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PASABA POR AQUÍ

Cosechando

LUIS MIGUEL LARGO
18/07/2018

 

ANDAN por el pueblo inquietos los agricultores mirando a ver si por fin consiguen cosechar, que ya se les está haciendo demasiado largo, pero el tiempo manda y siguen saliendo las cebadas con humedades tan altas que no merece la pena por el descuento tan grande que aplican en el precio, por lo que es mejor seguir esperando para llevar el grano al almacén, que viene a ser como el momento culmen de todo el proceso de la agricultura tradicional.


Este año todo viene retrasado, unos veinte días calculan los más puntillosos, y molesta bastante ponerse a esperar, mientras se labran barbechos, cuando tienes toda la mies en el campo y las tormentas no dejan de asomar el hocico como olisqueando el miedo de los agricultores para atacarles donde y cuando más les duela.

Los jóvenes son más de mirar el móvil para comprobar si cambia el cierzo por viento sur y se seca todo más rápido para poder meter la segadora, que de ponerse a sacar el santo o la virgen de turno para evitar las temidas tormentas de pedrisco tan asiduas a la zona rayana, compañeras del Moncayo, que por echar se echa en falta hasta las dichosas avionetas que siempre se dejan ver como un pájaro de mal agüero y de las que nunca sabremos más de lo que actualmente nos suponemos.


Las cosechadoras, con sus vivos colores, se van moviendo lentamente, como ballenas ociosas, buscando los bancos de mies más oreados para comenzar a darse su tradicional festín de grano cortado al sol entre el polvo y la paja aventada. No se ve gente en el campo, no se ven sacos de arpillera zurcidos secándose al sol, ni sinfines de colores preparados por las calles para subir el grano a la falsa, no se movilizada el pueblo con la cosecha, donde nadie podía parar hasta que descansaba el grano en el granero.

Ahora casi ni nos damos cuenta cuando los filos de las cosechadoras van devorando el mar de espigas que regurgitan sin parar en grandes camiones y vagones que desaparecen por el horizonte en busca de lugares de almacenaje, lejos del pueblo, que se mantiene ajeno, como viejo que estorbase en las faenas del campo.

 

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