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AGRICULTURA

La zona cero de la sequía

El campo afronta una de las peores campañas consciente de que el aumento de las temperaturas se acentúa debido al cambio climático / Opas y administración apuestan por modernizar para ahorrar agua, mientras los ecologistas quieren reducir regadío

M. CALLEJA
27/05/2017

 

El profesional del campo afronta este año una de las campañas más difíciles debido a la sequía y las heladas, cuyos efectos se van a traducir en una significativa merma de la cosecha, allí donde exista, ya que hay muchas zonas de secano en las que, lamentablemente, no va a haber nada que recoger. Preocupa y mucho el resultado de un año agrícola que se califica como «excepcional», aunque la vista está puesta también en las próximas siembras, comprometidas ante una previsible reducción de las rentas de los agricultores y ganaderos.

Más allá de si hay ayudas o no para el campo, algo «clave» para el sector, y de si la meteorología en las próximas semanas va a aliviar la situación actual, la reflexión se centra ahora en si nos encontramos ante un paso más del evidente cambio climático o se trata solo de una circunstancia como la que se ha repetido en otros tiempos, de forma más o menos cíclica. Bien es cierto, que los profesionales y técnicos observan este año algunos elementos que difieren de situaciones pasadas, y que dan lugar a un panorama aún peor.

Así, por ejemplo, aunque desde la Agencia Estatal de Meteorología se reconocen dos años similares a éste, 1992 y 2012, en cada uno de ellos, según el delegado en Castilla y León, Juan Pablo Álvarez, existe una estación astronómica que le diferencia. Según sus datos, el verano de 1992 llovió mucho más que el verano pasado, que fue extremadamente seco, mientras que hace cinco años fue el otoño el que registró más precipitaciones de lo normal.

La tendencia de cada estación y anual, según la AEMET, es de una «subida ligera» de las temperaturas. «Desde 1950 la temperatura media anual en Castilla y León es aproximadamente un grado mayor». Se ha pasado de los 12 grados del periodo 1961-1990, a los 12,5º de la referencia de treinta años entre 1981-2010. Se puede decir que las temperaturas han estado «de forma persistente por encima de lo normal», y esta es una circunstancia que ha afectado negativamente al campo, al que no le queda otro remedio que adaptarse. Especialmente, si como indican las predicciones no se aprecia una situación de precipitaciones generalizada en Castilla y León hasta finales de mayo, con un mes de junio «menos lluvioso de lo normal»

En este sentido, Fernando Franco, catedrático de Fitotecnia y de Cultivos Extensivos de la Escuela Técnica Superior de Ingenierías Agrarias de Palencia, llama la atención sobre una de las zonas más castigadas en Castilla y León que denomina «zona cero de la sequía». Se refiere, en concreto, a la provincia de Palencia, en el entorno de la Nava, en el corazón de la comarca de Tierra de Campos.

Una zona que habitualmente necesita más agua para obtener la misma cosecha que otras superficies. Es una de las áreas en España que menos precipitaciones ha recibido a lo largo del invierno y esta primavera. Una situación que califica como «crítica» si esto se repitiera de forma habitual, por eso apunta a una «reflexión». Curiosamente, esta «zona cero de la sequía», que afecta a toda Castilla y León, lo es también del topillo, según Franco, que explica esta circunstancia debido a unas prácticas agrícolas que favorecen su presencia.

Los datos del año hidrológico son concluyentes. Prácticamente toda la Comunidad presenta un déficit de precipitaciones, según las cifras acumuladas desde el uno de septiembre, con provincias como Palencia, Valladolid, norte de Ávila, sur de Burgos, y parte de Zamora, Salamanca y Segovia con entre un 60% y 80% de la superficie de secano ya siniestrada, según el último mapa de sequía.

La reflexión es obligada, y a ella se une también Abel Barrios, profesor de la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Agrícola, INEA, que destaca unos modelos de predicción que apuntan a una Castilla y León «más árida» en los próximos años. La tendencia es que suban las temperaturas y las precipitaciones vayan a menos. Por otra parte, aumentará la erosión del suelo y la salinidad, un elemento «limitante» en algunas zonas.

El único elemento positivo en este momento, que no sirve a los agricultores para compensar sus pérdidas, es que «no hay enfermedades» debido a que los hongos necesitan temperatura y humedad, que no ha habido esta campaña. Se puede decir, según Barrios, que «lo poco que hay en el campo, al menos, está sano». Por otra parte, el profesor de INEA apunta un dato a tener en cuenta este año en relación a los fertilizantes. «El profesional se ha gastado el dinero, y la falta de lluvia está provocando que los abonos no se aprovechen». Es decir, no están repercutiendo en un incremento de la productividad.

Estamos ante una sequía meteorológica e hidrológica, sin olvidar , en palabras de Abel Barrios, que «el agua es el factor de producción más importante».

Franco advierte, además, de las denominadas «tormentas del desierto» que en años anteriores se han producido también a finales de mayo o principios de junio en un momento «crítico» para el cereal, con «calores excesivos» de más de 28 grados. Tormentas que se repiten con frecuencia y que pueden, dependiendo de la variedad, «pillar» al cereal en una fase lechosa afectando a la calidad del grano. «Un problema adicional a las heladas», y que, de producirse este año, pondría al campo en una situación aún más «crítica» si cabe.

Llegado este punto, el sector debe adaptarse a este cambio climático que también está presente en la negociación de la nueva PAC. El reto es que la agricultura pueda contribuir a la lucha contra el cambio climático y la preservación del medio ambiente. Y eso pasa, según el profesor de INEA, por aclimatarse a este nuevo escenario.

El profesional adapta sus variedades y selecciona cultivos, según las circunstancias de su zona, con la rotación como elemento imprescindible. Es necesario además «concienciarse» del obligado «ahorro de agua», un recurso «clave». El profesor de INEA cree que se han desaprovechado muchas de estas reservas que son «determinantes.»

Mientras que las organizaciones agrarias y la administración abogan por la modernización e innovación en regadíos como elemento «fundamental» para producir más y mejor con menos recursos, los ecologistas quieren reducir esta superficie. Santiago Marín Baraja, portavoz del área de agua de Ecologistas en Acción, afirma que en los últimos 25 años «se ha perdido el 20% del agua del país». En este sentido, cree que aumentar regadío sería una «barbaridad», por eso apuesta justo por lo contrario. Esta organización defiende que para que exista un reequilibrio hídrico «ramplón» en España debería tener un máximo de tres millones de hectáreas de regadío, no los 3,6 millones que hay ahora. «Estamos muy por encima, y eso hace que se consuma el agua que no tenemos».

El portavoz del área de agua de Ecologistas destaca la falta de recursos y, advierte, que «cada vez habrá menos». Son conscientes de que el cambio climático ha venido para quedarse, por eso señalan que «aumentar regadío en España sería una irresponsabilidad» en estos momentos. «La naturaleza tiene límites y éstos se van superando». Una política que va justo en la línea contraria de la apuesta de la administración por las nuevas infraestructuras.

El sector rechaza rotundamente el planteamiento de los ecologistas. Matías Llorente, secretario general de UGAL-UPA subraya que la agricultura del futuro «solo está garantiza con el regadío». De esta forma, defiende una mejor regulación de las cuencas para que no se pierda agua, una acumulación de reservas necesaria ante el cambio climático. Y alude en este caso, a las balsas propuestas en Palencia y León, y que tantos problemas burocráticos están encontrando por parte de los ecologistas.

Una opinión que comparte el coordinador regional de la UCCL, Jesús Manuel González Palacín, que recuerda a Ecologistas en Acción que el «regadío transforma el agua en alimentos», tan necesarios, dice, para atender a una población mundial que en 2050 llegará los 10.000 millones de habitantes.

Según los datos del Ministerio, desde el año 2000 hasta el 2013 el sector agrario ha reducido en un 14% el consumo de agua, «en gran medida», debido a las políticas de modernización de regadíos de los últimos años.

Operación CO2: «La nueva PAC debe primar la lucha contra el cambio climático»

Los efectos del cambio climático pueden observarse desde hace ya tiempo con los cambios en precipitaciones, temperaturas y condiciones meteorológicas más extremas. Se prevé de cara a la década del 2080 un aumento de las temperaturas de entre dos a cuatro grados, con una distribución «desigual». Según los investigadores, el sur de Europa sufriría de forma especial este incremento, con periodos de sequía intensa.

Esta es la justificación del proyecto Life Operación CO2, liderado por la Escuela de Ingenierías Agrarias de Palencia, y que está basado en prácticas agroforestales integradas y de conservación de la naturaleza contra el cambio climático, potenciando el secuestro de carbono. Sus coordinadores acaban de presentar los primeros resultados tras un trabajo de cinco años que finalizará oficialmente en agosto. Por un lado, como explica Zacarías Clérigo, profesor de la Escuela, se ha demostrado que un «buen» manejo del bosque, a través de un plan integral, «mitiga» el cambio climático al aumentar la asimilación de CO2. Las prácticas agroforestales llevadas a cabo en áreas degradadas ayudan a esa «mitigación» y «adaptación» al cambio por medio de la captura de CO2 y el «incremento» de la biodiversidad.

El plan de gestión integral forestal se ha desarrollado en una finca situada en el pre-pirineo catalán, mientras que el agroforestal se ha circunscrito estos años a dos regiones de España, una de ellas situada en Castilla y León, en concreto, en Ayoó de Vidriales (Zamora), con «buenos» resultados, según los promotores.

El proyecto Life demuestra que se pueden certificar créditos de carbono para poder comercializarlos, con unas labores selvícolas «adecuadas». Por otra parte, como explica José Luis Marcos, otro de los coordinadores, se ha podido recuperar zonas degradadas y menos productivas «con pocos costes» y, lo que es más importante, «hacerlas rentables», a través de un «maridaje» de agricultura tradicional y monte. Hablamos de agroselvicultura, combinando cultivos como las alfalfas y leguminosas con otras especies de madera noble, árboles frutales, pistachos, etc…Unas técnicas que han «mejorado» la tierra y la «ganancia» de CO2, según los coordinadores.

Precisamente, los integrantes de este proyecto viajarán el uno de junio a Bruselas para defender estas técnicas, ante la Oficina del Cambio Climático. Será uno de los pocos proyectos elegidos para trasladar sus conclusiones. Clérigo apuesta, en este sentido, porque en la nueva PAC se contemplen ayudas que apoyen estas prácticas culturales que luchan contra el cambio climático al emitir menos CO2. Conscientes de que la agricultura emite CO2 al aire, subrayan que, al mismo tiempo, el sector es también captador, con unas técnicas culturales «adecuadas», como las ensayadas en el estudio.

 

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