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Dúo de ases para detectar sepsis

Investigadores identifican dos biomarcadores que mejoran la detección de esta grave infección en pacientes quirúrgicos.

E. LERA / VALLADOLID
22/01/2019

 

Es la gran desconocida de la sociedad pero mata 13 veces más que los accidentes de tráfico y, por raro que parezca, que cánceres como el de colon o mama. La sepsis es una patología que causa 17.000 muertes al año en España y 19 millones en todo el mundo. El tiempo es crucial. Lo habitual es que, cuando un hongo, una bacteria o un virus provocan una infección en cualquier parte del cuerpo humano, el organismo reaccione con uñas y dientes generando un proceso inflamatorio. Sin embargo, las sustancias químicas que se liberan para combatir al intruso son elevadas. La respuesta es parecida a una explosión nuclear. Las alarmas saltan para frenar al patógeno y no hay vuelta atrás. La lucha sin cuartel afecta a los tejidos y órganos, y si no se consigue abordar a tiempo, puede generar un fallo multiorgánico y, por ende, la muerte.

En este escenario, el trabajo coordinado de los profesionales sanitarios está por encima de todo. A priori, cualquier infección puede desencadenar una sepsis, por tanto, mientras el servicio de Microbiología descifra, contrarreloj, la causa; los médicos controlan la función de todos los órganos afectados y administran antibióticos de amplio espectro para rebajar la respuesta inflamatoria. Cuando tienen en su poder el nombre y apellidos del agente que ha provocado esta peligrosa situación, afinan el tratamiento. Y lo hacen por dos motivos: dar en la diana de la infección y favorecer el control de resistencias a fármacos que después se diseminan.

Esta situación, que no se puede predecir cuándo aparecerá, se sucede con más probabilidad en personas mayores, niños, enfermos crónicos y con el sistema inmunológico debilitado. Además, las posibilidades de que el cuadro se complique se producen cuando intervienen distintos factores y, sobre todo, en pacientes quirúrgicos. En este último caso, es muy complicado identificar la sepsis porque comparte síntomas con el síndrome de respuesta inflamatoria sistémica que se produce tras una cirugía de forma habitual.

Para cortar las alas a estos patógenos de hierro aparece un grupo de investigadores salmantinos y vallisoletanos que ha descubierto que los valores de dos biomarcadores, procalcitonina y HLA-DRA, mejoran en un 7% la detección de esta infección, lo que suponía un gran desafío. «El problema es que la sepsis carece de un ‘síntoma guía’, como puede ser el dolor de pecho en el infarto de miocardio. Esta enfermedad debuta con síntomas muy inespecíficos, como fiebre o hipotermia, confusión mental, caída de la tensión arterial, aparición de pequeñas manchas en la piel, aceleración del pulso y de la respiración», explica Jesús Bermejo, responsable del grupo de investigación Biomédica en Sepsis del Hospital Clínico Universitario de Valladolid.

A pesar de que se llevan años probando nuevas terapias sin éxito, la realidad es que el tratamiento más eficaz no ha cambiado en los últimos 20 años, y consiste en la erradicación precoz del foco infeccioso, mediante cirugía –si la causa es, por ejemplo, un absceso abdominal–, y tratamiento antimicrobiano, junto con el mantenimiento de las constantes vitales mediante la administración de fluidos intravenosos y sustancias como la noradrenalina para mantener la tensión arterial, o la asistencia ventilatoria para mantener la función respiratoria o la diálisis cuando falla el riñón.

Las probabilidades de sobrevivir a este proceso dependen «de la rapidez en la instauración del tratamiento», apunta. De forma general, manifiesta que cada hora que pasa sin antibiótico la probabilidad de muerte sube un 10%, pero no se puede comenzar a tratar si no se detecta. Por este motivo, Bermejo expone que se necesitan herramientas nuevas que ayuden al cirujano y al anestesista a poder discernir mejor quién tiene sepsis y quién no. Además, «si se administran fármacos a pacientes que no los necesitan, estamos favoreciendo la aparición de bacterias resistentes a los mismos», subraya. 
En este sentido, comenta que este proceso infeccioso afecta a pacientes con dolencias muy prevalentes: afecciones crónicas como diabetes, enfermedad pulmonar obstructiva, hipertensión, hiperlipidemia –lípidos elevados en sangre– y también a pacientes inmunosuprimidos y con cáncer, de los cuales hay cada vez más en nuestro entorno por el envejecimiento de la población.

El proyecto trata de identificar moléculas presentes en la sangre del paciente que permitan distinguir de forma precoz al paciente quirúrgico con sepsis del paciente que tiene inflamación sistémica o fallo de algún órgano pero que no están causados por una infección. «Estas moléculas pueden ser cuantificadas en el laboratorio rápidamente tras la extracción de la muestra y dan una información muy valiosa al médico que atiende al paciente», precisa.

Éste es el primer trabajo que combina la cuantificación de un biomarcador de uso habitual en los hospitales para el diagnóstico de la sepsis –la procalcitonina, que refleja el grado de inflamación que presenta el paciente durante la infección bacteriana– con un nuevo biomarcador que evalúa el grado de depresión inmunológica, el HLA-DRA. «Lo hacemos, además, utilizando dos tecnologías diferentes: la procalcitonina la cuantificamos a nivel de proteína y el HLA-DRA a nivel genómico, concretamente su ARN mensajero, utilizando 2,5 mililitros en sangre en total».

Respecto a las ventajas, Jesús Bermejo detalla que la combinación de este dúo de ases aumenta un 7% la sensibilidad de detección de sepsis de la procalcitonina utilizada sin combinar, se sube de un 73% al 80%. Un porcentaje importante pero que no se queda ahí. Según asegura, este paso ayuda, sobre todo, a los pacientes que todavía no presentan una sepsis clara, los que todavía no están tan graves que, por otra parte, son los más difíciles de identificar a tiempo.

Para llegar a la conclusión, se diseñó un estudio con dos cohortes, una inicial reclutada en Valladolid, compuesta por 154 pacientes quirúrgicos –101 con sepsis y 53 sin sepsis–, en la que se descubrió la utilidad de combinar los dos biomarcadores, y una segunda cohorte en la que se confirmaron los resultados, reclutada en Salamanca, con 74 pacientes con sepsis y 21 de control. A todos ellos se les solicitó una muestra de sangre para la cuantificación de los dos biomarcadores en el laboratorio de investigación del Hospital Clínico Universitario de Valladolid y el Servicio de Análisis del mismo centro hospitalario. «Ha sido un gran esfuerzo logístico y un ejemplo de colaboración entre hospitales de Sacyl», indica Jesús Bermejo.

La línea de trabajo nació en 2010 de una colaboración entre el laboratorio de investigación con el grupo BioCritic de la Universidad de Valladolid, coordinado por el doctor Eduardo Tamayo. En 2016 el equipo dirigido por Bermejo se alió con tres servicios de Anestesiología y Reanimación (Clínico y Río Hortega de Valladolid y Clínico de Salamanca) y con dos servicios de Cirugía General (Clínico de Valladolid y Clínico de Salamanca), para conseguir un proyecto financiado por el Instituto de Salud Carlos III. Juntos están rindiendo a gran nivel tanto nacional como internacional. No es para menos. Son los primeros que han optado por utilizar dos biomarcadores claves en combinación.

En su opinión, con esta colaboración han demostrado que desde el sistema público de salud de Castilla y León se pueden liderar iniciativas para mejorar el diagnóstico y tratamiento de la sepsis mediante la colaboración entre médicos e investigadores. De hecho, quieren expandir la experiencia a otros hospitales de la región. Así, los participantes en este estudio están explorando la posibilidad de crear un biobanco de muestras biológicas de pacientes que han sufrido esta grave infección en colaboración con el Centro de Hemodonación y Hemoterapia de Castilla y León. «No se nos olvida seguir colaborando con el Ibsal, instituto con el cual desarrollamos actualmente dos proyectos, uno que continua investigando sobre formas de detectar mejor la sepsis en el paciente quirúrgico y otro totalmente novedoso sobre la detección de esta enfermedad en atención primaria», avanza.

 

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