramba la de mayor cosecha, si bien este tomate tiene la piel más dura que las otras dos. No obstante, asegura que las tres variedades han salido muy bien a la venta. De la big rosa destaca Raúl Sanz que «es un tipo de la variedad rosa pero más especial porque es más grande de lo habitual y tiene mucho más sabor. Eso se lo da la altura de la finca». La jack es similar y de un sabor excepcional.

Su mercado es principalmente Madrid, si bien una pequeña parte se vende en La Rioja, donde tiene la finca de Señorío de Igea, el germen de todo su negocio agroalimentario, y en Navarra, donde se ubica la planta de transformación de Fitero, que arrancó hace dos años.

La idea de apostar por el tomate es porque se trata de un producto de mucho consumo. «Es un tomate de alta montaña cultivado al aire libre, sin invernaderos y cosechados justo en su punto de madurez», indica Raúl Sanz. Así, este cultivo especial «está orientado a cubrir la demanda de un alto grado de calidad y con el sabor natural de antaño».

También ha diversificado en otros productos como las alubias. «Cultivamos la alubia pocha moncaína, que es una variedad muy delicada y exclusiva, más alargada que el resto que se venden en el mercado, de piel lisa, de cristal y de albumen blando y mantecoso». Y está probando con albaricoques o cerezas que en la finca de Igea tienen muy buenos resultados, para ver cuál es la producción a esta altitud. «Teníamos 100 árboles de albaricoques y hemos recogido 2.000 kilos». Pero Raúl busca en Valverde de Ágreda la calidad que le da la altura con una mayor concentración de azúcar en las frutas. «Habrá que esperar a ver la campaña próxima para ver si ampliamos o no».

Cree que el tomate tiene mucho recorrido en esta zona porque la altitud le da un sabor y un aroma que le otorga una gran calidad, y de ahí que se pueda vender como producto de alta gama, y está intentando convencer a los agricultores de la comarca agredeña para que apuesten por este cultivo hortícola que se venda bajo la marca de Altos de Yara, que arrancó a principios de este año. «¿Con qué cultivos en la zona se pueden obtener entre 50.000 y 70.000 euros por hectárea en apenas tres meses?», señala Sanz. Y es que, es a modo de ejemplo, lo que se ingresaría por una producción de una hectárea de 50.000 kilos, partiendo de que el agricultor percibiera de media entre un euro o euro y medio por cada kilo de tomate. El problema es la falta de concentración parcelaria en esta zona y el regadío, ya que el tomate hay que regarlo.

A este respecto, el tesoro de la finca es que cuenta con una balsa con capacidad para 11 millones de litros que luego se distribuye por toda la superficie a través de riego por goteo, una inversión que asumió el propietario.

No obstante, para Altos de Yara el tomate supone una mínima parte de su producción, dado que hasta el momento no ocupa ni una hectárea de toda la finca, que con 50 hectáreas se dedica en su mayor parte a las manzanas de las variedades pink yara, fuji, golden rosé y royal gala. En estos momentos queda por recoger la pink yara y la fuji de la zona más alta de la finca. Si el tiempo lo permite podrán terminar la cosecha la próxima semana. Para ello, están trabajando a pleno rendimiento alrededor de medio centenar de empleados, 15 de la plantilla permanente y el resto, temporales.

«Lo mejor que tiene la finca es que está a las faldas del Moncayo, la montaña más alta del Sistema Ibérico, que le otorga unos contrastes de temperatura muy elevados en las cuatro estaciones del año, lo que hace fortalecer sus cultivos para que sus frutos tengan unas especiales características de sabor, color y aroma», señala Raúl Sanz. En total, espera alcanzar una producción de 1.250.000 kilos de manzanas, la mayor parte de fuji, unos 500.000 kilos, otros 250.000 kilos de royal gala. El resto de golden rosé y pink yara. Y ya el año que viene, que será la ‘quinta verde’, aspirará a la producción óptima, 2.500.000 kilos.

La empresa quiere controlar y asentar esta plantación pero no descarta ampliaciones a medio plazo, si bien es cierto que esta proyección de futuro está condicionada a la concentración parcelaria de Valverde de Ágreda y la instalación del regadío. Además, confía en que su experiencia sirva para «animar» a otros empresarios o agricultores de la zona a apostar por la fruta. «Creemos que esta plantación puede ser un revulsivo, porque si a nosotros nos va bien puede que otros agricultores conviertan fincas de cereal en terrenos para frutales», sentenció.

Siempre y cuando se haga la infraestructura necesaria: «Hay en la zona un plan de modernización de regadío y concentración parcelaria tras el cual será muy interesante informar a los agricultores de nuestros ensayos y expectativas económicas», añadió Raúl Sanz. Para Sanz si aseguramos el agua la producción está garantizada, y es una producción perfecta, y por lo que parece la captación que hay del proyecto asegura el riego, lo que sería un proyecto que vendría bien para todos y que «los agricultores de la zona no pueden dejar perder este tren, porque si no se suben ellos lo harán otros de fuera».

 

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