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SOBRE VIVIR

El Cid cabalga

JOSÉ MARÍA MARTÍNEZ LASECA
12/09/2019

 

SABIDO es que el Cid (señor, en árabe) es una figura destacada en el proceso de Reconquista de la península ibérica. Que existió realmente en el siglo XI, con el nombre de Rodrigo Díaz (Vivar (Burgos), 1048?-Valencia, 1099). Fue el infanzón castellano que llegó a dirigir su propia mesnada de fieles guerreros de forma autónoma, sin depender de ningún rey. Se le apodaba el Campeador por su destreza en las batallas campales.
Y, como mercenario, ofreció sus servicios profesionales al mejor postor, ya fuera este cristiano o moro. Conquistó por su cuenta la ciudad de Valencia en 1094 y la custodió hasta su muerte, reteniéndola después su esposa Jimena hasta 1102, en que volvió al dominio musulmán.
Pero, su otra faceta más difundida es la que construyó, pasados los cien años, la leyenda. La del “buen vasallo si hubiese buen señor”. Del caballero voluntarioso y valiente, defensor de su honra, buen esposo y buen padre de familia. (Elevándolo más tarde a la categoría de héroe nacional. De la Castilla que hizo a España). Siempre los hombres han necesitado de seres superiores en los que confiar. Y la figura del Cid Campeador se vio agigantada para que sirviera de ejemplo. Propagándola. Así, el Cantar de mío Cid sería una suerte de arenga para que las gentes se implicaran en la cruzada contra los invasores. Sabemos que el copista fue un tal Per Abbat, al que Timoteo Riaño ubicaba en Fresno de Caracena. Y su principal estudioso, Ramón Menéndez Pidal, atribuyó su autoría a dos juglares sorianos: el uno de Medinaceli y el otro de San Esteban de Gormaz.
Ahora, el Cid se ha puesto de moda. Por una parte, porque, tras “una vida azarosa”, el códice original del Cantar de mío Cid (s. XIV) se exponía por primera vez al público, a primeros de junio, en la Biblioteca Nacional. Y hasta el escritor Arturo Pérez Reverte se ha metido en su piel para escribir su novela “Sidi”. Y por otra, que también nos toca muy de cerca, porque Amazón Prime está rodando una serie para televisión con el Campeador como protagonista. Una suerte de Juego de tronos. Donde se potencian escenarios paisajísticos y monumentales de nuestra provincia y que cuenta con muchos sorianos como extras. Así, vemos con Manuel Machado que: «Por la terrible estepa castellana, / al destierro, con doce de los suyos / -polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga». Ganando otra batalla, después de muerto.

 

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