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EL PUNTO DE VISTA

¡Ave María!

LUIS MIGUEL LARGO
08/07/2018

 

EN ALGUNOS dinteles de piedra de las casas viejas de Soria viene recogida la leyenda: Ave María Purísima. Los visitantes piensan que la religiosidad de esta tierra estaba demasiado interiorizada en el mundo rural, pero la verdad es que se trataba de un tradicional santo y seña para poder acceder a su interior. Cuando se llegaba al umbral de una casa, para hacerse anunciar, se proclamaba la frase Ave María Purísima y si desde el interior contestaban Sin pecado concebida podía uno entrar sabiendo que sus moradores estaban dentro y se disponía del permiso necesario. Si no había nadie, uno pasaba de largo, respetando la intimidad y la propiedad de los vecinos.

En la novela de Truman Capote A sangre fría, en pleno corazón de Norteamérica, sorprende que los asesinos puedan acceder a la casa para cometer sus crímenes sin necesidad de forzar ninguna puerta, sin tener en cuenta que hubo un tiempo en el mundo rural que lo único que se cerraba eran los animales, las gallinas, ovejas o cabras, mientras que la puerta de casa permanecía abierta las 24 horas del día, sabiendo que no había nada que esconder, salvo la pobreza que era compartida por todos los del pueblo.


Las casas de los pueblos han permanecido abiertas toda la vida, de día y de noche, y todo el mundo respetaba las normas vigentes de urbanidad, de no traspasar el umbral sin tener el permiso expreso de sus moradores.

No fue hasta que los hombres y mujeres del campo tuvieron que emigrar a la gran ciudad, cuando descubrieron que la puerta de casa debía cerrarse a cal y canto, todas las horas del día, para evitar, se supone, la entrada de intrusos e incluso de ladrones que se apropian de lo ajeno.

Antes en los pueblos se consideraba que todo el mundo era bienvenido a casa y todos tenían el derecho a entrar respetando unas normas básicas, tan sencillas como simples. Ahora nos rodemos de porteros automáticos, alarmas y timbres, porque consideramos a todos unos posibles ladrones y nos encerramos en casa para que nadie nos quite las pocas propiedades que hemos conseguido acumular después de una vida de duro trabajo y sacrificio. Total para seguir estando tan solos los que viven en una gran ciudad rodeados de extraños, como los que viven en soledad en algún pueblo perdido de la provincia.

 

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