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DE FIESTA EN FIESTA

Los mayos de Villafranca del Bierzo

Villafranca del Bierzo ha conservado su patrimonio cultural material e inmaterial con el cariño de los que son conscientes de su valor, por eso hoy es uno de los conjuntos más bellos de la Comunidad Autónoma de Castilla y León y destaca por la riqueza de las costumbres que mantienen el sabor de antaño pero en contextos de modernidad, adaptados a las necesidades del s. XXI. Es un ejemplo donde pueden mirarse otras cabeceras de comarca cuando quieran plantear la recuperación y conservación del patrimonio cultural comarcal.

JOSÉ LUIS ALONSO PONGA
08/05/2019

 

La llegada de la primavera a la Villa del Burbia trae consigo la recuperación y puesta en escena de los denominados ‘mayos vivientes’. El mayo o los mayos es una tradición extendida por toda Europa, consistente en que la noche del último día de abril, unas cuantas personas, tradicionalmente los mozos, con frecuencia los quintos, cortaban un árbol y después de mondarlo por completo, dejando en la cima unas cuantas ramas verdes, o atando otras muy vistosas, lo pinaban, o ‘pingaban’ en un lugar señalado por la costumbre, generalmente la plaza mayor o el lugar más emblemático del lugar.

Es la pervivencia de un rito dendrolátrico universal, que los antropólogos del s. XIX explican diciendo que, cuando el hombre, en la Prehistoria, formaba un todo con la naturaleza, se sentía en comunicación continua con los espíritus benéficos de la vegetación, los responsables de la renovación de la vida en plantas, animales y personas.

Sin embargo, cuando comenzó a resguardarse en poblados amurallados para defenderse de las fieras y de los enemigos, estableció una barrera física entre los espíritus de la vegetación y el poblado de hábitat cotidiano. Aprovechaba la llegada de la primavera para traer y colocar en el centro del poblado los árboles totémicos y aquellos que las creencias habían consagrado como morada de los espíritus de la vegetación. De esta manera, las deidades bienhechoras venían a acampar entre el pueblo, en el espacio domesticado. Estas creencias dendrolátricas, pasaron a las religiones más estructuradas, como la griega y la romana, y de estas al cristianismo, que las acogió e interpretó en clave sacral.

El pasado uno de mayo, la Escola de Gaitas de Villafranca del Bierzo volvió a convocar y a acompañar a los mayos por las calles de la ciudad. Y una vez más los niños y los jóvenes se disfrazaron cubriéndose con ramas de escoba, de apio caballar conocido como cañaveira, de ginestra, etc. Son los denominados ‘Mayos vivientes’, que se conservan con gran fuerza en Villafranca del Bierzo. Para celebrar la fiesta se juntan un grupo de niños y jóvenes visten a algunos de ellos de mayo, cubriéndole con ramas verdes, y los acompañantes con ramos y flores en la cabeza. Papel importante tienen los acompañantes tocando la gaita y el tambor, o acercando las cestas de mimbre para recoger lo que los vecinos quieran darles.

De esta guisa recorren las calles hasta llegar a la plaza mayor. De vez en cuando y a petición de los vecinos tumban los mayos, mientras los cantores siguen desgranando las coplas relatando las escenas que representan, aludiendo al mayo que se tumba y se levanta, y otras en las que se piden productos típicos, lo tradicional son las castañas de mayo, manzanas y si el vecino era muy rumboso, chorizos.
Las canciones que se han conservado y que se repiten año tras año, aluden primero a la llegada del mes de mayo, como mes de la vegetación, «Marzo airoso abril chuvisnoso/ sacan o maio florido e hermoso/ entra mayo con sus flores/ sale abril con sus amores» cantan antiguas estrofas que mezclan palabras y expresiones gallegas y castellanas. Las composiciones petitorias son incisivas con el vecino o la vecina: «Tire castañas señora María/ tire castañas que as ten na cociña. /Tire castañas señora Manoela/ tire castañas que as ten na mantela». Son dos estrofas que se repiten como ejemplo de lo que se entonaba cuando la tradición estaba en su apogeo.

Entonces en cada portal se cambiaba para rimar el nombre del ama de casa con la expresión laudatoria o deprecatoria que se dirigía al sujeto según fuese rumboso o tacaño. Así cuando respondía a las peticiones les cantaban estrofas halagüeñas: «Estas puertas son de hierro/ aquí vive un caballero». Si racaneaban concluían con una «Esta casa es de lousa/ aquí vive una roñosa».

De gran interés son las que se cantan en el intermedio coincidiendo con el tiempo que el mayo yace tumbado. «levántate mayo/ bastante dormiste/ que pasó un burro y no lo sentiste». Esta frase aparentemente jocosa, y que alude a la profundidad del sueño del espíritu de la vegetación, tiene un sentido más profundo. Clodio González recogió en Galicia unos versos que ya en la década de los ochenta del siglo pasado ya no se cantaban que nos iluminan estos nuestros decían: «Levántate mayo, bastante dormiste/ ya pasó el inverno e no lo sentiste». Este es el sentido primigenio de este desfile en el que se representa la llegada de la primavera, trayendo los brotes nuevos, tiernos, y las flores con las que se cubren los actores del rito de manera que el maio es el espíritu de la vegetación encarnado en una persona.

La costumbre de los mayos disfrazados es medieval, de ella se tiene noticia en Santiago de Compostela como una fiesta de primavera y, según los relatos que nos han llegado, se cubría a un niño con plantas y flores de la nueva estación con él marchaba un grupo de amigos o compañeros del barrio haciendo cuestación y bailando alrededor del mayo cuando alguien les daba una propina.

La fiesta de los mayos de Villafranca del Bierzo es de un valor cultural y patrimonial excepcional porque representa una de las celebraciones más originales y es imprescindible para comprender el ciclo primaveral en Castilla y León. Está, lógicamente en un horizonte cultural galaico leonés, la fiesta se debe interpretar en clave de las orensanas de Valdeorras, y de las bercianas que aunque evolucionadas se conservan en otros pueblos del Bierzo Alto y que a su vez sirven de puente para entender las de Maragatería, Cepeda y otras de las comarcas zamoranas y salmantinas.

La celebración comienza la víspera con actuaciones musicales y hogueras organizadas por el Ayuntamiento. Al amanecer del uno de mayo los participantes, armados de hoces van a ‘apañar’ las cañaveiras. Tienen que ser buenos ramos para hacer el armazón sobre el que se sujetan las ramas más tiernas de la misma planta. El vestir el mayo tiene su técnica, los mayores son los que la conservan en la memoria, y enseñan a los interesados en aprender. El mayo se cubre de arriba abajo con vegetación, de manera que solo queda un pequeño hueco para que pueda ver. Camina erguido con pasos cortos porque el disfraz no le permite hacer otra cosa y, por eso, necesita la ayuda de los compañeros a la hora de tumbarse y levantarse. 

La celebración actual forma parte, también, de ritualización de las relaciones entre los barrios. El barrio del Castillo y el de la Calle del Agua, dos de los emblemas señeros del patrimonio material villafranquino visten cada año sus mayos que recorren las calles hasta encontrarse en la plaza mayor, donde tiene lugar la expresión más vistosa de la fiesta, ante la mirada de muchos curiosos que acuden a la Villa del Burbia para la celebración, y de los peregrinos que procuran que sus jornadas a Compostela coincida con el primero de mayo para poder disfrutar de la función.

Las castañas que aún se recogen son las denominadas castañas mayas, castañas secas, que hay que dejar ablandar en la boca, y tiene un sabor dulce y agradable. 
Es fiesta de Interés Turístico Provincial desde 2011, pero a mi juicio y dado que es uno de los escasos ejemplos que aún se conservan en el Noroeste Ibérico y que ha evolucionado sin interrupción a lo largo de la historia, quizás debiera optar a una categoría superior en la lista de los Bienes de Interés Cultural Inmaterial.

 

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