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DE FIESTA EN FIESTA

El Paso Honroso. Justas medievales en Hospital de Órbigo (León)

Hospital de Órbigo es una localidad leonesa del Camino de Santiago que debe su nombre al hospital de peregrinos que allí se fundó en la Edad Media aprovechando el puente de piedra que cruzaba el río Órbigo, el gran paso para salvar el río más caudalos

JOSÉ LUIS ALONSO PONGA
03/06/2019

 

Una tierra y un camino que ha visto pasar peregrinos de toda clase y pelaje, de todo el mundo conocido, por el que han transitado comerciantes y buhoneros, clérigos y cuerpos de ejército real, y caballeros en su peregrinar a Santiago de Compostela. De caballeros peregrinos a Compostela y damas dominantes va esta historia que se conoce como la del Paso Honroso. Lo del paso viene porque el puente lo es, y honroso, porque sólo la honra, como valor caballeresco, llegó a imaginar unos hechos tan inverosímiles como increíbles, si no fuera porque las crónicas los dan por veraces.

Todos los años, desde hace veintitrés, se celebra en Hospital de Órbigo la Recreación Histórica de las justas celebradas allí el año 1434, según narra el cronista Pedro Rodríguez de Lena, que Don Suero de Quiñones, un caballero de la todopoderosa familia de Los Quiñones de León, que por entonces era dueña, entre otras fortalezas de la de Laguna de Negrillos, llevó a cabo en las riberas de este río.

El caballero en cuestión se sentía cautivo por la maraña de promesas hechas a su dama a la que había prometido amor eterno, comprometiéndose a servirla y satisfacer sus caprichos. La tal señora se llamaba Leonor de Tovar y decidió cautivar con sus encantos al incauto que cayó en sus redes, de las cuales sólo se liberó cuando cumplió los deseos de la joven. El joven se comprometió a ayunar todos los jueves de mes (suponemos que no lo hacía los viernes por miedo a la Iglesia que aconsejaba hacerlo en memoria de la pasión de Cristo); se cerró una argolla de hierro al cuello, y prometió no levantarse su penitencia ni quitarse el collar hasta no haber quebrado 300 lanzas en lances con los caballeros que se prestasen a ello.

El precio por el rescate lo puso él, nadie le obligó a tan alto número. Lo hizo todo por lo legal, y con permiso del Rey Juan II, envió mensajes a las cortes de Europa invitando a los caballeros que lo deseasen a celebrar las justas. La noticia corrió como la pólvora, y el desafío aún se comentaba en la época de Cervantes, que alude a él en el Quijote. No estaba sólo, contaba con otros nueve compañeros, que hoy juzgaríamos tan chiflados y desocupados como él, que le asistían en su empresa. Para completar el cuadro, algunas doncellas dejaban un guante en prenda, a la espera de que algún caballero viniese a rescatarlo.

Se apostó con su mesnada en la cabeza del puente a la espera de poder cumplir su promesa, y allí estuvo entre el 9 de julio y el 10 de agosto del año 1434. Se batió con todos los que llegaron atraídos por el desafío, pero no consiguió llegar al número que se había propuesto. Los jueces elegidos para sancionar el torneo dieron el hecho por cumplido y le declararon libre de su prisión de amores. Satisfecho de su hazaña, partió en peregrinación a Santiago donde se quitó la argolla y la ofrendó al apóstol. 
Esta legendaria proeza es la que ha dado origen, y sirve de base, a las fiestas que se celebran el primer fin de semana de junio.

La fiesta, declarada de Interés Turístico Regional, que además está incluida dentro de la Asociación Europea de Fiestas y Recreaciones Históricas, se pone en marcha, año tras año, por la voluntad del Excmo. Ayuntamiento de Hospital de Órbigo y del Centro de Iniciativas Turísticas.

Los elementos destacados de la fiesta son el mercado medieval, las justas, y la gastronomía. Los relatos periodísticos de la fiesta destacan también como central la misa en latín según el rito romano, (no el mozárabe, que en el s. XV ya había desaparecido de estas tierras), porque recupera elementos de una religiosidad popular muy querida aún por el pueblo. Ya que si por algo se caracteriza esta fiesta es por la implicación y participación masiva de los vecinos que se disfrazan para la ocasión con trajes ‘medievales’.

El sábado por la mañana se inaugura el mercado medieval, con la afluencia de un gran número de ‘mercaderes’ que venden todo tipo de productos artesanales. Sirve a su vez de marco para las actividades lúdicas enfocadas principalmente a los niños, como el tiro con arco, exposición de armamento de época, juegos como el tres en raya o un ajedrez con piezas gigantes, etc. El numeroso público infantil puede participar en otras atracciones organizadas por los animadores, como son subir a la noria de madera, cabalgar sobre monturas adecuadas a su edad (burros, ponis o camellos), etc.

El mercado se compone de todo ese conglomerado lúdico que la invención moderna ha achacado a los mercados medievales. El centro del casco urbano está decorado con el fin de reforzar un escenario y evocar la vuelta de la villa al s. XV. La gran atracción que no decae en ningún momento de la celebración es la gastronomía. Durante los dos días de la fiesta, el aire se llena de aromas primigenios que proceden de las hogueras en donde se asan los cerdos, las chuletas, los chorizos y las morcillas. El vino de Valdevimbre y Los Oteros corre en abundancia por las mesas de los comensales que acuden a la llamada de los estómagos cuando éstos les avisan que tienen que reponer fuerzas.

Sobre las cinco de la tarde del sábado se organiza un desfile que acompaña al alcalde hasta el palenque, levantado en la pradera, a la vera del puente antiguo, para la inauguración oficial de las fiestas. El discurso de la autoridad da paso a las actividades programadas y repetidas año tras año, siendo la espina dorsal de la recreación histórica. Las damas del Paso son protagonistas de unos bailes en los que demuestran su dominio de las danzas tradicionales, sobre todo las danzas con arcos floridos. En el mismo acto se hace la presentación pública y oficial de los caballeros que participarán al día siguiente en las justas, quienes a su vez hacen una demostración de sus habilidades caballerescas corriendo la sortija y practicando con estafermos.

Sobre las nueve comienza la cena medieval, amenizada por músicos con atuendo e instrumentos de época. Al finalizar, terciada ya la media noche, se organiza la denominada procesión de las antorchas, un espectáculo de gran vistosidad, en el que grupos de personas del pueblo organizadas a modo de peñas, desfilan procesionalmente acompañando a grupos de malabaristas y saltimbanquis que dominan a la perfección los juegos circenses con fuego.

El día más importante, simbólicamente hablando, es el domingo. Desde las once de la mañana que abre el mercado medieval comienzan a realizarse los diferentes eventos lúdicos. En el palenque se dan cita los vecinos para el pregón, y para el nombramiento de mantenedor de las justas que será el encargado de pregonarlas.

A las seis de la tarde, según el programa de mano, están convocados para presenciar las justas en el palenque, cuyas gradas están reservadas a los que vayan disfrazados de medievales. El alcalde y los organizadores de la fiesta, juntamente con las damas del Paso, se sitúan en las gradas centrales. La comitiva de cómicos, animadores, arqueros, etc., desciende por el puente desfilando marcialmente, y ya en el centro del campo hacen gala de sus habilidades.

Los protagonistas, los seis caballeros divididos entre los defensores y los aventureros, son presentados a la multitud que se divide en dos bandos cada uno de ellos al lado de una facción. A Don Suero le acompañan D. Lope de Estúñiga y D. Lope de Aller, mientras que en el bando contrario marchan los denominados caballeros valencianos que se presentan como enemigos. Los caballeros se enfrentan, primero a caballo con las lanzas, y después pie a tierra en combate cuerpo a cuerpo. El vencedor, lógicamente D. Suero de Quiñones, se acerca a Dª Leonor de Tovar que le libera de su promesa quitándole la argolla que lleva al cuello. La función termina con el desfile de los caballeros a lo largo del palenque.

La fiesta de Hospital de Órbigo es una de las más importantes de la Provincia de León, y una muestra de cómo el aprovechamiento de las historias y las leyendas históricas pueden ser fuente de turismo y economía.

 

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