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EL MUNDO... RURAL

Puntadas llenas de tradición para vestir a las móndidas

Dolores Sáenz es una gran conocedora de todos los elementos que tienen que lucir las sampedranas en el día grande de San Juan

NURIA FERNÁNDEZ
17/05/2019

 


Es sampedrana de pura cepa y hace gala de ello. Le gusta la vida en los pueblos y, por supuesto, en el suyo, San Pedro Manrique, en el que nació hace 74 años y del que «ha salido poquito», manifiesta Dolores Sáenz Calonge.

Ella es la encargada de la biblioteca del pueblo, pero sobre todo es una fiel conservadora de las tradiciones de San Pedro y concretamente la que está relacionada con las móndidas. Dolores forma parte de ese grupo de vecinas activas que están dispuestos a colaborar por las fiestas. Desde hace años ayuda a vestir a las móndidas para que el día de San Juan luzcan de manera impecable y la imagen de las chicas, con los cestaños en la cabeza, pueda dar la vuelta al mundo.

Puntada tras puntada y ajuste tras ajuste coloca todos los elementos de los traje, «porque las móndidas llevan muchas cosas», aclara la experta. Primero hay que preparar el cestaño con los arbujuelos y después hay que colocar el resto de los adornos de los trajes, desde las enaguas hasta el mantón y también el lazo. Un trabajo que sale de las manos de Dolores y de otras mujeres de San Pedro Manrique que son las que ayudan cada año a las mujeres que se presentan voluntarias para ostentar el cargo durante las fiestas de San Juan. Dolores está encantada con esta tarea y colabora todos los años, a veces la buscan y otras veces ella misma se ofrece si la móndida es de su círculo cercano bien familiar o de vecindad.

«Te enseña la práctica», explica y ella tiene mucha. Aprendió con sus familiares, sus tías y primas han sido móndidas y ella misma también, en las fiestas de 1967. El arte se va perfeccionando y con el tiempo se adquiere la precisión, para que el mantón no esté muy tirante, o que en el momento de subir el cestaño no se le vea la enagua, pequeños detalles que hacen que el desfile de las móndidas sea perfecto. Dolores aprendió este a‘oficio’ como aprendió otros, hacer la matanza o hacer colchones, «mi abuelo decía que nadie es más que nadie y lo que hace una mujer lo puede hacer otra, en casa hemos hecho todos de todo», puntualiza.

Le gustan y disfruta con las fiestas del Paso del Fuego de San Pedro. Apenas recuerda el día del sorteo en el que le tocó ser móndida «y durante las fiestas apenas te das cuenta de lo que supone, después con el paso del tiempo lo valoras mucho más, porque es tu seña de identidad y de que perteneces a un pueblo que tiene sus tradiciones».

Hace 50 años ser o no ser móndida en San Pedro era cuestión de suerte y no cabía elección. A la que le tocaba tenía que asumir el papel durante los días de la fiesta. En el bombo del Ayuntamiento entraban todas las chicas del pueblo entre 18 y 30 años entre las que se elegían a tres y a sus suplentes. «Esto que ha pasado este año no había pasado nunca», dice Dolores, en referencia a la celebración del pasado tres de mayo, del acto del día de la Cruz de Mayo en San Pedro, en el que no hubo voluntarias suficientes y faltaron dos móndidas. «No sé lo que va a pasar», se lamenta esta sampedrana y exmóndida, quien no entiende la falta de interés o voluntad por mantener una tradición en pueblo, «ahora que se valora tanto lo tradicional y la vuelta a las raíces», puntualiza.

Dolores reconoce que le gusta la vida en el pueblo, «me gusta mucho andar por el monte y también me encanta leer». En esto último tiene suerte porque está al frente de la biblioteca local. La novela de Fernando J. Muñez, La cocinera de Castamar, es uno de los últimos títulos preferidos, aunque confiesa que se ha enganchado a la saga de las Siete hermanas.

Lleva toda la vida en San Pedro Manrique y asegura que «no es difícil vivir en un pueblo porque las condiciones de vida han mejorado mucho, sobre todo en lo que se refiere a la vivienda». Sí considera que se han perdido servicios, pero no entiende por qué se menosprecia la vida rural que ella encuentra «preciosa y ahora se puede disfrutar de ocio fácilmente, « te puedes ir a Soria o coger el coche e ir a un musical a Madrid», concluye.

 

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