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PASABA POR AQUÍ

Seguimos para bingo

LUIS MIGUEL LARGO
13/07/2018

 

El teleclub era una sala dotada de bancos donde se instalaba una televisión para que las gentes del pueblo pudieran disfrutar de la programación unívoca que por aquel entonces se ofrecía a los españoles. El local no debía estar en el mismo lugar que el bar del pueblo, para que pudieran asistir las mujeres y los niños, que se arremolinaban ante la pantalla en blanco y negro en el horario estipulado por el Alcalde, que era el encargado de abrir y cerrar, a falta de aguacil en quién delegar. Pueblos hubo donde se pregonaba la programación, e incluso algunos curas cerriles aprovecharon el púlpito para criticar este avance del demonio, que era clausurado durante la Semana Santa, guardando luto, no vaya ser que incitara al pecado su programación pacata y ultracatólica.

Muchos de estos locales, abandonados por el paso del tiempo, pasaron a ser lugares de encuentro de vecinos y veraneantes cuando desaparecieron los últimos bares ante la falta de unos mínimos ingresos que permitieran su viabilidad. Algunos ayuntamientos cedieron estos locales, o las antiguas escuelas, a la asociación del pueblo para que tuvieran sede y también para que mantuvieran sus puertas abiertas de cara a dar un mínimo servicio de bar, como lugar de encuentro necesario para jugar a las cartas o tomarse un café o una cerveza con el resto de vecinos.

La asociación Cultural San Roque de Muriel Viejo se enfrenta a una multa de 17.000 euros por no tener dado de alta al socio que atendía la barra; todo gracias a una diligente inspección de trabajo nacida de una denuncia anónima de un supuesto conocido vecino, como manda la tradición cainita soriana. Han comenzado las declaraciones ante el Juzgado Contencioso Administrativo confiando en que el togado tenga dos dedos de frente y alguna vez en su vida se haya tomado unas cervezas en cualquier de los ilegales bares que jalonan la provincia y sepa que de su sentencia penden la gran mayoría de establecimientos asociativos rurales. Por cierto, que en el bingo popular que se hace en todas las fiestas pone cartón gratuito y a mí siempre me cobran, señor Juez.

 

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