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TIENE TELA / ANTONIO PIEDRA

¡Pobre burro!


10/03/2019

 

CONVOCATORIA de elecciones = psicodrama. Es decir, que aquí cada loco se sube al escenario, recrea sus propias psicopatías en cualquier sitio –en el Tribunal Supremo, en el Congreso, en la Moncloa, en la calle Mayor de Palencia o Santiago de Valladolid, y en connivencia con la T-Systems de Alemania–, y hace de sus neuras no una terapia de grupo, que sería lo sensato en la corrección de conductas, sino un despendole democrático en el que el burro con oro lo alcanza todo.

Lo más alucinante del psicodrama reside siempre en la distorsión del lenguaje para demostrar que un puente nada tiene que ver con un río. Así, vimos la semana pasada en el Supremo cómo Rajoy volvía a hacer de Rajoy, a Montoro vampirizando las cuentas de Cataluña al estilo telefónica alemana, y a los independistas sabiendo que burro con pollino va derecho al molino. Y todos repitiendo al unísono el psicodrama de Jardiel Poncela: «Los ladrones somos gente honrada».

Lo sorprendente de este tipo de insistencias –que los gordos son delgados, los feos guapos, los lerdos listos, y los mentirosos veraces–, aunque se trate de trolas absurdas, se convierten al fin en coladeros. Es más, en España los que más mienten, más gustan, y los que más burlan la ley y roban, resultan más honrados. Llegados a esta subversión del lenguaje, ya no importa el somos, sino el es con arreglo a mi lógica y a mis normas, porque, sencillamente, los ladrones en burro somos también gente honrada.

Por ejemplo, un penalti dudoso en un partido de fútbol ya no se dirime por el var o por reglas arbitrales, sino por la visceralidad de un equipo contra otro: 11 contra 11. Se ha eliminado de cuajo ese elemento externo que decide si algo es o no penalti. Lo que trasladado a la convivencia democrática equivale a erradicar de un plumazo, y sólo porque los ladrones somos gente honrada, las leyes que rigen un estado de derecho. No valen las votaciones excluyentes de unos contra otros. Se trata de acuerdos objetivos y muy anteriores que gusten o no hay que respetar.

Esto que parece tan elemental, y de una lógica aplastante desde el patio del colegio, no puede saltar por los aires porque un grupo de golpistas quieran representar su propio psicodrama desde el altavoz que proporciona el Tribunal Supremo. No podemos aceptar en serio y por las bravas que los ladrones en burro sean gente honrada, que lo repitan con orgullo todos los días, y que retadoramente nos lo restrieguen por los hocicos salteadores impunes que roban la ley a los demás.

Todo esto nos recuerda batallas antiguas en las que se luchaba y se moría en nombre de Dios. ¿De qué Dios? ¿Del mismo Dios que protegía a los mismos contendientes por igual? Lo que antes representaba la palabra de Dios para justificar lo injustificable, ahora se hace en nombre de la democracia, palabra que todo lo arregla por sus efectos mágicos. Si se delinque, se crea violencia, injusticia, desorden y miseria en nombre de la democracia, será porque que los ladrones son gente honrada y a burro de muchos, comida de lobos.

Pueden incluso prender fuego al Tribunal Supremo porque al asno modorro arriero loco. Además, si este psicodrama democrático se internacionaliza, miel sobre hojuelas. El orbe entero se enterará de lo democráticos que somos y que perezcan las leyes del mundo mundial. Será penalti porque los golpistas han votado en equipo que lo sea, y que cada burro aguante su albarda. Nada de democracia para todos, sino lo que ellos han decidido que sea democracia de acuerdo con sus intereses, rapiñas, egoísmos y locuras.

Los demás, como seres inferiores y con un bache sustancial en su ADN, no pueden entender la grandeza de miras del independentismo ni su mente abierta ni su heroísmo noble y sacrificado. Y todo refrito en la sartén pacifista. Algo que repiten hasta el exterminio del adversario. Y en estas estamos, señores jueces del Supremo. La subjetividad golpista conduce al sectarismo y nada les gustaría tanto como que la justicia deje de ser justa porque los ladrones en burro, en el fondo, son gente honrada.

Curioso el empeño que tienen los independentistas porque no intervenga la justicia. Para ellos sería letal. Lógico. Lo mismo les pasa a los ladrones. Ambos quieren seguir robando y operando según sus propias reglas. Quieren un partido sin árbitro y que no intervenga la justicia porque ellos son la única justicia. Y de este burro, como formación integral en los colegios, no se apean desde hace 40 años. Creen, además, que el burro es suyo y deciden quién monta en él y quién no.

Oírles hablar en el juicio produce realmente escalofríos, pues el Tribunal Supremo semeja una sala de consulta psiquiátrica en la que los alienados van siempre montados en el burro. Ellos encantados de que los españoles, estúpidamente, ocupen su vida pesando que los ladrones pueden ser gente honrada. El burro de la pobre España ya va reventado. Mejor dicho, está reventado o a punto de reventar. Mientras, los que van arriba del jumento dicen que eso es lo democrático y que el burro reviente de una vez.

 

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